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La niñez vulnerable y el adulto abusador




Hugo Pablo Failla*


Es imposible abarcar todas las situaciones, pero en todas media la seducción hasta el abuso, y la amenaza posterior que perpetúa. No hay más abusos que antes, es que ahora se conocen mejor.


La prohibición del incesto va más allá de la filiación, no es una cuestión que solo atañe al ámbito familiar entre padres e hijos y entre hermanos, sino que la prohibición se extiende a lo intergeneracional. Se prohíbe que un adulto tome a un menor para su satisfacción sexual. La prohibición es un hecho cultural fundamental que no está regulado por la biología; como todo hecho cultural es parte de la naturaleza humana; conforma un código ético consensuado y transmitido en las leyes y en la crianza, acorde a la moral de cada época. .

Uno de las afrentas que el psicoanálisis infringió a la moralidad victoriana fue el descubrimiento de la sexualidad infantil, que abarca más allá de los genitales como fuente de placer; también excitan la boca, las nalgas, el mirar el tocar, el agarrar, todos los modos que en la sexualidad adulta quedan como “juego previo”. Justamente el juego es lo que caracteriza la sexualidad de los niños, que son curiosos y fantasean acerca de cómo se hacen los bebes, como es el sexo entre adultos, principalmente los padres, ese gran secreto. Así surgen teorías sexuales infantiles, niños concebidos por la boca, paridos por el ano etc. Justamente estas características de curiosidad, fantaseo y juego, junto con la natural asimetría del vinculo con el adulto a quien se obedece y en quien se confía, tornan al niño vulnerable a la seducción de un adulto que no lo respeta como niño y abusa.

El abuso es un hecho tristemente frecuente, es un tema que genera angustia. Las charlas sobre el tema generan temor por los hijos, y suspicacia: todo adulto cercano al niño comienza a ser evaluado como potencial abusador. No es éste el espíritu de la nota, obviamente, pero sí lo es alertar para poder prevenir, y eventualmente detectar situaciones de abuso.

No hay un perfil definido de abusador, cualquiera puede serlo bajo apariencia la de una civilidad intachable. Vecinos, porteros, gerentes, entrenadores, docentes, jardineros, empleadas, y etc. En todos los estratos sociales…y en la propia familia.

El abuso puede ser acotado en el tiempo o crónico, prolongado hasta que se descubre o hasta que el abusado lo dice, superando la vergüenza de haber sido víctima y participe.

Es menos traumatizante un abuso puntual por alguien fuera de la familia, que un abuso crónico intrafamiliar. Siempre lo sexual con menores es violación, aunque medie consentimiento. Distingo el ataque sexual del abuso, siendo el primero puntual y mediando coerción física.

En el abuso la secuencia es con frecuencia como sigue: acercamiento, seducción mediante regalos, actividades compartidas, juegos excitantes, confidencialidad, el adulto ejerce autoridad y excita. Lograda la satisfacción comienza la amenaza de develamiento, o de lastimar a seres queridos. Se logra el sometimiento por la vergüenza. Es imposible abarcar todas las situaciones, pero en todas media la seducción hasta el abuso, y la amenaza posterior que perpetúa.

Actualmente, preocupa el “grooming”: en redes sociales adultos bajo un alias de niño, gana confianza con el menor y luego intercambia material erótico, hasta solicitar imágenes sexuales. Así comienza la extorsión, si no envía mas imágenes, o no hace acciones sexuales en cámara, o se reúne fuera, se lo “escracha” en las redes o ante la familia.

Si se le cree al niño, se lo contiene, se lo rescata de una situación traumatizante; creerle es un acto de valentía, de enfrentar un disloque familiar, si es el caso, o una situación con ribetes policiales y judiciales.

El relato del niño suele ser impreciso, con dudas, con contradicciones. Raramente será bien articulado. Puede dar detalles periféricos del lugar, con miedo al romper el “pacto” de secreto, detalles desconocidos pero indicadores (”salió pus del pito”). La incoherencia es resultado de una división defensiva y no debe invalidar el relato; para sobrevivir el niño partió su mente en dos, una parte clandestina “pegada” al abusador, y otra parte que siguió adelante como si nada.

En los abusos extrafamiliares el niño siente que fue víctima; generalmente son puntuales y breves. En el abuso familiar el niño siente culpa; suele ser reiterado y prolongado en el tiempo.

No siempre los niños denuncian el abuso. Es por esto que se debe estar atento a signos de alarma. Es muy difícil hacer un listado, cada niño y cada entorno es singular.

Es normal que los niños de edades similares tengan juegos sexuales: el “doctor”, la exhibición de genitales, tocamientos, espiar. Pero estos son juegos en la “clandestinidad”, porque los niños saben que hay prohibiciones y se mantienen en intimidad; hay represión.

No solo los adultos abusan; psicológicamente se puede hablar de abuso cuando dos menores juegan sexualmente, pero con un mínimo de 4 años de diferencia en edad, si bien la ley no lo contempla al ser los dos menores. El incesto entre hermanos es una forma muy frecuente de abuso intrafamiliar.

Ninguno de los siguientes elementos es específico de abuso; se corre el riesgo de alarmar innecesariamente. Así y todo conviene estar atentos cuando el niño presenta:

• Erotización excesiva, Ausencia de pudor, la sexualidad se torna desbordante, falta de represión. Precocidad sexual genital.

• Masturbación compulsiva, falta de intimidad.

• Por lo contrario, evitación de lo sexual. Angustia frente a lo referente a sexualidad.

• Enuresis, encopresis.

• Trastornos del sueño, de conducta, agresividad.

• Depresión, rebaja del rendimiento escolar.

• Aislamiento. Sentirse diferente a los demás.

• Autolesiones

La ley 24.417 de “Protección contra la violencia familiar” es protectora, no penaliza sino que arbitra las medidas necesarias para que cese el maltrato (restricciones, apartamiento del hogar, guarda etc.). La denuncia de maltrato ante organismos de minoridad y familia es obligatoria por la ley, relevándose al profesional del secreto profesional al existir una justa causa para hacerlo: el bienestar del menor. Se hace extensiva a todos los profesionales del área de la salud física y mental (médicos- psicólogos) que, en razón de su labor hubiesen tomado conocimiento de hechos de violencia doméstica; también se extiende a docentes y a funcionarios públicos. La denuncia resulta altamente estresante, por temor a la equivocación; temor que expresa nuestra propia ansiedad ante el tema, “no puede ser cierto”.

Nuestras abuelas antaño nos aconsejaban sabiamente “no aceptes golosinas, no hables con extraños, si te siguen buscá un vigilante”. Pero ellas no concebían el abuso intrafamiliar. Hoy nosotros sabemos más. No hay más abusos que antes, es que ahora se conocen mejor.

* Médico Psiquiatra y Legista, Miembro Titular de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires ( APdeBA).


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