La familia no cree que hayan asesinado a Neruda
Sin embargo, para su sobrino nieto eso es una mentira.
Entre la presunción y la mentira, ubicó Bernardo Reyes, sobrino nieto del poeta chileno Pablo Neruda, la versión de un ex chofer del Premio Nobel de Literatura, quien en entrevistas recientes aseguró que el poeta fue asesinado en los primeros días del gobierno golpista del general Augusto Pinochet. Manuel Araya, el chofer en cuestión, dijo en una entrevista aparecida el 8 de mayo en la revista mexicana Proceso, que Pablo Neruda murió por una inyección que le habrían colocado en la clínica donde estaba internado, y que el mismo poeta alertó sobre esta inyección en una llamada telefónica a su mujer, Matilde Urrutia. La misma versión la repetiría en días posteriores, entrevistado por agencias noticiosas, diarios y programas radiales: “Lo único que quiero antes de morir es que el mundo sepa la verdad, que Pablo Neruda fue asesinado”, Llama la atención que Araya aparezca hablando a 38 años de aquel 23 de setiembre de 1973, cuando el gran poeta chileno fallecía en la clínica Santa María, y que tal posibilidad -el crimen- no haya sido siquiera motivo de sospecha entre su familia, biógrafos y amigos. De un modo u otro, la especie se inscribe dentro del marco conspirativo del pinochetismo, que en mucho asemeja un film de espionaje, con numerosos opositores asesinados en atentados dentro y fuera de Chile, y el empleo de químicos y biólogos trabajando para el servicio secreto y experimentando con gases mortales y venenos Entrevistado por Télam, el escritor y sobrino nieto de Neruda, Bernardo Reyes, responde tajante: “Se trata una simple presunción, basada en una observación errada o directamente de una mentira”. Agrega que la salud de Neruda, aquejado por un cáncer de próstata, estaba muy resquebrajada, “deliraba y los 2 ó 3 días últimos estuvo inconsciente” La muerte del presidente Salvador Allende y las torturas a los detenidos en el Estadio Nacional -entre ellos al cantautor Víctor Jara-, agravaron más la salud del poeta: “No hay que olvidarse que La Chascona (su casa de Santiago) y La Sebastiana (su casa de Valparaíso), habían sido saqueadas y destruidas, y habían allanado Isla Negra”. Araya habla de una llamada telefónica el mismo 23 de setiembre, realizada por Neruda para comunicarle a su mujer, Matilde Urrutia que le habían colocado una inyección mientras dormía. Bernardo Reyes, autor de los ensayos biográficos sobre el Nobel, “Álbum de Temuco” y “Viaje a la poesía de Pablo Neruda”, sostiene que el poeta estuvo todo ese tiempo acompañado de su hermana Laura, Matilde Urrutia y la escritora Teresa Hamel, por lo cual desestima tal versión y acusa a Araya de oportunismo. “Conocí ese relato por voz de Matilde, existió esa llamada telefónica a Isla Negra. El poeta que deliraba, terminó diciendo ‘no puedo hablar más’; era como si por su cuerpo maltrecho se manifestara todo el dolor de la masacre. Matilde, haciendo lo imposible por simular, le hablaba de otra cosa, sus perros, las inmensas olas de Isla Negra, las plantas oceánicas”. “Luego cayó en un estado febril, y una inconsciencia de la que jamás volvió a despertar. Esto sucedió si mal no recuerdo el 20 de septiembre. Tres días después murió. Luego de su muerte, mi tía Laura, que estuvo en todo momento con el, se vino a vivir con nosotros a Temuco. Me repitió cientos de veces el mismo relato”. Reyes no tiene duda: “Esta inyección mortífera y letal, solo la vio el señor Araya, y ninguno de los demás protagonistas de la historia, y que nunca se apartaron del lado del poeta”. Al interrogante de por qué Araya dejó pasar tantos años para develar lo que llama su secreto, Reyes dice: “Es la pregunta del millón. Su explicación es torpe y ambigua. Que en todos este tiempo, tanto la prensa como los organismos de derechos humanos, los tribunales y mi familia entera, se negaron a escucharlo; una teoría conspirativa gigantesca”. Y a las palabras de Araya, en sentido de que Matilde Urrutia estuvo al tanto del asesinato y prefirió callar para no perder sus bienes, Reyes responde que la mujer del poeta “era de armas tomar”, y agrega: “En los actos de resistencia del pueblo de Chile, convocados con el pretexto de recordar la muerte de Neruda, los altos oficiales pedían instrucciones directo a La Moneda, porque jamás pudieron doblegarla”. “Era una mujer tan tremendamente aguerrida, que casi no tenía conciencia de cual era el límite de su fuero como esposa del poeta. Y por eso mismo es que gran parte de las relaciones exteriores del país se realizaban por Matilde y por Tencha de Allende”. Respalda Reyes sus conceptos sobre Araya, recurriendo a otras personalidades cercanas a Neruda como una ex directora de casa museo de Isla Negra, María Eugenia Zamudio: “Sí, en una entrevista concedida a un diario, ella se refirió a Araya como un mitómano; un hombre con avidez por cierta notoriedad periodística”. Reyes dice sentirse “dolido”, además, por las declaraciones del diputado Guillermo Teillier, cabeza del partido comunista chileno (PC), quien a partir de las declaraciones de Araya dijo que emprendería acciones legales tendientes a dilucidar el caso, y tras tildarlo de “oportunista”, lamenta que el dirigente político no se hubiera acerco a la familia del poeta “acerca de los antecedentes al respecto”. Concluye Reyes afirmando que, en caso de que el PC pidiera la exhumación del cuerpo del poeta, la familia va a rechazar este recurso. (Télam)
