La lucha para sacar el agua de sus casas

Los testimonios de Juan, Américo e Irene, afectados por la tormenta que azotó Bariloche.



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El paisaje del sábado era desolador en los barrios del sur. Fotos: Alfredo Leiva.

TEMPORAL

Juan Soto y Américo Argentino González casi no durmieron en la madrugada de ayer. El intenso temporal de lluvia que comenzó el viernes se ensañó con algunos sectores de esta ciudad y ambos vecinos tuvieron que luchar varias horas para tratar de sacar el agua que había ingresado a sus casas, en el barrio Nahuel Hue.

Irene tuvo más de suerte. El agua alcanzó a rozar la puerta de su casa, que está contigua a la de Soto. Las precipitaciones abundantes anegaron la zona de las calles Gobernador Vernet y Nuestras Malvinas y el agua avanzó sobre varias viviendas. La misma situación se vivió en otros puntos de Nahuel Hue donde viven más de 7000 personas y en los barrios Nuestras Malvinas, El Maitén, El Frutillar, Abedules, entre otros sectores.

Américo asegura que el agua entró en su casa el viernes a las 18. Por más esfuerzo que hizo con su esposa, no pudo impedir que ganara las habitaciones. Trataron de poner a salvo sus cosas, pero alcanzaron a evitar que se mojaron los colchones, la heladera y el lavarropas.

“Como quince centímetros de agua tenía en la casa”, indicó Américo en una de las paredes. Su esposa se fue a otra vivienda la noche del viernes. El hombre se quedó hasta las 5 de ayer sacando agua de su vivienda con sus hijos que vinieron a ayudarlo. A esa hora, el temporal había calmado. Pero se reanudó a primera hora de la mañana.

“Es peor la lluvia que la nieve y este invierno ha llovido más”, aseguró. Explicó que intentó hacer una defensa para evitar que el agua de la calla avanzara hacia su casa. El invierno pasado dio resultado. Ahora, no.

Américo se lamenta por una vecina que vive con dos nenes pequeños. La casilla está a pocos metros y el agua no la perdonó. La mujer fue evacuada la noche del viernes hacia la casa de familiares.

Juan vive solo en su vivienda de madera. También pasó la madruga sacando el agua que había entrado a su casa. El patio está inundado.

Sus perros son su única compañía. Afirmó que la lluvia fue muy intensa desde la tarde del viernes. Casi no les dio tregua. A sus 61 años vive de los trabajos ocasionales de albañilería. Pero este invierno tan lluvioso complica el avance de las obras.

Irene ayer al mediodía estaba más tranquila. Un camión de la municipalidad descargó ripio en el acceso a su lote, para que una máquina lo disperse después sobre la calle para contener el agua. Los vecinos sostienen que sólo observaron personal del SPLIF y algunos empleados de Defensa CIvil.

DeBariloche


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