Las agrias bodas de oro de los reyes de España

Sus cercanos admiten que están separados desde hace diez años Todos hablan del romance del rey con una joven alemana desde hace mucho tiempo

Por Redacción

Realeza española

No habrá celebración oficial. Y es que, aunque la Casa del Rey asegura que no existe ningún motivo concreto en la decisión que han tomado los reyes de España, Juan Carlos y Sofía, lo cierto es que 50 años después de contraer matrimonio en Atenas parece que no tienen muchos motivos para festejar.

La monarquía española atraviesa una de sus peores crisis, si no la peor, en los 36 años de reinado de Juan Carlos; Iñaki Urdangarín, el marido de la infanta Cristina, su hija mediana, está imputado ante la Justicia en un caso de corrupción y apartado de los actos de la familia real; y los propios reyes están en la picota mediática por un matrimonio que según algunos funciona en lo profesional pero hace ya tiempo que está roto en lo sentimental.

Juan Carlos, de 74 años, y Sofía, de 73, llegan hoy 14 de mayo a sus bodas de oro, medio siglo desde que el entonces príncipe se casara con la primogénita de los reyes de Grecia Pablo y Federica.

Fue en una mañana de sol y calor, en la que más de 130 miembros de la realeza, entre reyes y príncipes, acudieron al enlace en Atenas. Corría el año 1962. España vivía bajo la dictadura de Francisco Franco, que había asumido la tutela del hijo de Juan de Borbón. Y nadie se atrevía a asegurar que la pareja fuera a reinar algún día.

Se dieron primero el “sí quiero” en la catedral católica de San Dionisio y luego celebraron otro enlace por el rito ortodoxo en la de la Virgen María, en una doble ceremonia autorizada por el Vaticano. Sofía tuvo que renunciar a su fe ortodoxa y convertirse al catolicismo. “De mí se escribía entonces en los periódicos españoles que yo era una hereje”, recordaría años después en el libro “La Reina”, de Pilar Urbano.

Su luna de miel fue un viaje por el mundo. Él la llamaba a ella “Sofi”, ella a él “Juanito”. Juan Carlos y Sofía, de entonces 24 y 23 años, ponían el broche de oro a un amor que había nacido del encuentro en un crucero por el mar Egeo que la reina Federica organizó en 1954 con miembros de las casas reales europeas y un reencuentro, en 1961, en la boda de los duques de Kent, en Londres.

Un año y medio después del enlace nació su primera hija, la infanta Elena. En 1965 llegó la infanta Cristina y en 1968, el príncipe Felipe, a quien su condición de varón lo haría heredero del trono español.

Su reinado comenzó con la muerte de Franco: Juan Carlos fue proclamado rey el 22 de noviembre de 1975 y Sofía se convirtió en reina consorte. El matrimonio, ensalzado como ejemplo entre las parejas reales, se ganó a los españoles con su trabajo en equipo y unos caracteres que se complementan en sus apariciones públicas: la extroversión de Juan Carlos frente a la aparente timidez de Sofía; la campechanía de él frente a la diplomacia de ella.

Durante el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, episodio en el que el rey se ganó definitivamente a los españoles con su apuesta por la democracia, la reina desempeñó un papel fundamental para él: “Fue el alma del Palacio de La Zarzuela. Su calma y su serenidad causaron admiración”, contaría sobre aquello el monarca.

Cincuenta años después, y según la periodista Pilar Eyre en su libro “La soledad de la reina”, publicado en enero de este año, ese matrimonio se limita a lo profesional. No existe vida marital desde hace décadas, señala la autora. También el ex director del diario monárquico ABC José Antonio Zarzalejos, una de las personas mejor informadas sobre la casa real, habló hace poco del “notorio fracaso de su matrimonio” y de una vida “prácticamente” por separado.

La vida privada de los monarcas -y de toda la familia real- había sido tabú en los medios de España hasta hace relativamente poco tiempo. Ese tabú fue cayendo poco a poco, sobre todo desde el matrimonio del príncipe Felipe con Letizia Ortiz.

El polémico y desafortunado viaje privado del rey Juan Carlos a Botsuana en abril puso el resto. Se fue a cazar elefantes a África en uno de los peores momentos para la economía española. Nadie se habría enterado, pero se rompió la cadera y tuvo que regresar a España para ser operado.

Y ahí comenzó un episodio que bien podría pasar a los libros de historia. La catarata de críticas de las que fue objeto carecía de antecedentes. Algunas voces plantearon la conveniencia de que abdicara en el príncipe Felipe y otras reabrieron un debate nunca cerrado sobre la monarquía en España pidiendo un referéndum. Entonces, el rey pidió perdón: “Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir”, dijo a una cámara al salir del hospital.

Para ese momento, su relación con la reina estaba ya también en la picota. Medios digitales, pero también periódicos como “El País”, hablaron de la estrecha amistad del rey con una mujer alemana mucho más joven que él que lo había acompañado a Botsuana, una relación a la que ya aludía Pilar Eyre. En esa obra, la periodista apunta a supuestas infidelidades del rey desde hace años con muchas mujeres.

Cuando Juan Carlos fue operado de la cadera, Sofía no interrumpió sus vacaciones en Grecia. Y el día que regresó, pasó sólo 15 minutos con su marido en el hospital, en una habitación en la que en todo momento el matrimonio estuvo rodeado de médicos y personal sanitario. Se habló mucho de ese cuarto de hora y algunos medios lo vieron como la confirmación de una pareja que sólo existe en lo profesional.

DPA