«La onda es ir y cantar de una»
No es un desconocido en la zona, Daniel Maza ya ofreció su talento en otras oportunidades. Ahora regresa con su "Música destilada" a Neuquén capital y San
Uruguayo de Argentina hace 25 años, ha tocado con una parva de músicos de la talla de Djavan, Celia Cruz, Santiago Feliú, Horacio Fontova, Edelmiro Molinari, Iván Noble, Ray Barreto, Simon Philips, Ed Mota, Jeff Andrews, Richie Morales, Rubén Rada, Tonhino Horta, Lenny Andrade, Willie Chirino y Bebo Valdés. Durante dos décadas fue bajista de Luis Salinas. Grabó «Ahí va», ganador del Gardel «Mejor Disco de Jazz».
Tocó en el último gran compacto «Litoral» doble de Liliana Herrero y actualmente lo hace en el de Raúl Carnota, «Espejos». Compuso la música de la película «El Polaquito».
Fue convocado por Hugo y Osvaldo Fattoruso para presentaciones en el interior del país y Buenos Aires. Participó como músico y arreglador en el CD de Jairo lanzado en el 2004. Raúl Barboza, lo invitó a compartir diversas presentaciones.
En el 2003 editó «Música destilada», su primer trabajo solista, junto al Osvaldo Fattoruso en batería y Abel Rogantini en piano. Como Fattoruso está en plena tarea por la vuelta de Los Shakers, en sus recitales por nuestra región –en el J&B Jazz Festival del Casino Magic hoy, 22.30 en Neuquén y en San Martín de los Andes el sábado 1 de abril– lo acompañará el baterista Fabián Miodownik, deletrea Daniel su apellido anotado una agenda telefónica en la S; a Fabián le dicen el Sapo… «Un pibe joven, uruguayo también, que toca fenómeno»
–¿Podemos tomarnos de tu última composición y repasar cómo la armaste?
–En «Música destilada» agregamos dos temas, dos bonus tracks, digamos, para una reedición que sacaremos prontito. Compuse uno que l puse (le cuesta recordar su título). El baión de la casa nueva». Yo compongo con la viola, con una guitarra que me regalaron, una acústica marca Gracia, tiene afinador y todo, suena bárbaro… Ese tema entró a pintar de noche; yo estudio de noche siempre, me pongo a tocar cuando la casa está tranquila. Primero me salen las armonías y sobre ellas aparece la melodía. Primero los acordes… Y puede ser que al final de todo cambie la rítmica. Puede que salga como un samba brasileño y vire a candombe o a un funky. En este caso se fue para el lado del baión.
–¿Por qué ese viraje y no quedó en el ritmo de nacimiento?
–En todos los temas me pasa lo mismo. Porque los toco mucho, los empiezo a ablandar y en ese transcurso puedo sacarle algún acorde o a agregarle alguno más. A medida que lo voy tocando, por ahí se me ocurre una parte B o C y cuando está todo armado me pinta tocarlo en otro ritmo y pruebo… Por lo regular lo paso en varios ritmos. La mayoría quedan como salen, como vienen. Son pocos los que he cambiado.
–¿Cuándo aparece el título?
–Al final, en este caso. Todo lo mío tiene una razón. Yo no puedo sentarme y decir: voy a componer algo… No, los temas me salen… Me tenía que mudar y andábamos buscando casa con mi mujer. Esa cosa tediosa de ir casa por casa, casa y más casa, buscar en el diario, ir a inmobiliarias, ver…
Llegó un momento en que ya estaba quemado, no quería saber más nada; sólo encontrar algo rápido. Mi mujer me decía que era la casa donde vamos a vivir siempre y tenemos que tratar que nos guste. Yo ni quería ir más. Y cuando compuse el tema estaba con la cabeza en la música y cada tanto pensaba en la casa, mañana tengo que salir otra vez y dar vueltas con el auto. Fue en esos días de mucho calor de enero. Así salió «El baión de la casa nueva», porque al final la encontramos.
