La mejor aventura
Un paseo por el golfo San Matías nos lleva a disfrutar de la asombrosa fauna marina. Delfines, pingüinos, lobos marinos y ballenas, en una crónica en primera persona.
La brisa del mar me pega en la cara, trayendo esas fragancias que se empiezan a extrañar a medida que se acerca el verano. Fundirme en esa mezcla de arena y sal podría ser toda la experiencia, porque meterse adentro del paisaje a bordo de una embarcación ya es todo un plan. Pero esto recién empieza, porque esa naturaleza que comenzó a rodearme tiene mucho para mostrar. Por ahora, es momento de soltar los sentidos, para que los sonidos, los olores y la cercanía del agua se adueñen de mis pensamientos, hasta que no importe nada más.
Se nota que mis compañeros de excursión sienten lo mismo, porque se los ve abstraídos, dejando que el vientito los despeine.
Somos 10, y abordamos el semirrígido en el Mirador Norte del Puerto, desde el que parten las 4 empresas que esta temporada se dedican a ofrecer los paseos de avistaje embarcado. ¿Para avistar qué? De todo, porque afortunadamente el golfo San Matías es generoso en el despliegue de fauna marina.
Podremos ver delfines, lobos marinos, pingüinos, y, todavía, algunas de las ballenas francas que comienzan a llegar a principios de agosto, y suelen quedarse hasta bien entrada la primavera. Después, su presencia comienza a discontinuarse, pero las que permanecen visibles son el resto de las especies. Por eso la temporada de avistaje se extiende oficialmente hasta el 31 de este mes. Luego de esa fecha los viajes seguirán realizándose, pero centrando la experiencia en el disfrute de los personajes estables del Golfo.
A poco de andar, la estela de espuma que deja la nave comienza a mostrar una efervescencia distinta. Las burbujas suben y estallan dejando ver la figura de un delfín, que da un gran salto, como si se presentara ante nosotros. El asombro se adueña de todos y las cámaras comienzan a disparar sus flashes, para fijar esa postal que una vez en tierra se compartirá mil veces.
El delfincito no está solo, y la aparición de sus acompañantes genera la misma reacción. Por un largo rato, el simpático grupo acompañará la travesía.
La emoción mayor
Ahora que los delfines rompieron el hielo, todos esperamos una emoción mayor. Queremos ver ballenas, y el capitán alienta nuestras ganas, porque nos cuenta que en estos días fueron muchas las que pudieron avistarse.
Parece que las hubiera llamado con el pensamiento, porque ni bien termina su frase a lo lejos se divisa una enorme silueta. Enseguida emerge la inconfundible imagen, y la inmensa cola recorta en dos el horizonte, creando la imagen que todos esperábamos retratar. A ellas su sumarán otros cetáceos, que al finalizar el viaje harán que la valoración de la aventura sea de lo mejor. (Agencia San Antonio)
Vanesa Miyar
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