Largada porteña

Tras frías relaciones, la embajada de EE. UU. felicitó a Cristina por la lucha contra la trata de personas.



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de domingo a domingo

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El compadrito quiere saber qué es el cielo y qué el infierno. Y no se le ocurre otra cosa que ir, para plantearle el dilema en tono imprudentemente perentorio, al guapo del barrio. El capo de los malevos lo mira con desprecio y lo despacha: “No molestes patán, andate rápido de acá si pretendes seguir con vida un minuto más”. Rojo de ira, y no dispuesto a tolerar la ofensa, el pendenciero saca un filoso cuchillo de entre sus ropas para atacar al referente de los bajos fondos. “Eso, eso es el infierno”, atina a decir, no sin cierta jactancia, el jefe los matones, lector de preceptos orientales. Sorprendido por la respuesta, el compadrito toma conciencia del acto que estaba por perpetrar, controla sus ímpetus dañinos y guarda el arma. “Eso, eso es el cielo”, completa la lección su mentor de fechorías. El cuento podría servir de ejemplo para atemperar los ánimos de los dirigentes de la Argentina que muchas veces no distinguen las bondades celestiales, producto de la reflexión serena y del proceder calmado, de los horrores infernales nacidos al calor de peleas crispadas en el cometido de intentar resolver la cuestión del poder y la administración ecuánime de los recursos nacionales. Con el primer paso que se dará hoy en la elección de la ciudad de Buenos Aires, se inicia el proceso central de renovación general que, pasando por una previsible segunda vuelta en este distrito, la dilucidación de las gobernaciones de Santa Fe y Córdoba y las de alguna manera vaciadas internas obligatorias y simultáneas en los partidos del 14 de agosto, culminará el 23 de octubre si es que la oposición no fuerza un balotaje, y determinará quiénes ejercerán el Ejecutivo hasta el 2015. La campaña porteña fue bastante apagada. Mauricio Macri ha hecho una base considerable para tratar de ser reelegido, luego de desistir (aconsejado por su padre Franco y el ecuatoriano Jaime Durán Barba) de luchar por el sillón de Rivadavia e incluso esquivar un apoyo contundente a cualquier candidato presidencial del arco no kirchnerista, para no espantar a simpatizantes del oficialismo. El historial lo ayuda. Ya le ganó a Daniel Filmus (de nuevo postulante K) en el 2007 y para la jornada de hoy todas las encuestas auguran que saldrá airoso, aunque también que deberá sortear una instancia más riesgosa el 31 de julio. Según Poliarquía, una nueva derrota de las huestes de Cristina Fernández en la capital federal resultará dolorosa, pero a juzgar por los antecedentes tendrá un efecto relativo ya que le asigna al actual senador un resultado más favorable que durante el apogeo de Néstor Kirchner. “Si esta noche Macri termina aventajando a Filmus por más de 10 puntos, será casi quimérico revertir la tendencia. Pero, si el porcentaje es menor a 8, y teniendo en cuenta la buena imagen de la presidenta y al hecho de que los partidos no contienen a sus votantes, habrá alguna chance para el 31 de julio”, aventuró un “cristino” que no deja de subrayar lo complejo que será gobernar la Argentina durante los próximos cuatro años. Los presidenciales (Ricardo Alfonsín, Elisa Carrió y Eduardo Duhalde), cuyos representantes tienen escasas posibilidades de éxito en la ciudad de Buenos Aires (Silvana Giúdice, María Eugenia Estenssoro y Jorge Todesca, respectivamente), se entusiasman con que Macri inaugure un ciclo de caídas kirchneristas, al que deberían contribuir luego el socialista Antonio Bonfatti en Santa Fe y Luis Juez, del Partido Nuevo, en Córdoba. Para adquirir relevancia en el derrotero hacia el 23 de octubre (Hermes Binner y Alberto Rodríguez Saá integran el lote de Alfonsín, Carrió y Duhalde), los opositores bregarán por el segundo lugar en los comicios obligatorios del 14 de agosto, con el fin de acaparar el voto útil anti kirchnerista poco de dos meses después. Más que estar atenta a los contratiempos generados por el arco adversario, Cristina se preocupa por los dolores de cabeza acarreados por sus decisiones internas que, entre otras cosas, encumbraron a jóvenes de La Cámpora en los principales puestos de lucha para la Cámara de Diputados y generaron fuertes roces con la CGT de Hugo Moyano, intendentes y algunos gobernadores. José Manuel De la Sota se distinguió en Córdoba y Carlos Verna, patrón del PJ pampeano, renunció a luchar por el Ejecutivo provincial, porque no aceptó las imposiciones que le transmitió el secretario Legal y Técnico de la Presidencia, Carlos Zannini. En apariencia los puentes están rotos, pero no está dicha la última palabra entre peronistas que se dan cornadas pero no al punto de ser fatales. También Fabiana Ríos, aliada pero no preferida de la Rosada, hizo notar su autonomía, luego de lograr la proeza de volver a imponerse en Tierra del Fuego ante la ultra K Rosana Bertone. El que más se amoldó a los designios de Cristina fue el gobernador Daniel Scioli, definitivamente jugado a triunfar o sucumbir desde donde le ordene la presidenta. Por otra parte, no hubo recomposición total de relaciones entre la Argentina y Estados Unidos, pero el Departamento de Estado dio claras e infrecuentes señales de complacencia por medidas adoptadas por el gobierno que interpretan un avance contra la trata de personas. La embajadora Vilma Martínez envió una carta de felicitación que la Presidencia se encargó en difundir con prontitud. Tras la protesta del presidente Barack Obama y la devolución del material sensible incautado a un avión norteamericano, se mandó callar al canciller Héctor Timerman y se trató de restaurar un vínculo, sembrado de desconfianza pero también robustecido por la firme posición argentina de condena al terrorismo internacional y a Irán en particular. Como aprendió el compadrito, es mejor no caer en las garras de la furia y darse un margen prudente antes de actuar. Ese momento llegará cuando, pasada la efervescencia, se sepa democráticamente quién regirá los destinos del país el cuatrienio entrante.

Arnaldo Paganetti arnaldopaganetti@rionegro.com.ar


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