–¿Respondió a la consigna de tu esposa?
–Sí, es esta casa (en Caballito) que nos gusta mucho. Tengo jardín, limonero, estoy feliz. Mi hijo (Mateo) se levanta a la mañana y se va para allí y corre entre la tierra y el pasto. Vienen pájaros, un zorzal canta al lado de la ventana de nuestro dormitorio…
–Cuatro y media, cinco de la mañana.
–Sí, pero no importa. Aparte podemos ir a la terraza, tenemos sol, tierra, una parrilla. Es una casa, yo no puedo vivir en departamento, necesito tener afuera… Mateo con eso es feliz, dispara cuando se despierta y ahí se queda rato largo, no sabés si hay pibe o no. Tiene un año y medio y anda con una gata chiquita (que duerme hecho un rulo a dos sillas de la entrevista), La Chicha, queriendo agarrar pájaros los dos y no pueden, pero no aflojan. Yo los miro. Me siento bajo el limonero, mate en mano, y los veo correr de un lado a otro del fondo. Es increíble. Sobre todo a esta (su) edad. Tengo un nieto también. Yo ya estaba más para ese lado y de repente apareció Mateo y se me dio vuelta la cabeza.
–¿Cuándo un tema se define listo para grabar?
–Después que lo hago se lo presento a Abel (pianista de su trío). Lo tocamos juntos y ya empiezo a ver cómo suena. El comienza a darle otros colores con sus acordes, le agrega alteraciones y el tema empieza a agrandarse. Puede ser que en ese mismo momento, Abel me propongo un cambio y eso ya me sugiere otra cosa y puede surgir otra parte más. La verdad, queda terminado luego de ese proceso juntos.
–¿Lo vas demiando?
–No, no hago demos. Guardo todo en la cabeza. No tengo equipo para grabar, soy un tipo que todavía escucha casetes. Hasta hace poco tenía un minidisc y a veces, para no olvidarme algunas cosas las grababa allí.
–¿Es bueno guardarlas en tu memoria, teniendo la posibilidad de grabar?
–No siempre. He perdido frases que toqué sólo una vez y al querer repetirlas, se me fueron. Pero, cuando es algo que me conforma, no lo olvido; cuando va a quedar no se me pierde. Si no lo recuerdo es porque no convencía. Esta es la definición perfecta.
–No hace mucho Liliana Herrero me contó cómo grabaste en su disco doble («Litoral»)…
–Los candombes… («Candela» y «Doña Emilia») La Negra vino y me dijo: grabámelos así yo después canto algo arriba, me los aprendo bien… Bueno, yo los había registrado como bajista, así que un día a la once de la mañana… Viste que te levantás con la garganta cerrada y la voz grave, bueno, me metí al estudio, pusieron un micrófono, agarré la viola, le sacaron un sonido, arranqué y los canté. Pasó el tiempo, encuentro a La Negra y le pregunto qué había pasado, ¿no los vamos a hacer? No, me contestó, ya están en el disco… (Ríe Daniel) Pero mirá que los canté de mañana sin saber que eran para quedar. No, si está bárbaro, me replicó. Cuando los escuché me gustaron, están buenos. Fue así, sin, sin…
–Red.
–Y sin prejuicio. Cuando grabás siempre está la preocupación de sonar bien, cuidás la afinación y ahí empiezan los problemas.
La onda es ir y cantar de una. A mí, particularmente, me gusta grabar de ese modo…
EDUARDO ROUILLET
Uruguayo de Argentina hace 25 años, ha tocado con una parva de músicos de la talla de Djavan, Celia Cruz, Santiago Feliú, Horacio Fontova, Edelmiro Molinari, Iván Noble, Ray Barreto, Simon Philips, Ed Mota, Jeff Andrews, Richie Morales, Rubén Rada, Tonhino Horta, Lenny Andrade, Willie Chirino y Bebo Valdés. Durante dos décadas fue bajista de Luis Salinas. Grabó "Ahí va", ganador del Gardel "Mejor Disco de Jazz".
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora