La peña: Que las empanadas sigan siendo empanadas

Columna semanal



Por lo menos no las llamen empanadas. Pónganle otro nombre.

En pleno almuerzo uno apareció con hamburguesas de garbanzos, otro con ensalada misteriosa y el tercero rompió todos los cálculos con empanadas de soja.

Los miré y entendí que cada uno come lo que quiere y lo que le gusta, que justamente sobre gustos hay un millón de bibliotecas.

Pero me hizo ruido el nombre, empanadas de soja. Llegaba hasta la de carne, la de pollo y la de jamón y queso, pero esto rompe los límites.

La empanada tal y cual la conocemos los argentinos, está tan ligada a lo tradicional que uno sólo dice esa palabra y se imagina una empanada frita, jugosa de carne o pollo, bien condimentada y capaz de llevarnos al mismo paraíso del sabor. Y en el peor de los casos de jamón y queso, que no es muy diferente a una tarta de jamón y queso pero con otra forma.

En lo único que se parece una empanada de soja con una de verdad es en la masa, en la tapa, porque el resto no tiene ni un solo ingrediente en común.

La verdad podrían llamarlas de otra manera, porque si se trata de comidas, la milanesa es milanesa, la pizza es pizza y el asado es asado. Una empanada es una empanada.

Ahora si la idea es un producto nuevo con forma de empanada, es otra cosa.

Ni mejor ni peor, distinto y tanto que debería llevar otro nombre.

La cara que pondrían los participantes en Tucumán cuando compiten por la mejor empanada del país si les apareciera una de soja. O la de los mejores asadores en Buenos Aires si la competencia fuera para ver quién asa mejor las verduras.

Que la modernidad y los nuevos sabores no nos hagan perder de vista las tradiciones y los gustos originales. Que la vida sana no se lleve por delante las comidas más ricas.

Una empanada seguirá siendo empanada, pero será necesario que al menos tengan gusto a empanada.


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