La gauchesca II

Columna semanal

Por Redacción

PALIMPSESTOS

Los precursores, los fundadores de un género tienen el privilegio de quedar en la historia, aunque a veces quedan sólo por el gesto, por la pincelada inicial muchas veces timorata de un croquis que otros completarán, quedan por sentar las bases de un edificio que en el fondo no van a ver. Es el caso de Bartolomé Hidalgo (Montevideo, 1788-Morón, 1822) el iniciador de ese género que mucho tiempo después se llamará “literatura gauchesca”.

Hidalgo es el primer albañil de la construcción del género. Treinta y cuatro años le bastaron en ambas orillas del Plata para hacer germinar un nuevo tipo de poesía. En esos años, el autor participó activamente de la vida política de las Provincias Unidas. Muchas de sus composiciones son celebratorias de batallas ganadas por los criollos a los españoles: “Pero ¡bien ayga los indios!/ Ni por el diablo aflojaron,/ mueran todos los gallegos,/ viva la Patria, gritaron”. Otras composiciones buscaban la entretención de la tropa, y como los integrantes de los ejércitos eran casi todos gauchos, debía hacerlo en un lenguaje directo y claro, acorde para su difusión.

La base de los poemas de Hidalgo son los “Cielitos”, un tipo de poesía tradicional, que se bailaba y cantaba mucho antes de la independencia, generalmente de tema amoroso. El nombre le viene por el estribillo: “Cielo, cielito, cielo”. Son las guerras por la independencia las que vuelven militante al Cielito, ahí, está la mano y la inspiración de Hidalgo de poner esos versos en la voz de los gauchos.

Encontrar las modulaciones de una voz, encontrar el tono de cómo decirlo es la gran contribución del escritor oriental. Y eso lo logra plenamente en sus “Diálogos patrióticos”, los que escribió en los dos años finales de su vida. Sus protagonistas son Jacinto Chano, capataz de una estancia y Ramón Contreras, un gaucho de la Guardia del Monte. Los amigos reflexionan en tres composiciones sobre un tema central para Hidalgo: la unión americana y la libertad. Aquí ya estamos plenamente en el territorio la poesía gauchesca, tal como la entenderemos después. Así se ve en este pasaje, Contreras le pide a Chano que le dé noticias sobre la situación actual: “Usté que es hombre escrebido/ por su madre digaló,/ que aunque yo compongo Cielos/ y soy medio, payador, /a usté le rindo las armas/ porque sabe más que yo”. Ya está el tono, la voz, el lenguaje. Esa es la semilla que dará sus frutos en “El Martín Fierro”.

También están en los diálogos el tema de la injusticia social, cuya víctima es el gaucho, la valentía ante la muerte, el culto a la amistad y la palabra, el canto, la importancia del caballo, las tareas del campo, el mate, el asado, en suma, la cultura gauchesca tal como la conocemos. Todos estos elementos pasarán como testigos a otros autores. Sí, se diferencia Hidalgo de los demás en el tratamiento que hace del indio; en algunos versos considera indios a los soldados patriotas, otras veces señala la explotación y el exterminio que hicieron los españoles con los aborígenes. No hay una visión negativa del indio, no es la barbarie, ni el salvaje vengativo y cruel, que aparecerá luego en otros cultores del género.

Hidalgo no supo nunca que había fundado el género gauchesco, en sus breves años de un tiempo convulsionado y epiléptico, encontró, gracias a su talento, un personaje, una voz y un tono que serán propios y singulares de la literatura argentina.

Néstor Tkaczek

ntkaczek@hotmail.com


Exit mobile version