La verdad sobre el biodiesel
Enojado con la suba de aranceles al biodiesel, el gobierno citó al encargado de negocios de los EE.UU.. Casi en paralelo con la noticia de los cerdos provenientes de Estados Unidos, se conoció la imposición, por parte de este país, de aranceles a la importación de biodiesel argentino. No se trata de cualquier arancel, sino de una barrera de nada menos que entre el 50,29% y el 64,17%. La medida generó todo tipo de reacciones. ¿No era que los Estados Unidos eran los capitanes del libre comercio? Si nosotros les permitimos vender sus cerdos acá, ¿cómo no nos dejan vender allá nuestro biodiesel? Si ellos protegen su mercado, ¡nosotros tenemos que hacer lo mismo! Estas son algunas de las típicas respuestas que aparecen en la opinión pública cuando alguna “superpotencia” nos impide exportar nuestros productos. Comprensible, pero veamos lo que sucede debajo de la superficie. En realidad, la medida norteamericana se genera en respuesta al proteccionismo local. ¿Cómo es eso? Nuestro país, gracias a un sistema de retenciones a la exportación diferenciado, termina subsidiando las exportaciones de biodiesel. Esto es así porque el producto terminado no paga nada de impuestos cuando se exporta, pero sí lo hace el aceite de soja (27%, nada menos), que es el insumo principal para hacer biodiesel. Al gravar las exportaciones del insumo, se genera una superabundancia local de aceite de soja, que reduce artificialmente su precio y esto les permite, a los fabricantes de biodiesel, vender este producto más barato en los mercados internacionales. Lo que hizo Estados Unidos, entonces, fue responder con una medida proteccionista, a una política proteccionista autóctona, ya que este sistema “protege” en el mercado mundial a los productores de biodiesel locales.
Joaquín Bertran
DNI 5.433.822
Enojado con la suba de aranceles al biodiesel, el gobierno citó al encargado de negocios de los EE.UU.. Casi en paralelo con la noticia de los cerdos provenientes de Estados Unidos, se conoció la imposición, por parte de este país, de aranceles a la importación de biodiesel argentino. No se trata de cualquier arancel, sino de una barrera de nada menos que entre el 50,29% y el 64,17%. La medida generó todo tipo de reacciones. ¿No era que los Estados Unidos eran los capitanes del libre comercio? Si nosotros les permitimos vender sus cerdos acá, ¿cómo no nos dejan vender allá nuestro biodiesel? Si ellos protegen su mercado, ¡nosotros tenemos que hacer lo mismo! Estas son algunas de las típicas respuestas que aparecen en la opinión pública cuando alguna “superpotencia” nos impide exportar nuestros productos. Comprensible, pero veamos lo que sucede debajo de la superficie. En realidad, la medida norteamericana se genera en respuesta al proteccionismo local. ¿Cómo es eso? Nuestro país, gracias a un sistema de retenciones a la exportación diferenciado, termina subsidiando las exportaciones de biodiesel. Esto es así porque el producto terminado no paga nada de impuestos cuando se exporta, pero sí lo hace el aceite de soja (27%, nada menos), que es el insumo principal para hacer biodiesel. Al gravar las exportaciones del insumo, se genera una superabundancia local de aceite de soja, que reduce artificialmente su precio y esto les permite, a los fabricantes de biodiesel, vender este producto más barato en los mercados internacionales. Lo que hizo Estados Unidos, entonces, fue responder con una medida proteccionista, a una política proteccionista autóctona, ya que este sistema “protege” en el mercado mundial a los productores de biodiesel locales.
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