Lanzan un operativo chivito antes de la veranada en Neuquén

La sequía reduce los ámbitos de engorde. Una alternativa es vender las crías a los dos meses sin necesidad de llevarlos a la zona alta de la cordillera. Por eso, se hizo la provisión de forraje a unas 27.000 madres de 650 crianceros.





Trece años de sequía obligan a afinar la puntería en cuestiones que tienen que ver con el cambio de los sistemas productivos que, como el sistema de trashumancia en el norte neuquino, dependen de la disponibilidad de pasturas en la zona alta de la cordillera andina. Se trata de unos 2.500 crianceros que todos los años llevan sus majadas o piños desde las zonas áridas de invernada hacia los valles húmedos de la cordillera en los límites con Chile con un promedio de entre 500 y 1.000 animales.

La sequía ha reducido los ámbitos de engorde y es por ello que se presentó el desafío de trabajar en líneas de acción y potenciar las que ya se hacen. La opción es buscar un cambio en el manejo productivo.

La subsecretaria de Producción, Amalia Sapag, puso de relieve las cuestiones de fondo que hacen que “hoy estemos un poco mejor parados para enfrentar la sequía lo que no quiere decir que hemos solucionado todos los casos”.
Se tiene un padrón de 3.000 familias de pequeños productores en toda la provincia, no solo en el norte, que tienen obras definitivas para abastecerse de agua.

Se cuentan perforaciones, captaciones de vertientes, sistemas de distribución y almacenamiento para que no tengan el inconveniente. “De todas formas al ir mermando el agua en lugares donde estaba resuelto, sigue faltando el agua, entonces trabajamos en complementar estas obras y en lugares donde no haya”, indicó.


Se busca captar vertientes o arroyos que no se secan o en los casos más extremos hacer una nueva perforación.
Hay lugares donde se traslada agua en camiones. En el caso concreto de los crianceros que hacen trashumancia, se trabaja con 650 productores que están suplementando y alimentando 27.000 madres y la idea es que puedan empezar a hacer un manejo distinto. La suplementación es brindar alimento a las chivas que están pariendo, que ya lo hicieron y están por parir.

“Hemos acordado que ni bien esté el chivito o el cordero que lo saquen del campo, que lo vendan en lote y que no lo suban a la veranada”, contó Sapag quien agregó que los técnicos del ministerio de Producción trabajan en el tema porque la veranada no está en mejores condiciones que la invernada.

De esta forma, se llevarían a la veranada solo los animales productivos, ovejas, chivas, borregas y tratar de que vendan antes al igual que los animales viejos. Esos perjudican a los animales productivos como las chivas madres. Desde el Estado se busca hacer el vínculo entre compradores y vendedores.

“Hay lugares en el que las pariciones son anticipadas, en la zona este, y si la madre está bien alimentada con forraje y tenga buena leche, el chivito y el cordero en dos meses ya está listo para vender y la idea es que se puedan vender en lotes para que los campos descansen”, describió. En la zona de Portezuelo y Santo Domingo se hace un engorde de chivas viejas para comercializarlas, el gobierno ha provisto el forraje para terminarlas y sacarlas del campo.

Hay compradores que tienen puestos de venta en la ciudad de Neuquén que, por fuera de la intervención del Estado provincial, llevan adelante operativos de compra de chivos que luego faenan, básicamente en Chos Malal, y mantienen la oferta durante todo el año.


Una chiva que ya no puede tener crías si se la alimenta o se la lleva a la veranada es probable que se muera en el campo si no se vende, previamente, aunque el precio no sea atractivo para el criancero. También perjudica a los animales para el pastoreo.

El papel del Estado amén de la entrega de forraje y obras, también consiste en facilitar la comunicación entre los crianceros para que se produzca una cadena comercial en mayor grado.

El ministro de Producción, Facundo López Raggi, mantuvo reuniones con la cooperativa que maneja el matadero de Zapala y hay técnicos que trabajan en conjunto con el centro Pyme para la faena de capones chivos de Chihuidos en el matadero de Añelo.

También hay matarifes en Andacollo y Loncopué. El de Chos Malal está a cargo de la Corporación para el Desarrollo del Curi Leuvú. El incentivo ganadero apunta a que se contribuya a la cadena de la formalidad y la inocuidad de los alimentos.


Amalia Sapag: “La trashumancia necesita pequeños cambios”


P: ¿Es difícil cambiar la tradición de los crianceros para disminuir el piño y que sea más productivo?
R: Soy optimista. No estamos cambiando la cultura del criancero y por algo han permanecido añares y tienen sabiduría en el hacer. Hay que modificar pequeñas cosas en el cómo. No hay que dejar de hacer la trashumancia solo pequeños cambios de manejo y que eso, si hay quienes lo han hecho, no es difícil. Lleva tiempo y al principio se requiere un soporte técnico y de generación de confianza y vínculo entre compradores y vendedores.

P: ¿Hay modelos que han resultado exitosos?
R: El año pasado hubo una venta conjunta de corderos en Aluminé. En el Norte hay cooperativas que han vendido en lotes. Hemos colaborado para que en el otoño se vendan muchas chivas viejas y se vendieron muchas. Queremos que este año el impacto sea mayor y que haya productores que estén convencidos.


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