Las ideas de Raúl Ricardo Alfonsín





Se cumplieron tres meses del fallecimiento del Dr. Raúl Alfonsín. Mucho se escribió en los días inmediatos a su muerte pero creo necesario recordarlo ahora con la calma que da éste, aunque sea breve, tiempo transcurrido y especialmente después de acallado el fragor electoral en una campaña que tuvo poco de ideas.

Raúl Alfonsín siempre fomentó el diálogo, la participación y la búsqueda de consensos como herramientas fundamentales para transformar la realidad. En uno de sus últimos mensajes -como sostenía ya en su campaña presidencial- nos dijo que no hay que seguir hombres sino seguir ideas. Respetando el espíritu de ese consejo es que creo que la mejor forma de realizar un homenaje es volviendo a leer y recuperando sus ideas. En estos últimos tiempos mucho se ha dicho sobre Raúl Alfonsín. Aspiro en este homenaje a que él sea el que hable sobre América Latina y la juventud a través de sus escritos y sus discursos.

Sin dudas, el rol de Alfonsín antes y a partir de los procesos de recuperación democrática en Argentina y América Latina se remonta a sus escritos de juventud, a sus años de intensa militancia, que contienen un significado histórico excepcional. (1) Es por eso que quisiera compartir la lectura de su pensamiento y usar (no abusar) sus palabras para escribir estas líneas. Gran parte de los fragmentos que aquí comparto los seleccioné de sus artículos en «Inédito», publicados desde 1966 hasta mayo de 1972, editoriales que eran firmados bajo el seudónimo «Alfonso Carrido Lura», cuando Alfonsín ya era un joven militante y dirigente. También en «El Imparcial», revista que dirigió desde 1968 hasta 1973 y, por último, palabras extraídas de sus discursos y de su «Memoria política» (2004), libro que escribió con la convicción de que para poder hablar del futuro era necesario revisar las acciones más significativas de su gobierno.

Rastrear las ideas en la historia es uno de sus principales consejos: mirar al pasado para construir el futuro. En el prefacio de «Memoria política» dice: «En un pasaje del Génesis, un ángel le advierte a Lot: ´¡Sálvate! ¡No mires hacia atrás ni te detengas! ¡En ello te va la vida!´. Su mujer quiere ver el exterminio de Sodoma y Gomorra. Mira hacia atrás y queda convertida en una estatua de sal. ¿Qué la llevó a mirar hacia atrás? La curiosidad, pensarán algunos, pero, en todo caso, era una curiosidad para observar con odio y rencor el fin de sus enemigos. Yo creo que es necesario mirar hacia el pasado con ojos que contribuyan a la convivencia». (2)

Mirando hacia atrás encontré un artículo de 1969 en el que destacaba la importancia de los resultados del Parlamento Latinoamericano (celebrado en Colombia ese mismo año) acerca de las denuncias y el repudio a los gobiernos autoritarios que rigen los pueblos en América Latina a espaldas de la voluntad popular, de las condenas a la violencia, de las persecuciones, de los destierros y de las clausuras de los cuerpos legislativos. «Es realmente importante para nosotros, que padecemos un gobierno autocrático, escuchar estas voces que se levantan por los representantes de los pueblos libres de Latinoamérica, que nos reconfortan y han de servir como un acicate para todos los hombres de la democracia dispuestos a luchar por la liberación». (3)

Durante su gobierno realizó innumerables acciones destinadas a colaborar con la consolidación democrática en la región y fomentar la cooperación entre los países. Demostró su convicción por la defensa de los derechos humanos al denunciar las violaciones en Chile y Uruguay y al llevar adelante el juicio civil a las Juntas Militares argentinas; su compromiso con la paz a través de la firma de la Declaración Conjunta de Paz y Amistad entre la Argentina y Chile en enero de 1984 y, finalmente, el Tratado de Paz firmado en la Ciudad del Vaticano en diciembre del mismo año con el claro objetivo de desarticular la hipótesis de conflicto sustentada por las Fuerzas Armadas de ambos países; su defensa por la autodeterminación de los pueblos y el respeto al principio de no intervención a través del pleno apoyo al Grupo Contadora, junto con Perú, Brasil y Uruguay, con el propósito de reforzar las propuestas latinoamericanas para lograr una solución negociada en el conflicto de América Central; su coraje político cuando, en los jardines de la Casa Blanca, ostensiblemente dobló y guardó su discurso y dirigiéndose a Ronald Reagan improvisó una respuesta en defensa de los derechos latinoamericanos y su visión estratégica de América del Sur al sentar las bases, con Sarney y Sanguinetti, de la alianza de integración económica del Cono Sur (hoy Mercosur) considerando la necesidad de lograr escalas de mercado que facilitaran el desarrollo de tecnologías propias para contribuir a superar la brecha de la desigualdad con las naciones desarrolladas.

