La ventaja de los oficialismos desde 1983: una cadena preocupante
El apabullante predominio que han tenido en las provincias los candidatos de gobierno en las elecciones realizadas desde el retorno a la democracia hasta la fecha repercute en una escasa alternancia en el poder y, por ende, en la calidad de la democracia. Aunque el peronismo es por lejos el mayor ganador en este juego, la UCR y partidos provinciales como el MPN no son ajenos a la dinámica, según el reciente estudio “El efecto cancha inclinada”, del Cippec.
DEBATES :: POLÍTICA EN LAS PROVINCIAS
Desde el retorno a la democracia se realizaron en el país 187 elecciones a gobernador, de las cuales 118 fueron ganadas por el Partido Justicialista. En promedio, ese rosario de triunfos habla del 63% de dominio en la pulseada por el poder provincial. La consolidación de este proceso se fue forjando progresivamente y se aceleró en la última década. Desde la perspectiva de su proyección, este dato demuestra una inquietante reducción de la competitividad que, al herir la alternancia en el poder, resta vigor a los sistemas políticos de las provincias. De hecho, en el 2011, año en que se eligió mandatario en 22 distritos, los oficialismos ganaron en 20, o sea el 91%. Fue la mayor proporción de victorias de partidos oficialistas desde el retorno a la democracia. En el 2015 se renueva el grueso de esos gobiernos. Cuánto de esta cultura de ventajas se repetirá es, por ahora, una incógnita.
Licenciada en Ciencias Políticas y coordinadora del Programa de Política y Gestión del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Desarrollo (Cippec), María Page define como “cancha inclinada” la resultante de lo que en ciencias sociales se define como “ventaja del oficialismo” o VO (ver recuadro) del que gozan partidos y candidatos oficialistas por el solo hecho de ocupar el gobierno.
-En la Argentina esta ventaja se ha acentuado en las provincias elección tras elección, lo cual conlleva una pérdida de competitividad electoral que se traduce en una anomalía para el funcionamiento del sistema político y, en consecuencia, para las instituciones -señala Page a “Río Negro”. Luego marca tres riesgos:
• Cuando los triunfos se dan por márgenes muy amplios, está abierta la posibilidad de que el oficialismo ganador domine el Poder Legislativo y vía su mayoría no busque acuerdos con la oposición. Esto puede afectar la designación y remoción, por caso, de jueces. Está además abierta la posibilidad de que los mismos organismos de control pierdan independencia.
• Ante un triunfo en los términos señalados, la misma oposición queda debilitada, deja de ser alternativa concreta de poder y las elecciones desaparecen como mecanismo de rendición de cuentas. El oficialismo, que de la mano de un triunfo abrumador se queda sin chances de perder, podría dejar de tener en cuenta al electorado como demandante de decisiones.
• Si las elecciones no son competitivas queda afectado el trámite político, concretamente no se canaliza el conflicto que tiene como escenario natural la política. Por caso: la lucha por el poder. Uno tiene todo el poder, otro nada.
-¿Qué es dable esperar, computando esta historia de VO, en el ciclo de elecciones provinciales que habrá en el 2015?
-Hasta que no sucedan, no se tengan los resultados, no se puede formular un diagnóstico. Sería aventurado hacerlo. De todas maneras, nuestras investigaciones, y así lo hemos publicado, reconocen la existencia de un grupo de provincias en las que el VO parece muy complejo de derrotar. Son procesos que vienen desde muy lejos en la restauración de la democracia: quien ejerce el gobierno, gana. Cualquiera sea su signo político. El grueso de ellas es peronista: La Rioja, Formosa, Santa Cruz, por dar algunos casos. Pero también está Neuquén, donde manda el MPN o San Luis, cuyo poder se vertebra en el peronismo pero se maneja con mucha plasticidad. O el caso de Santiago del Estero. Luego, existe una mayoría de provincias en las que está abierta la posibilidad de la alternancia. No se trata de que no tengan una historia de predominio oficialista, sino que éste, y así lo definimos nosotros, se dé en cierto marco de incertidumbre. La oposición no tiene “cerradas” sus posibilidades. Esto ha pasado en Catamarca, Córdoba -siempre tomando todo el recorrido de lo que llevamos bajo democracia-, Santa Fe y esto también alcanza a Río Negro, donde la UCR gobernó más de 30 años pero perdió en el 2011. Pero no podemos hoy decir qué sucederá en las urnas del 2015… la conjetura se anula ante la realidad de lo que suceda.
-¿Cómo funciona, en este escenario donde sobre un grupo importante de provincias parece está desmalezado el camino para el VO, el grado de desarrollo económico que tengan esos distritos?
-Nosotros sólo tenemos hipótesis. Partimos de asumir que en la Argentina, y esto figura en nuestros documentos, las provincias tienen a su cargo la ejecución del 40% del gasto público (hablamos de un promedio) y además son proveedoras de los servicios de salud, educación, justicia y seguridad. Todo este aparato de gestión se relaciona con el empleo público que, en provincias con economía poco diversificada y escasez de trabajo, bueno… se convierte en la única alternativa laboral. Y en esas provincias, el Estado capta casi todo el empleo público. Si a esto sumamos los planes sociales, su manejo, tenemos un mecanismo de sujeción que sin duda incide a favor del VO. La necesidad de la gente provoca subordinaciones. ¿Por qué va a votar por otra fuerza que quiera ajustar las cuentas fiscales, el gasto del Estado y, en consecuencia, ponga en juego el empleo público? Guste o no, opinable o como se quiera, ésta es una conducta muy firme en relación con el respaldo de la ventaja oficialista en esas provincias que para nosotros, al menos por ahora, resulta muy difícil derrotar…
(*) Los gráficos de este material pertenecen al trabajo “El efecto ‘cancha inclinada’: ventajas del oficialismo en la política de las provincias argentinas” de Luis Schiumerini y María Page (Cippec). Schiumerini es licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad de Buenos Aires y magíster por la Universidad de Yale. María Page es licenciada en Ciencias Políticas por la UBA.
Carlos Torrengo
carlostorrengo@hotmail.com