“Las madres del Valle”

Por Redacción

Lleva la desesperanza a cuestas, guarda una sonrisa entre los labios, como todo humilde lleva su cruz, esconde el dolor en su alma y su espalda carga a su familia; a su lado, su eterna compañera: la pobreza. Su rostro es de los cientos que sufren y se apagan, las promesas de un mañana mejor están lejanas. Hoy no se da la oportunidad, es como un invierno largo pero sin final, a pesar de todo no se entrega. Si no lo sabés, soy la mujer de la fruta, no hay frío, viento, lluvia o calor que pueda detener mis ansias de trabajo. Cuando llegue enero me verán pasar llena de esperanza, qué importa el cansancio que esperando está. Las peras y manzanas gastaron mi piel, mujer de la fruta, abuela canosa, cuántas temporadas en tu espalda llevás. Ya no son las mismas tus manos cansadas, el brillo de tus ojos perdieron esplendor, mujer de la fruta, las novias del Valle, las madres sufridas, mujer de la fruta, la abuela y la madre de mis hijos, en esta poesía las quiero homenajear. Mujer de la fruta moviendo las manos, no importa si tu hijo enfermo, total, allá lejos en playas lejanas, tu esfuerzo de días los gasta el sindicalista o el patrón, pero ella aguanta todo, su único capital, su pobreza decente. En una primavera sin flores, un cielo sin golondrinas ni mariposas, una noche sin luna, un amanecer sin luz, un árbol abandonado pero da flores. Eso las llena de amor y las enorgullece, es la reina de los hogares, sólo le falta un título de nobleza, una corona de estrella en su cabeza y a su lado la eterna compañera, la pobreza. Eduardo Pérez, DNI 7.560.490 Allen

Eduardo Pérez, DNI 7.560.490 Allen