La Tierra es plana y otras ficciones actuales



La inmensa mayoría de la gente que cree que la Tierra es plana o que las vacunas hacen daño no es analfabeta. Más del 90% de los terraplanistas y antivacunas ha completado los estudios secundarios y muchos de ellos tienen algún grado universitario. Sin embargo, el 35% de los norteamericanos de 18 a 24 años (y el 24% de los que tienen entre 25 y 34 años) cree que la Tierra es plana. Es decir, entre un tercio y un cuarto de los jóvenes de la principal potencia planetaria cree realmente que las teorías científicas y las evidencias empíricas son parte de una conspiración para hacernos creer “la mentira” de que la Tierra es esférica.

Los datos más precisos son de los EE. UU., pero el fenómeno de los que descreen de las teorías científicas abarca a los jóvenes de todo el mundo occidental. Tanto el terraplanismo como la militancia antivacuna mezclan el rechazo de la ciencia y la desconfianza en los expertos, privilegian la opinión propia por encima de todo, sienten desprecio hacia cualquier argumento que contradiga esa opinión personal sin evidencia y se basan en la difusión de falsedades gracias a la facilidad de transmitir ideas seductoras y simplistas por las redes.

Los sociólogos que están estudiando el fenómeno coinciden en que el elemento esencial para entender a los movimientos anticiencia es el falso escepticismo. “Estas creencias nacen de la desconfianza en el conocimiento experto y de una mala manera de entender el escepticismo”, afirma Susana Martínez-Conde, directora del laboratorio de Neurociencia Integrada de la Universidad Estatal de Nueva York. El terraplanista o el antivacuna (y todos los demás militantes de las teorías conspirativas anticiencia) parten de la premisa de que lo que consideramos pensamiento científico es una conspiración (de las instituciones, del capitalismo, de los gobiernos, de los “poderosos”) para someternos.

Los terraplanistas aman Youtube. Casi todos se hicieron terraplanistas viendo videos de otros terraplanistas en esa red social. El proceso para volverse terraplanista suele comenzar con una “fascinación escéptica” hacia la “teoría loca” que, en principio, quieren cuestionar (el terraplanismo), pero de golpe comienzan a creer en ella -la fascinación le gana al escepticismo- y terminan fanatizados.

Una vez en el círculo de los que desconfían de todo saber científico, se acumulan creencias paranoicas: la mayoría de los terraplanistas son antivacunas, racistas, homofóbicos y niegan el Holocausto.

Una vez que alguien siente que ya forma parte de esa comunidad es casi imposible convencerlo de su error, porque se activan mecanismos psicológicos poderosos, como el llamado “pensamiento motivado”: sólo acepto como válidos los datos que confirman lo que creo y el resto lo considero manipulaciones de los conspiradores. Como en otros movimientos similares, el creyente piensa que si la ciencia lo desdice es porque la ciencia está comprada.

El algoritmo de recomendación de Youtube se ha convertido en el mayor difusor de teorías cada vez más paranoicas y extremas.

No es difícil que alguien que consulta Youtube para “seguir aprendiendo sobre la Tierra plana” termine viendo videos que “demuestran” que la llegada del hombre a la Luna o los ataques a las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001 fueron mentiras montadas por el “sistema”. Como las teorías conspirativas o más escandalosas (de dudosa o nula veracidad) suelen producir mayor número de clics, el logaritmo de Youtube las pone en los lugares de privilegio cuando alguien busca cualquier tema relacionado a ellas, aunque sea muy tangencialmente.

Hace tiempo que se sabe que la exposición a las teorías conspirativas hace que la gente sea mucho más desconfiada con las instituciones (y también con las investigaciones científicas).

Una vez que se ingresó en el círculo de los que desconfían de todo saber científico o afirmación sostenida por instituciones se comienzan a acumular creencias paranoicas: la mayoría de los terraplanistas son, a la vez, antivacunas, racistas, homofóbicos y sostienen que el Holocausto es un invento judío.

No cualquiera es igualmente apto para convertirse en un paranoico creyente de teorías conspirativas. Se sabe que las personas que se sienten impotentes o desfavorecidas tienen más probabilidades de apoyarlas (como los miembros de minorías raciales marginadas) y que están correlacionadas con el pesimismo ante el futuro, la baja satisfacción con la vida y la escasa confianza interpersonal.

Vivimos tiempos de grandes incertidumbres. Es el momento ideal para que todas estas creencias prosperen, ya que ofrecen una mínima satisfacción psicológica: sentirse parte de los pocos iluminados que entienden el plan secreto de los malvados (y que, quizá, estén llamados a desbaratarlo).

Nietzsche descubrió que con el nacimiento de la época moderna Dios había muerto. Pero también alertó sobre que su lugar podría ser ocupado por miles de pequeños ídolos con pies de barro que nos arrastraran a locuras más insensatas.

Los hombres quieren creen en cualquier cosa que les asegure alguna certeza.


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