La intolerancia religiosa contagia a Nueva Delhi
En su reciente visita oficial a la India, el presidente norteamericano Barack Obama hizo -el 27 de enero pasado- un llamado clave que, no obstante, al menos para muchos pasó inadvertido.
COLUMNISTAS
Uno que tuvo que ver con la necesidad de respetar la libertad religiosa, que supone naturalmente la necesidad de que todos estén dispuestos a tolerar las demás religiones.
Sin discriminar ni agredir. Llamado que ciertamente no fue casual, para nada. Porque expresó una seria preocupación que es compartida con la Iglesia Católica, que está denunciando abiertamente lo que sucede. Porque, en la democracia más poblada del mundo, parecería que la intolerancia religiosa está creciendo, lo que genera preocupación en propios y ajenos.
En efecto, en la propia ciudad de Nueva Delhi y sus alrededores se han incendiado cinco iglesias católicas en las últimas semanas. Y producido toda suerte de vandalismos, robos, apedreos e incendios con querosén en algunos otros templos, siempre católicos.
Con propósitos que lucen como de naturaleza intimidatoria. Que son, además, una repudiable expresión de resentimientos y odios atávicos. Y que no son accidentales, sino obviamente ataques planificados y deliberados.
Lo sucedido es parte de una vergonzosa ola. Como si, de pronto, se hubiera lanzado una campaña orquestada contra los católicos, desde la oscuridad. Lo que no sorprende demasiado, porque el ahora partido oficial, el Bharatiya Janata, tiene en su seno a algunos notorios grupos de extrema derecha, caracterizados por una peligrosa cuota de encendido nacionalismo. Ellos son fuertemente intolerantes.
Hasta ahora las autoridades locales no han tomado lo que sucede en serio. Para nada. Han preferido -y elegido- ignorar las agresiones. Lo que es sumamente riesgoso, naturalmente.
El propio Modi no ha dicho absolutamente nada aún sobre esta delicada cuestión. Pese al preocupado y oportuno llamado del presidente Barack Obama, que obviamente tiene su clara razón de ser. Al que nos sumamos desde estas lejanas latitudes, compartiendo la preocupación del mandatario del país del norte.
(*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
Emilio J. Cárdenas (*)