La mortífera ruta del Este europeo
Envuelto en un saco de dormir en el bosque, un niño sirio lanza una sonrisa a una activista polaca que le acerca un peluche. Ella se inclina hacia su madre, le toma la mano: “¿Va todo bien?”.
Esta familia de cuatro personas lleva una semana en los fríos y húmedos bosques que se extienden entre Bielorrusia y Polonia, junto a otros miles de migrantes que tratan de llegar a la Unión Europea desde el verano boreal. Se embarcaron en el viaje para encontrar un tratamiento a la parálisis cerebral de su hijo, pero quedaron atrapados en la frondosa frontera.
“Ellos (los soldados bielorrusos) nos dijeron que teníamos que escoger entre la muerte o Polonia”, dice la madre de 25 años, Ala Massini, cerca del pueblo polaco de Kleszczele. “Fuimos a la frontera polaca para buscar ayuda al ejército y pedimos cruzar porque los niños estaban hambrientos, enfermos y fríos, pero nos dijeron que volviéramos a Siria”, cuenta.
Entre la espada y la pared, los Massinis contactaron con la red de activistas polacos Grupa Granica (Grupo de Frontera), cuyos datos han estado circulando entre migrantes.
Los voluntarios llegaron a su geolocalización con ropas secas y comida. También les ofrecen asistencia legal y les alertan cuando vienen los guardias.
A pesar de los duros postulados migratorios del gobierno polaco, la crisis ha generado una respuesta humanitaria colectiva en la comunidad, con trabajadores de oenegés, doctores, políticos y ciudadanos buscando formas de ayudar.
Se estima que hay cientos de migrantes en el lado polaco y miles en el bielorruso, muchos de ellos enviados repetidamente de ida y vuelta como si fueran “pelotas de tenis”, dice la activista.
Los migrantes aseguran que las autoridades bielorrusas no les permiten llegar a Minsk para volar a casa y los polacos les impiden cruzar y presentar solicitudes de asilo, mandándolos de vuelta a Bielorrusia.
Los migrantes aseguran que las autoridades bielorrusas no les permiten llegar a Minsk para volar a casa y los polacos les impiden cruzar y presentar solicitudes de asilo, mandándolos de vuelta a Bielorrusia.
Algunos consiguen esquivar a los guardias polacos y llegan hasta Alemania, que también notó un incremento de los cruces en sus fronteras.
La Unión Europea opina que el controvertido régimen de Alexander Lukashenko envía deliberadamente esta ola de migrantes sin precedentes, especialmente de Oriente Medio, como represalia a las sanciones adoptadas en Bruselas por la represión contra la disidencia bielorrusa.
El gobierno polaco adoptó una postura firme contra estas llegadas, declarando un estado de emergencia que prohíbe acercarse a la frontera a periodistas y trabajadores humanitarios. También planea levantar un muro.
Varios migrantes murieron en el intento y los guardias fronterizos informaron de incidentes de migrantes lanzando piedras y palos a las fuerzas de seguridad.
El grupo Medycy na granicy (Médicos en la Frontera) asegura que la situación es “dramática”.
Han encontrado personas “expuestas a los elementos”, que sufrían “deshidratación o malnutrición”. “En algunos casos, sus vidas estaban directamente en peligro”, indica su coordinador Jakub Sieczko.
* Periodista de AFP