La troupe del circo que se resiste al paso del tiempo en Bariloche
Cómo se adapta la vida circense al siglo XXI. Códigos, historia y costumbres de la familia Yovanovich que desde hace unos días se instalaron en la costa del Nahuel Huapi.
SOCIEDAD
Por Leonardo Carrizo
leonardocarrizo@rionegro.com.ar
Un nuevo barrio se instaló en la costanera de la ciudad. No son muchos vecinos, permanecerán solo algunos días y volverán a empacar su talento para seguir recorriendo el país. Marco Antonio tiene 32 años, un extraño acento que mezcla algo de Córdoba con la vieja Yugoslavia, y es quinta generación de una familia de cirqueros.
El bisabuelo Georgue Yovanovich, nombre que lleva el circo, comenzó esta tradición en las plazas del Reino de Yugoslavia, cuando todavía no existían las carpas, ofreciendo entretenimiento “a la gorra” junto a osos siberianos, chimpancés y otras destrezas.
Marco nació en el mismo ambiente y recuerda sus escapadas hasta el centro de la escena mientras su padre hacía de payaso. “Esto viene de herencia”, dice y anuncia que su pequeño hijo, de tan solo 25 días, será el encargado de sostener aquello que se forjó en el Viejo Continente.
Desde el año pasado toda la troupe recorre el sur argentino. La aventura comenzó en Las Grutas y le quedan varias provincias por recorrer en una escalada hacia Asunción del Paraguay.
“Paso por mi casa a pagar impuestos, pero no me aguanto más de dos días y vuelvo al circo. A éste o visito a los parientes”, relata. Es que los Yovanovich son numerosos y poseen 15 de los poco más de 20 circos que existen hoy en día.
El barrio
A Marco le encanta decir que las 25 casillas rodantes que descansan a un costado de la gran carpa forman un barrio. “Hay quilombos como en todos lados”, explica sobre las dificultades de verse a diario y los artistas que, sin demasiado contacto con el exterior, “se portan mal”.
“Es un gasto”, suspira y explica que el costo de movilizar más de 40 vehículos de gran porte es uno de los motivos por los que ya no quedan tantos circos. A esto hay que sumar la escasez de artistas de “circo tradicional”, que ya no pueden utilizar animales en sus espectáculos, y los impuestos que deben pagar en cada pueblo.
Marco no teme que el circo desaparezca. Confía en que la gente no perderá el interés y que el amor por el espectáculo también se transmitirá de una generación a otra.
“Me da más miedo salir a la calle que entrar en el Globo de la Muerte”, explica mientras muestra una cicatriz de un accidente, que lo dejó en terapia intensiva por cinco días, y recuerda que su tío murió de un disparo en el cuello mientras intentaban asaltarlo en la boletería.
“Andamos en la vida y es lo único que sabemos hacer”, asegura sin ver otro futuro para él o su familia: “lo hago porque me encanta, prefiero que me saquen las dos piernas a que me saquen el circo”.
A tener en cuenta
Mantener vigente un espectáculo de circo no siempre se logra con los propios artistas. En ocasiones, es necesario llamar a una figura convocante para atraer más espectadores y garantizarse el éxito.
Marco Antonio recuerda varios de esos casos. Mientras su padre estuvo a cargo, tuvo la oportunidad de conocer a varias estrellas de la pantalla chica. Este fue el caso del carismático Quico, la Chilindrina o el profesor Jirafales. “El Chavo no, porque era muy caro”, agrega sobre la vecindad de actores mexicanos.
La reina de los bajitos, Xuxa, también trabajó junto ellos durante su auge en la década del 90.
Pero la aparición más impactante con la que contaron los Yovanovich fue la de Martín Karadagian, el mítico luchador de Titanes en el Ring, que peleó contra un oso siberiano en 1966. “Le ponían unos guantes y lo manejaban con una soga”, recuerda sobre una de las tantas historias de familia.
El resto de la troupe se compone con artistas de otros países de acuerdo a su especialidad. Algunos se ofrecen y aguardan la mejor oferta para firmar contrato. El único requisito a cumplir es no haber estado en otro circo de los Yovanovich en los últimos tres meses.
“No se le quitan artistas a la familia”, explica Marco sobre un negocio en el que existen varios códigos para mantener la armonía.
DeBariloche
Comentarios