La politización de la muerte de Maradona

Lo que tenía que ser una despedida de un ídolo con respeto, dolor y que buscara la unión del agrietado pueblo argentino, terminó en corridas, represión y con frenéticos movimientos del féretro dentro de los salones de la Casa Rosada para protegerlo de una posible agresión.

Diego Maradona tampoco tuvo paz en su muerte.

¿Que nos revelaron las tristes escenas vistas ayer en su velatorio? Los peores rostros de nuestra Argentina.

• El oportunismo. Un Gobierno Nacional determinado a tomar como rehén al cuerpo de un ícono nacional, buscando usufructuar figura y cuerpo para un rédito político en medio de la crisis económica y social más virulenta que sufre el país.

• La anarquía. Todo se hizo mal y hasta el mismo sentido común anticipaba un desenlace caótico. En el momento en que el presidente Fernández tomó la decisión de velar los restos de Maradona en la Casa Rosada, se calculaba que iban a acercarse cerca de un millón de personas. Las 10 horas propuestas a la familia del futbolista para el velatorio de ninguna forma eran compatibles con la ola humana deseosa de despedir al futbolista.

• La hipocresía. El mismo gobierno que obligó a los ciudadanos a la cuarentena más larga del mundo en la pandemia de coronavirus, habilitaba un masivo velatorio que voló por los aires toda norma de distanciamiento y profilaxis.

El inicio del caos desnudó los niveles de improvisación que existen en los interiores del Gobierno. No hubo coordinación entre las fuerzas de Seguridad de la Nación y de CABA. La eclosión ocurrió cuando desde la administración central se dio la orden a la Policía Metropolitana de cortar la enorme fila de entrada que esperaba ver por última vez a su ídolo. La desesperación de la gente, sumado al rigor policial, desembocó en represión.

Paralelamente se cerraron las puertas de la Casa Rosada -sin que nadie supiera de dónde venía la orden- para que la vicepresidenta Cristina Fernández y otros funcionarios puedan estar a solas con el cuerpo de Maradona y su familia.

Minutos después, un desborde de barrabravas dio la nota y se extendió por casi una hora y media con desmanes en el Patio de las Palmeras y roturas de bustos históricos en el lugar. Barras que tienen prohibido su ingreso a las canchas de futbol, pudieron hacerlo fácilmente a la Casa Rosada. Otra foto de las tantas y tristes paradojas de nuestra Argentina.

Los disturbios alteraron el operativo para el velatorio de Maradona en Casa Rosada.

Mientras tanto la política, sin pudor, continuaba con su tradicional y perverso juego sectarista sin la menor consideración por el cuerpo de Maradona. El ministro del Interior Eduardo “Wado” de Pedro responsabilizaba a través de un tweet al jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, por los desbordes y la represión en las calles. Pero no mencionaba que la organización de la Seguridad estaba a cargo del Gobierno Nacional, o el hecho de que a los barrabravas tuvieron que correrlos del interior de la Rosada con gases lacrimógenos. Una conducta clásica del oficialismo a la hora de buscar responsables que eluda los costos políticos de su inoperancia. Uno de los flancos más débiles de esta administración es la falta de plan y gestión en todos los ámbitos. La organización del velatorio de Maradona no fue la excepción. 

Lo que tenía que ser una despedida de un ídolo con respeto, dolor y que buscara la unión del agrietado pueblo argentino, terminó en corridas, represión y con frenéticos movimientos del féretro dentro de los salones de la Casa Rosada para protegerlo de una posible agresión.

Lo sucedido tal vez nos enseña que la crisis económica que atraviesa el país no es tan grande como la crisis de valores en parte del sector de la política y de la sociedad.


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