“La Iglesia Católica está bajo

Con dilatada y rigurosa experiencia en la exploración de la historia argentina, Zanatta publicó recientemente “Historia de América Latina”, donde reflexiona sobre la pérdida de gravitación de la Iglesia Católica de cara al avance de la secularización.

Por Redacción

Ha investigado con intensidad la historia y la gravitación de la Iglesia Católica en América Latina. Ahora, en su último libro, vuelve sobre el tema en un marco en el que advierte sobre las transformaciones que se están dando en materia religiosa en el continente. ¿Se repliega la Iglesia Católica?

— No sé si debemos reflexionar el tema en términos de repliegue, sí en términos de que la Iglesia Católica ya no tiene una centralidad excluyente en materia de adhesión. Sigue siendo un espacio muy importante en cuanto a la masividad de su instalación en la identidad religiosa del continente, pero es cada vez más evidente que ya no goza de lo que yo en mi libro defino como “unanimidad religiosa” terminante que tuvo desde la colonia hasta hace muy pocas décadas. Ha avanzado y sigue avanzando el pluralismo religioso a lo largo y ancho de América Latina. En otros términos, su monopolio se ha deteriorado. Han surgido otros credos, hay nuevas formas y estilos de relacionarse con las creencias…

— ¿En qué tiempo fija usted el inicio de esta mudanza?

— Digamos, sin que esto implique establecer un corte tajante, que desde hace tres décadas. De todas maneras, me parece que es necesaria una aclaración: no hay atenuación del espíritu religioso en el continente. No debe interpretarse que la pérdida de gravitación de la Iglesia Católica expresa creciente ausencia de religiosidad, abandono de la religiosidad. Expresa, sí, lo que señalé: surgimiento de pluralidad y la exigencia, para los católicos, de convivir con otros credos.

— Pero en su libro usted habla de “existencia de una demanda espiritual insatisfecha”…

— …que no es contradictorio con lo que le vengo señalando. Sucede que hay que preguntarse el porqué de la transformación en marcha. Y la evidencia de lo que sucede nos da la respuesta: hay cierto déficit de respuestas confesionales por parte de la Iglesia Católica que, en lo concreto, conlleva a mucha gente a otras búsquedas, adhesiones…

— De su libro se infiere que usted no relaciona este proceso con el crecimiento demográfico. ¿Es acertada esta inferencia?

— No, no. Sin duda, el crecimiento demográfico incide en tanto implica mayor cantidad de gente que se interroga —por así decir— sobre sus creencias, su instancia confesional. Es más: toda investigación sobre este aspecto reconoce que lo que definimos como demanda insatisfecha se localiza fundamentalmente en los sectores más amplios de la estructura social del continente: en los sectores populares, que incluyen pobreza, marginación. Y también se da en los espacios rurales. Es decir, en espacios cuyo número crece y crece… Pero me parece que vale aquí advertir que no podemos perder de vista otra cuestión que hace a toda esta transformación del panorama religioso de América Latina: la libertad como valor se extiende y extiende, afinca cada vez en términos más sólidos en la gente, en conjunto de los estamentos sociales…

— ¿Debe inferirse que la expansión de la democracia, aun con los déficits que adolece, arrincona a la Iglesia Católica?

— Avanza la secularización, eso es lo que está sucediendo. La democracia como sistema, aun en los déficits que tiene, renovó vivencias, aspiraciones, requerimientos que en su conjunto hacen a vivir, expresarse en libertad… de ahí la secularización. En mi libro señalo que este proceso de creciente secularización propicia nuevas miradas sobre lo confesional y, fundamentalmente, alienta a mucha gente a asumir sus vidas sin relacionarla con preceptos religiosos… ateos, agnósticos. Es un proceso que se da fundamentalmente en los estratos medios y se sitúa en el espacio urbano. Mientras que los sectores más amplios y rurales siguen más afincados en la religiosidad. Además, el avance de la secularización conlleva la vigencia de los propios derechos, de la libertad individual, a pensar o no en la esfera religiosa ajeno a presiones de dogmas…

— Ante el avance de la secularización, ¿sobrevivirá la Iglesia Católica, tan forjada en dogmas pétreos y una jerarquización de valores y ejercicio de poder tan excluyentes para con lo distinto?

— Bueno, no lo podemos saber. El prestigio de la Iglesia Católica está deteriorado por razones que no hacen al credo en sí mismo, sino a la propia pereza de la jerarquía católica en el manejo de su poder, de su relación con la sociedad. Hay un proceso de agotamiento de su representatividad. Hoy, su máxima jerarquía, el Vaticano concretamente, expresa luchas palaciegas por el poder que, como señalé recientemente, se tramitan en términos muy italianos: traiciones, espías, filtraciones de información, etcétera. Además, está visto que el mantenimiento sin objeción, sin la más mínima reflexión crítica, del conjunto de dogmas milenarios que sustenta y defiende esa jerarquía, bueno… como mínimo aleja a mucha gente. No digo nada nuevo al afirmar que cada vez es más minoritaria la sociedad que vive en relación a los dogmas de naturaleza moral, sexual, que baja la Iglesia Católica.

— ¿Qué alcance tiene (lo he leído en algunas declaraciones suyas) el concepto de “irrelevancia pública” en que parece estar incursa la Iglesia Católica?

— Hay que relacionarlo, en tanto proceso, con lo que sucede a su alrededor. O sea, en el marco de la creciente secularización que se da en las sociedades, una Iglesia que va perdiendo prestigio, que tiene bajo opinión sus preceptos y sus cualidades morales, es una Iglesia que tiene su futuro bajo reto. Puede llegar a sobrevivir de decadencia en decadencia hasta un punto que… no sé…

— Hay que dejar hablar a los tiempos por venir…

— Hay que dejarlos hablar…

CARLOS TORRENGO

carlostorrengo@hotmail.com

entrevista: A Loris Zanatta, historiador italiano