La Navidad puede ser una hermosa película

A esta altura del año, los canales nos invaden de filmes navideños. Los hay buenos, los hay malísimos y hay algunos tesoros para rescatar. Por oportunistas que nos parezcan, hay grandes historias para disfrutar y mirar, y volver a mirar.

No es las Navidad en sí misma. Ni el arbolito, ni todo lo que se ve en los supermercados –turrones, panes dulces, adornitos, guirnaldas, lucecitas– y que nos recuerda que sí, las fechas están cerca y que aún en pandemia, habrá Navidad y Año Nuevo (aunque posiblemente no nos permita dar vuelta la página y pensar que todo esto se ha terminado).


Quizás sea todo junto. Posiblemente tenga que ver con la mezcla de cansancio por todo el tiempo transcurrido y por la necesidad de alzar las copas y celebrar. Es algo que nos pone en otro tono. Algunos lo llaman espíritu navideño, pero lo podemos llamar como queramos.

Como sea, a esta altura del año, los canales chorrean películas navideñas. La mayoría, hay que decirlo rápido y de una buena vez, completamente olvidables y entre malas y deplorables. Pastiches que mezclan los horribles sweaters que estrenan para estos días en Estados Unidos, con romance y algo de humor. La mezcla es tremenda.

Pero hay otras que son maravillosas. No son demasiadas, pero a ellas nos dedicaremos, porque para bodrios ya hay bastante espacio en el zapping.

Este fin de semana y por pura casualidad, vi dos películas navideñas hermosas. De esas que vale la pena buscar en algunos de los servicios de streaming y sentarse a disfrutar. Y volver a hacerlo, incluso.

Una imagen de la primera vez que una película navideña llegó al cine. Fue en 1898, y fue, claro, George Méliès.


Una de ellas ya la vi unas cinco veces, y podría seguir viéndola 15 veces más. Siempre lloro como si no supiera el final; siempre me emociono en la misma parte, con las mismas palabras, como si fuera la primera vez que las escucho, la primera vez que veo la secuencia, la primera vez que voy a descubrir qué hace el personaje de James Stewart con su enorme y acumulada frustración y cómo logra salirse de ella.

Esa película es “Qué bello es vivir”, de Frank Capra y si no la vieron, háganlo, porque no hay ningún motivo para no verla. La película es del año 1946 –es en blanco y negro– y está basada en el cuento “El mayor regalo”, de Philip Van Doren Stern.

El modo en que está contada, las actuaciones, las renuncias que va sumando a lo largo de vida George Bailey (James Stewart) y la certeza de que harán combustión en un momento, transforman esta película en un clásico.

La otra película también tiene a James Stewart como protagonista y se llama “El bazar de las sorpresas”, que es la versión en la época de las cartas de “Tienes un e-mail”, esa gran comedia romántica con Tom Hanks y Meg Ryan.


“El bazar de las sorpresas” fue dirigida por Ernst Lubitsch en 1940. Hay escenas de la película de Nora Ephron, el también clásico de 1988, que son un calco. Pero por cuestiones de tiempos históricos, toman caminos distintos en sus guiones.

En cualquier caso, es hermoso ver la película original, la de 1940, y después volver a ver la remake moderna de 1988.

Y la navidad, claro, como telón de fondo de un romance que crece pese a las diferencias aparentemente irremediables entre los dos protagonistas, se llamen Tom Hanks y Meg Ryan o James Stewart y Margaret Sullavan.

No sé por qué motivo se considera absolutamente necesario que haya películas que transcurran entre fiestas de Navidad. La primera película con Papa Noel como protagonista la filmó nada menos de Georges Méliè en 1898. El corto –que se llamaba ‘Santa Claus, la primera película navideña’– duraba 10 minutos (que para ese momento no era corto, y era mucho) y evidentemente marcó tendencia.


Pero eso sí, hay que buscar en el enorme bosque de propuestas navideñas para encontrar los mejores pinos.

Y aunque no sea completamente necesario verlas ahora, en diciembre, y pocos días de celebrar nuestras fiestas, nunca es un mal programa dejarse contagiar, aunque sea un poco, de ese espíritu navideño, o como cada uno lo quiera llamar.


Qué bello es vivir



Como no podía ser de otra manera –y a tono con la frustración del personaje principal– originalmente esta película fue un fracaso de taquilla por el alto costo de producción y por la dura competencia con otras películas que se estrenaron ese año.


Pero lo bueno tiene revancha. Y esta película se convirtió en un clásico y encabeza todas las listas de las mejores películas navideñas de todos los tiempos. James Stewart es George Bailey, un hombre que ha renunciado continuamente a sus sueños.


El bazar de las sorpresas



Jimmy Stewart (otra vez él) y Margaret Sullavan son los dos protagonistas de este filme de 1940 que luego fue homenajeado en “Tienes un e-mail”. Ellos son dos empleados de una tienda. Él, Alfred, es el jefe de vendedores responde al anuncio de un diario y mantiene un romance por carta. Poco después, su jefe decide contratar a una tal Klara Novak en contra de la opinión de Alfred.


El guión parece de lo más sencillo, y quizás ya sepamos que va a pasar, peor en manos del director Ernst Lubitsch esta película es una delicia.


Realmente amor



Una de esas películas en la uno termina cantando, y se aprende la canción casi al instante. Película coral, con muchas historias que se cruzan, aunque no todas tienen el final feliz que esperamos. Las hay amargas, las hay graciosas, las hay inesperadas. Con un elenco envidiable, esta es una de las películas.


Fue dirigida por Richard Curtis y actúan Hugh Grant, Colin Firth, Alan Rickman, Emma Thompson, Laura Linney, Keira Knightley, Rowan Atkinson, Liam Neeson, Bill Nighy, Andrew Lincoln y Chiwetel Ejiofor entre otros.


Un buen chico



Basada en un libro de Nick Hornby, está película es divertida, y melancólica a la vez. Y de yapa tiene una banda sonora espectacular. La historia que cuenta es la de Will, un millonario de 36 años, que no necesita trabajar porque su padre compuso una cursi canción navideña, de esas que dan miles de dólares en derechos de autor.


Will es un soltero frívolo, que un día conoce a una mujer que le gusta. Y para atraerla, porque ella es madre soltera, se inventa un hijo que no tiene. El resultado es muy tierno y divertido.


Piso de soltero



Comedia con toques dramáticos y un sentido del humor que sólo Billy Wilder puede explotar. Cuenta la historia de C.C. Baxter (Jack Lemmon), un empleado que para ascender decide prestar su departamento a diversos jefes para tengan ahí sus aventuras con sus amantes.


Justo en Nochebuena Baxter se ve obligado a pasar la noche en un bar haciendo tiempo hasta que el director de la empresa deje el lugar. Cuando lo hace y él vuelve a su departamento, se encuentra con una mujer despechada (Shirley MacLaine).


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