La gran red



En ocasiones, la administración pública se comporta como una red que unos tejen y otros destejen, de suerte tal que nunca acaba por cumplir su cometido.

Hay laboriosos que se pinchan dedos sin dedal, por la paga y porque aman lo que hacen. Otros son diestros con la aguja, pero se ocupan cuando el jefe les mira.

Los hay que quieren tejer y no pueden o no los dejan, y disimulan que hacen lo que no hacen. Y hay vivillos que roban hilos y agujas, sin dar puntada. Puestos todos bajo el mismo techo, sólo puede haber confusión.

Por distintos motivos, varias escuelas de San Martín no iniciaron clases o lo hicieron en cruda precariedad. Obras sin terminar o mal terminadas, cargos sin cubrir, enseres sin disponer…

Se suceden entonces discursos malquistados entre municipio y provincia, por mantenimientos que no se hacen o recursos que no llegan.

No pocos endilgan a las autoridades desdén por la educación pública, y hasta perversidad. Quizá sea así, por acción u omisión, pero vale la pena echar una mirada a las inercias de lo que se ha dado en llamar “sistema” (la gran red).

El “sistema” son personas con funciones y responsabilidades según una trama de relaciones y una estructura; ordenadas por reglamentos y leyes, y coordinadas por jefes que reciben memos de otros jefes, que a su vez responden al dictado de otros jefes que cambian cada cuatro años.

Cada componente del “sistema” debe cumplir un cometido, con deseable grado de ejecutividad y plasticidad. Pero muchos incumplen por ignorancia, confusión, desidia o puro ñoquismo, o acometen la labor con tal celo por la letra, que se convierten en burócratas embriagados de rigidez.

Y todos ellos no están necesariamente en las alturas de la pirámide, sino en cualquiera de sus estratos. Veamos un par de ejemplos.

• Noviembre de 2002. Tras varios meses de gestiones, la EPET 12 logra confirmar una partida de materiales de electricidad para iniciar las clases con tornos en funcionamiento. Los directivos sugieren el envío cuanto antes, para encarar la tarea durante el receso 2003.

Responsables del CPE aseguran que los implementos estarán allí el 1 de febrero. El 28 de febrero no había noticias. Tras un mes de llamadas, un profesor de la EPET va a Neuquén por precisiones, y los funcionarios le dicen que todo estaba enviado a San Martín. Por curiosidad acude a los depósitos de Educación y, tras husmear, halla el pedido debidamente estibado pero a nombre de otro colegio.

• Escuela Especial 8. Después de mucho penar, logró que el Consejo de Educación autorizara la ampliación de las instalaciones en 2002. Fueron pensadas para 80 alumnos y hoy albergan a 136.

La obra comenzó este mes (¿por qué no durante las vacaciones?), pero el caso es que poco y nada tenía que ver con las necesidades detalladas por la dirección. Recuérdese que es escuela para niños con discapacidades motrices y mentales, que demandan trato diferenciado. Eran, al decir de los docentes, “medio aulas”.

Hubo que reconvertir el proyecto sobre la marcha y luego de intensas gestiones para convencer a las autoridades. De lo contrario, hoy se estaría construyendo tal cual el dibujo inicial, para servir de poco y nada.

Más allá de políticas opinables, estos episodios escogidos entre muchos revelan carencias de gestión. Entre “enchufes” y “medio aulas” repetidos aquí y allá, cabe preguntarse cuánto dinero pierde el contribuyente, cuánto ahorro se podría volcar a otras obras, y cuántos disgustos terminan en úlceras que acaso ha de pagar el Instituto de Seguridad Social del Neuquén.

Fernando Bravo

rionegro@smandes.com.ar


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