Alfonsín siempre se dirigió con mensajes a los jóvenes: «La posición de la juventud debe ser crítica. Pero no por ello debe dejarse de reconocer lo que se ha hecho anteriormente. La juventud debe mantener un intenso diálogo con los mayores porque antes que ellos tuvieron responsabilidades. Pero deben reconocer en aquéllos únicamente a los que tuvieron ideales y no a los oportunistas (?) Citando a Balzac, se puede decir que la gran diferencia que existe entre ambas etapas de la vida es que la juventud no se atreve a mirarse en el espejo de la conciencia cuando se inclina del lado de la injusticia, mientras que la madurez ya se ha mirado en él (?) el diálogo que ha de entablar la juventud ha de ser mantenido con quienes a través de toda su vida, y muchas veces con sacrificios, han pretendido estar del lado de la justicia». (4)

Alfonsín se miró al espejo. Se encontró con sus aciertos y con sus errores y demostró que, con mucho sacrificio, pretendió estar siempre del lado de la justicia. A través del recorrido por sus palabras he querido resaltar su convicción, su coherencia y su compromiso militante. Muchas veces se suele criticar a los dirigentes por los momentos históricos que les toca vivir y su oportunismo. El fervor de Alfonsín por la democracia no fue producto de la casualidad sino que tiene que ver con su compromiso militante y ello al llegar a la primera magistratura le permitió afianzarla y defenderla. Otros, a los que algunos llaman líderes, levantan las banderas de turno y las defienden como hubieran defendido (y lo han hecho) otras en otros momentos.

De su compromiso militante surge la posibilidad de estructurar sus discursos y escritos de juventud con su accionar como presidente. La formación política de Alfonsín en su juventud fue su fortaleza al llegar al gobierno. La enseñanza para nosotros, los jóvenes, es forjar nuestras ideas y principios y prepararnos con optimismo para cambiar la realidad y no que la realidad nos cambie a nosotros. El «hice lo que pude», «lo que me dejaron» queda para el retiro. El optimismo es la cara de la juventud. En un artículo de 1974 titulado «Lo que les pide Alfonsín a los jóvenes» escribía: «(?) que todo el mundo participe, porque solamente sobre la base de la participación de todos es como lograremos afirmar este país nuestro demorado en el tiempo. Que nadie les venga a decir mañana. A nosotros nos dijeron mañana, a los hombres de la generación anterior a la anterior a la mía, les dijeron mañana. Y así anda el país. Ustedes respondan no. Ahora». (5)

Siguiendo con la coherencia de su pensamiento, en un mensaje enviado al acto realizado por la Juventud Radical para celebrar los 25 años de democracia en la Argentina en octubre del 2008, manifestó: «El mundo en que vivimos nos obliga a ser inteligentes, a encontrar los caminos correctos (?) América Latina está comenzando a dar los pasos fundamentales de una socialdemocracia que solamente podrá concretarse si abandonamos de una vez para todas -repite con voz ronca y énfasis-, de una vez para todas, la idea de que es necesario construir esa democracia social sobre la base de la destrucción de todo lo que existe».

Por último, además de querer destacar al prócer, al político que defendió sus ideas con firmeza, quisiera homenajear al hombre, al ser de carne y hueso, con sus aciertos y errores, y no sólo por el bronce que hace tiempo recorre sus venas. El mejor homenaje es seguir sus ideas democráticas y defenderlas, desafiando así su irreparable desaparición física. Los que sentimos pasión por la política, desde cualquier espacio, debemos agradecerle en primer lugar -o quizá en último, depende de cómo lo veamos, lo dejo a consideración de cada uno- por ser presidente de todos los argentinos y consolidar la democracia; en segundo lugar, como líder, dirigente y militante político y en tercer lugar, como persona.

 

MARIANA RULLI (Politóloga) Especial para «Río Negro»

 

(1) «Inédito»: «Una batalla contra la dictadura», Legasa, Buenos Aires, 1986.

(2) Alfonsín, Raúl: «Memoria política. Transición a la democracia y derechos humanos», Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2004.

(3) «El Imparcial», 17 de setiembre de 1969.

(4) «El Imparcial», 18 de enero de 1970.

(5) «El Imparcial», 11 de mayo de 1974.

MARIANA RULLI


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