La familia Pérez Novella-Caviglia, pioneros
La foto del lector
Quiero celebrar el aniversario 113º de la capitalidad neuquina a través de la narración del asentamiento de familias que tempranamente llegaron a estas tierras.
El 12 de septiembre de 1904 se inauguró la capital en la Confluencia de los ríos Limay y Neuquén. Atrás quedaba un Chos Malal nostálgico cuyos pobladores vieron partir la caravana de bueyes con la mudanza: de aquella vieja capital territoriana a estas tierras tardaron 14 días.
Las terribles ráfagas de viento neuquino que se sentían a comienzos del siglo XX y que golpeando las puertas impedían que se abrieran no fueron motivo para que inmigrantes de distintas nacionalidades se instalaran en estas tierras. La hija de don Ángel Pérez Novella y Matilde Caviglia desenreda la historia de uno de sus primeros pobladores.
Ángel Pérez era socio de Pedro Linares. Recién llegado a la Argentina, trabajó en la localidad de Ingeniero White hasta que llegó a Neuquén. Don Ángel, ya instalado en la ciudad recién fundada, tenía un almacén de ramos generales en la esquina de la Avenida Argentina y San Martín (observemos el paisaje en el que estaba emplazado el almacén, hoy comercio de pizzas).
El almacén de ramos generales de don Ángel Pérez Novella era muy grande, ocupaba un cuarto de manzana. Tenía un corralón inmenso con un carro y caballos. Era almacén, tenía fiambrería y golosinas y además era zapatería y tienda. Era un “híper” de principios de siglo. Había también lencería, lanas inglesas, mercería, vinos espumantes, sidra, champagne, de todo. Como no había heladera, en un gran sótano se ponía todo lo que requería ambiente fresco.
Por esas cosas de la vida, en uno de sus viajes de negocios a Buenos Aires conoció, en casa de amigos comunes, a la que luego sería su esposa.
Su hija Beatriz, Tota, nació el 19 de octubre de 1925. Su papá había llegado a Neuquén en 1906 y su mamá en el año 20 luego del casamiento. Bajaron del tren en la estación que hacía cruz con el negocio de su papá. Vinieron con sus hijos Hernán, Elio (Pocho) y Beatriz. Aquí nació la más chica, Olga, a quien todos conocen como Chacha.
Tota se casó en 1950 con Guillermo Natalio Burlando, quien vino a Neuquén porque su tío, el coronel Bartolomé Peri, había sido designado gobernador de la provincia. Tota tiene cuatro hijos bien neuquinos: Liliana, Guillermo, María Matilde y Ricardo, que la han hecho abuela y bisabuela. Chacha, la hermana menor, se casó en el 53 con Hernán García, también neuquino, con el que tuvo dos hijas, María Teresa y Silvia Inés, que les dieron nietos y bisnietos.
Cuando terminó sexto grado, como aquí no había escuela secundaria, Tota tuvo que esperar hasta que se fundara un colegio. Eso ocurrió en 1943: egresada de la primera promoción, es alumna fundadora de la Escuela San Martín, “con medalla de oro”, relata con sus jóvenes años. En 1945, cuando estaba en tercer año, la nombraron preceptora, junto con Alberto Pesce y Sara Santamaría, por ser los mejores alumnos.
En 1950 la nombraron tesorera y en 1955 secretaria, hasta que se jubiló en 1983. También tenía diez horas de cátedra, daba lo que podía dar como Perito Mercantil: mecanografía, caligrafía, taquigrafía y organización del comercio.
Trazos de historia neuquina para celebrar la capitalidad, para vislumbrar aquel Neuquén de calles de tierra y compararlo con esta gran urbe que hoy es fruto del trabajo de sus habitantes.
Beatriz Carolina Chávez
DNI 6.251.256
Beatriz Carolina Chávez
DNI 6.251.256