Entre la presunción y la mentira, ubicó Bernardo Reyes, sobrino nieto del poeta chileno Pablo Neruda, la versión de un ex chofer del Premio Nobel de Literatura, quien en entrevistas recientes aseguró que el poeta fue asesinado en los primeros días del gobierno golpista del general Augusto Pinochet. Manuel Araya, el chofer en cuestión, dijo en una entrevista aparecida el 8 de mayo en la revista mexicana Proceso, que Pablo Neruda murió por una inyección que le habrían colocado en la clínica donde estaba internado, y que el mismo poeta alertó sobre esta inyección en una llamada telefónica a su mujer, Matilde Urrutia. La misma versión la repetiría en días posteriores, entrevistado por agencias noticiosas, diarios y programas radiales: “Lo único que quiero antes de morir es que el mundo sepa la verdad, que Pablo Neruda fue asesinado”, Llama la atención que Araya aparezca hablando a 38 años de aquel 23 de setiembre de 1973, cuando el gran poeta chileno fallecía en la clínica Santa María, y que tal posibilidad -el crimen- no haya sido siquiera motivo de sospecha entre su familia, biógrafos y amigos. De un modo u otro, la especie se inscribe dentro del marco conspirativo del pinochetismo, que en mucho asemeja un film de espionaje, con numerosos opositores asesinados en atentados dentro y fuera de Chile, y el empleo de químicos y biólogos trabajando para el servicio secreto y experimentando con gases mortales y venenos Entrevistado por Télam, el escritor y sobrino nieto de Neruda, Bernardo Reyes, responde tajante: “Se trata una simple presunción, basada en una observación errada o directamente de una mentira”. Agrega que la salud de Neruda, aquejado por un cáncer de próstata, estaba muy resquebrajada, “deliraba y los 2 ó 3 días últimos estuvo inconsciente” La muerte del presidente Salvador Allende y las torturas a los detenidos en el Estadio Nacional -entre ellos al cantautor Víctor Jara-, agravaron más la salud del poeta: “No hay que olvidarse que La Chascona (su casa de Santiago) y La Sebastiana (su casa de Valparaíso), habían sido saqueadas y destruidas, y habían allanado Isla Negra”. Araya habla de una llamada telefónica el mismo 23 de setiembre, realizada por Neruda para comunicarle a su mujer, Matilde Urrutia que le habían colocado una inyección mientras dormía. Bernardo Reyes, autor de los ensayos biográficos sobre el Nobel, “Álbum de Temuco” y “Viaje a la poesía de Pablo Neruda”, sostiene que el poeta estuvo todo ese tiempo acompañado de su hermana Laura, Matilde Urrutia y la escritora Teresa Hamel, por lo cual desestima tal versión y acusa a Araya de oportunismo. “Conocí ese relato por voz de Matilde, existió esa llamada telefónica a Isla Negra. El poeta que deliraba, terminó diciendo ‘no puedo hablar más’; era como si por su cuerpo maltrecho se manifestara todo el dolor de la masacre. Matilde, haciendo lo imposible por simular, le hablaba de otra cosa, sus perros, las inmensas olas de Isla Negra, las plantas oceánicas”. “Luego cayó en un estado febril, y una inconsciencia de la que jamás volvió a despertar. Esto sucedió si mal no recuerdo el 20 de septiembre. Tres días después murió. Luego de su muerte, mi tía Laura, que estuvo en todo momento con el, se vino a vivir con nosotros a Temuco. Me repitió cientos de veces el mismo relato”. Reyes no tiene duda: “Esta inyección mortífera y letal, solo la vio el señor Araya, y ninguno de los demás protagonistas de la historia, y que nunca se apartaron del lado del poeta”. Al interrogante de por qué Araya dejó pasar tantos años para develar lo que llama su secreto, Reyes dice: “Es la pregunta del millón. Su explicación es torpe y ambigua. Que en todos este tiempo, tanto la prensa como los organismos de derechos humanos, los tribunales y mi familia entera, se negaron a escucharlo; una teoría conspirativa gigantesca”. Y a las palabras de Araya, en sentido de que Matilde Urrutia estuvo al tanto del asesinato y prefirió callar para no perder sus bienes, Reyes responde que la mujer del poeta “era de armas tomar”, y agrega: “En los actos de resistencia del pueblo de Chile, convocados con el pretexto de recordar la muerte de Neruda, los altos oficiales pedían instrucciones directo a La Moneda, porque jamás pudieron doblegarla”. “Era una mujer tan tremendamente aguerrida, que casi no tenía conciencia de cual era el límite de su fuero como esposa del poeta. Y por eso mismo es que gran parte de las relaciones exteriores del país se realizaban por Matilde y por Tencha de Allende”. Respalda Reyes sus conceptos sobre Araya, recurriendo a otras personalidades cercanas a Neruda como una ex directora de casa museo de Isla Negra, María Eugenia Zamudio: “Sí, en una entrevista concedida a un diario, ella se refirió a Araya como un mitómano; un hombre con avidez por cierta notoriedad periodística”. Reyes dice sentirse “dolido”, además, por las declaraciones del diputado Guillermo Teillier, cabeza del partido comunista chileno (PC), quien a partir de las declaraciones de Araya dijo que emprendería acciones legales tendientes a dilucidar el caso, y tras tildarlo de “oportunista”, lamenta que el dirigente político no se hubiera acerco a la familia del poeta “acerca de los antecedentes al respecto”. Concluye Reyes afirmando que, en caso de que el PC pidiera la exhumación del cuerpo del poeta, la familia va a rechazar este recurso. (Télam)
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