La sombra de la Alianza





Es con toda seguridad natural que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, su marido y sus simpatizantes hablen pestes del gobierno de la Alianza con el propósito de advertirnos que sería catastrófico permitir que otro de origen similar se encargara del país. Por motivos evidentes, es de su interés dar a entender que una coalición conformada por la UCR y una fuerza de la centroizquierda parecida al Frepaso de aquel entonces no estaría en condiciones de gobernar con un mínimo de eficacia, razón por la que hay que descartar de antemano la alternativa así supuesta. En cambio, el que “progresistas” como Elisa Carrió también traten el gobierno de la Alianza como una aberración vergonzosa no es natural en absoluto. Sin embargo, parecería que se ha instalado en el país la idea de que, debido a sus contradicciones internas, el fracaso de la Alianza fuera previsible desde el vamos y que por lo tanto cualquier intento de reeditarla sería suicida. De tomarse en serio el planteo de los muchos que, sin ser oficialistas, insisten en que la Alianza fue un engendro congénitamente incapaz de funcionar, las perspectivas ante el país son deprimentes. Significaría que el progresismo no autoritario, por definirlo de algún modo, nunca podría formar un gobierno con la fortaleza necesaria para sobrevivir por mucho tiempo. Si no les es dado a la UCR y al movimiento de centroizquierda coyunturalmente más representativo combinarse, el país tendrá que resignarse a ser gobernado por alguna que otra variante del peronismo, vinculada, tal vez, con una agrupación conservadora como la encabezada por el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri. Aunque es factible que un futuro gobierno surgido del peronismo resulte estar libre de los vicios que a través de los años han sido típicos del movimiento creado por Juan Domingo Perón, sería mejor que existiera una alternativa confiable procedente de otra parte del espectro ideológico. Lo difícil que es para los muchos que a su modo ocupan lugares en el “espacio” centroizquierdista organizarse en agrupaciones a un tiempo coherentes y lo bastante grandes como para formar un gobierno fuerte, enfrenta al país con una paradoja. Mal que bien, las ideas y los principios reivindicados por los “progresistas” dominan la cultura política nacional. Constituyen la versión argentina de la corrección política y escasean dirigentes que no se sientan obligados a rendirles homenaje. Una consecuencia de la situación resultante es que virtualmente todos los gobiernos terminan como blancos de críticas furibundas formuladas primero por intelectuales y después por casi todos salvo algunos oficialistas irremediables. Los Kirchner procuraron ahorrarse tal destino adoptando un discurso “progresista”, pero andando el tiempo perderían el apoyo de los sectores urbanos y, a causa del conflicto con el campo, los rurales, hasta depender casi por completo de los votos de los habitantes pobres del conurbano bonaerense tradicionalmente peronista. Felizmente para ellos, suman muchos. ¿Por qué fracasó la Alianza? En parte porque en 1989 cualquier gobierno hubiera tenido que aplicar políticas “conservadoras” que serían rechazadas por una proporción sustancial del electorado progresista. También incidieron de manera decididamente negativa la hostilidad de los radicales alfonsinistas hacia el presidente Fernando de la Rúa, el que a pesar de ser un conservador nato actuaba de forma muy dubitativa, y la irresponsabilidad principista de sus socios del Frepaso liderados por el vicepresidente Carlos “Chacho” Álvarez. Otro factor consistió en las ambiciones de dirigentes peronistas inescrupulosos que aprovecharían las circunstancias para derrocarlo impulsando un golpe civil. Sea como fuere, si la experiencia de la Alianza nos enseñó algo, esto es que antes de asumir el poder convendría que un gobierno de cualquier origen se preparara para hacer frente a la realidad, resistiéndose a la tentación de atribuir todos los males del país a la presunta adhesión de su antecesor a doctrinas determinadas. De la Rúa y sus ministros pronto descubrieron que gobernar la Argentina no sería tan fácil como habían previsto y que, les gustara o no les gustara a los moralistas que suelen sentirse más cómodos militando en la oposición que en el poder, tendrían que obrar con cierto pragmatismo.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 860.988 Director: Julio Rajneri Co-directora: Nélida Rajneri de Gamba Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Jueves 19 de agosto de 2010


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