Las medias verdades de Salud

Por Alicia Miller amiller@rionegro.com.ar

Redacción

Por Redacción

En política, un todo nunca es igual a la suma de las partes.

Como ejemplo, lo que se dice sobre la administración de la salud que depende hoy del Estado rionegrino es una serie de medias verdades -o porciones bastante menores en ocasiones- que terminan generando más confusión y desaliento.

Mientras, hay gente que se atiborra de madrugada para sacar un turno en los hospitales; hay trabajadores hospitalarios que viven con impotencia su obligación de hacer cada vez más con menos; y hay prestadores privados esforzados y honestos que ven cómo el nivel de sus ingresos resbala hacia abajo por una pendiente que no parece tener fondo.

Pero también hay desaprensión y falta de una organización disciplinada que garantice buena atención en los hospitales; hay un vaciamiento y deterioro de los servicios públicos producto de años en que la política oficial fue derivar casi todo al sector privado; hay médicos privados que han dejado de ejercer su profesión para constituirse en una plutocracia de «primus inter pares» que sólo se beneficia a sí misma; y hay servicios privados que se abusan a través del «plus» como antes lo hacían con la sobrefacturación.

Todo esto es cierto.

Y lo es desde hace tiempo.

Y nadie ha dado suficientes muestras de querer resolverlo.

Pero parece haber estallado ahora, cuando el dinero es el bien más escaso en la Argentina. Más aún que la calma o el optimismo.

La designación de Mario Rivoire como secretario de Salud Pública de la provincia fue, en este marco, poco más que una anécdota. Y hasta es probable que una mente propensa al pensamiento conspirador pueda suponer que, al nombrar a alguien tan contrario a sus propias ideas, el gobernador Verani buscó calmar las quejas de los hospitalarios y, tal vez, tener a quién responsabilizar luego, por una situación tan difícil como preexistente.

Ni Rivoire es el demonio que ven en él las federaciones Médica y de Clínicas, ni el sector privado es el cúmulo de iniquidades que dice la UPCN… y así sucesivamente, hasta llegar a afirmar que, muy posiblemente, las cosas no hayan quedado tampoco resueltas con la ley que el jueves aprobó la Legislatura en primera vuelta.

Si el proyecto original del peronista Rubén Giménez buscaba garantizar el dinero que el Estado tiene la obligación de girar al Ipross, la repentina adhesión de los diputados aliancistas lo transformó pronto casi en su antítesis.

Esto sucedió a media semana, cuando el texto reformado ponía énfasis en girar recursos del Ipross a los hospitales, argumentando que están atendiendo al 70% de los afiliados a esa obra social. Pero cuando llegó al recinto legislativo, el proyecto había tenido tantos enjuagues que podría decirse que buscó quedar bien «con Dios y con el diablo» (y esto para seguir con la metáfora).

La cuestión es que hasta las federaciones admiten que un 40% de los afiliados al Ipross se está atendiendo en los hospitales. Más allá de los porcentajes -el gobierno asegura que son muchos más- esto implica que es indebido que el sector privado cobre el ciento por ciento de la cápita. Podría luego discutirse cómo hacer para llevar un control estricto de las prestaciones, porque es posible que la suma total diera el 120%, ya que una misma persona puede atenderse en uno y otro sector en un mismo período, según tenga o no el dinero para pagar el coseguro y el plus.

Y aquí se llega a otro punto: los médicos privados aseguran que no pueden vivir con una cápita menor a la que perciben, pero hay otros dos flujos de fondos que les llegan en forma mucho más directa y en riguroso «cash», que son pagados por los afiliados: uno de ellos está integrado por la venta de órdenes y coseguros de prácticas, que administran los colegios médicos. El otro, por el «plus» que cada profesional recibe en su consultorio.

Y esto alude a otra realidad, tan cierta como todas las precedentes: que si el Estado no paga o lo hace con seis meses de atraso, resulta el peor de los interlocutores, el más débil, porque carece de credibilidad para sellar todo compromiso.

En resumen, el Estado no ha sabido administrar ni controlar. Y hasta que no aprenda, la salud no mejorará.

Una cuestión de poder

Verani jugará hoy una carta importante tendiente a evitar que su ministro de Economía, José Luis Rodríguez, sea interpelado por la Legislatura. Para eso convocó a legisladores y gabinete, a fin de explicar la situación nacional para las provincias. Pero, más allá de los números, se trata de una cuestión de poder. No digiere que su ministro haya sido citado con los votos del Grupo Agenda, y hasta de los veranistas.


En política, un todo nunca es igual a la suma de las partes.

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