Sociedad

Las Ovejas, un pueblo que cambió la mirada sobre la violencia machista

El doble femicidio de Carina y Valentina, el año pasado, obligó a las instituciones a abordar el tema desde innumerables aristas. Un proceso de reparación que hoy continúa.

El doble femicidio de Carina Apablaza y su hija Valentina, de 11 años, cometido por Lorenzo Muñoz fue un espasmo para la localidad de Las Ovejas. No hay registro, en la historia del pueblo de 1.316 habitantes del norte neuquino, de un asesinato público de dos mujeres que se le asemeje. Esa convulsión sostenida se volvió un hito: la violencia machista ya no sería más un tema puertas adentro. Desde el 22 de febrero de 2018 las instituciones comenzaron un proceso de memoria y reparación que hoy continúa.

“Una de las médicas, cuando hablamos al otro día, o a los dos días lloraba y decía: “Vos no entendés, lo hizo para todas”, cuenta Rocío, la trabajadora social del hospital local que asistió a la niña cuando se develó el abuso sexual perpetrado por el hombre, que había sido pareja de Carina. Ambas vivieron allí hasta que, a través del Municipio, se les gestionó un alquiler.

Ella integra la Red Interinstitucional y Comunitaria Las Ovejas. De ese espacio participan hace 8 años representantes de los establecimientos educativos y del gobierno local.

“Estábamos a diez días, por calendario, de recibir en las aulas a los chicos, eso nos volaba la cabeza”, afirma Silvina, que está a cargo del jardín rural N°54, y es parte de la red. La jornada institucional de la semana siguiente al crimen derivó en una reunión ampliada con referentes de los ámbitos más diversos. Lo primero que nació fue “la muraleada”. Los patios, los pasillos y los frentes de los colegios se llenaron de mensajes cuyo objetivo era poner en valor la vida.

El ciclo lectivo 2018 estuvo marcado por una huelga docente que se extendió 43 días. En el pueblo se decidió iniciar las clases, tener a los chicos en las aulas, más aún con la invasión de policías en una búsqueda extensa e infructuosa. Las escuelas alojaron la angustia.

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En Las Ovejas viven 1.316 habitantes, según el último censo poblacional. El pueblo es visitado especialmente en enero por la fiesta de San Sebastián. (Fotos: Florencia Salto)

“Hay familias que durante 23 días encerraron a sus hijos e hijas por miedo. Acá los niños suelen estar hasta las 12 de la noche jugando en la calle. Hay tanto relajo de que en el pueblo no pasa nada, que me parece que nos hizo tomar conciencia de otras realidades, porque no pasaba en la tele, nos pasó a nosotros”, explica Silvina.

Rocío suma: “Además el protagonista era del pueblo, porque a veces pasa que viene gente de afuera o que vive acá pero que viene de otro lado. Era un tipo nacido y criado, era un vecino de la comunidad”. Muñoz había sido portero de casi todos los colegios (ver aparte).

Las Ovejas es una localidad de 82 años. La escuela 30 es anterior a la fundación: tiene 110 años. Allí trabajaba la expareja de Muñoz, concurría uno de sus hijos, e iba Valentina, que estaba a punto de empezar séptimo grado. Había duelos múltiples.

El hecho de que no fuese un extraño, que su familia viviera en la comunidad y que una parte fuese acusada de encubrimiento (luego enjuiciada y absuelta) agregaba complejidad a la trama. “Siempre supimos que el único responsable era Lorenzo Muñoz. Cuando fuimos a ver a la mamá ella nos decía: “Nosotros pensamos que nunca nos iban a venir a ver”. ¿Cómo? También estaba sufriendo”, asegura Rosana, trabajadora social del municipio, activa en la red.

Eso no implicó suavizar lo que pasó: “Fue necesario ponerle nombre. Esto es violencia de género y es doble femicidio. De eso no hubo dudas, esté quien esté en el aula o en la institución”, aporta Natalia, del equipo de asesoría pedagógica de la EPEA N°1, también de la red.

Si el dolor tuviese un sonido, para los ovejinos, sería el del zumbido del helicóptero, que llegó a pasar hasta tres veces por día. El proceso de resignificación no concluyó con la aparición del cuerpo: Muñoz no se podía transformar en un chivo expiatorio. Había habido casos de abuso y maltrato antes de él y los habría después. “Vos mirás acá cuántas mujeres trabajan, se independizan económicamente, como un indicador y la verdad que no son muchas, el tema es la dependencia económica”, sostiene Rosana.

Para Rocío: “Él fue una expresión de algo que acá pasa y pasó siempre. Por eso me parece oportuno que hayamos orientado todo el trabajo hacia ahí, para seguir aportando a ese camino de reflexión y de cambio, y salirnos del estupor y del espanto. Somos parte de esta cultura y podemos estar criando un hijo con problema de violencia, podemos tener hermanos con problemas de violencia o una pareja”.

¿Se hizo lo suficiente para impedir el doble femicidio? “Lo que nosotros teníamos que hacer era cumplir con un protocolo en situaciones de violencia y es lo único que nos dejó dormir tranquilas. Que ese protocolo que sabemos que hay que hacer se hizo, en relación a la intervención, la denuncia, el acompañamiento”, plantea Silvina. Esa revisión fue clave. “A mi me ayudó mucho el ver que las pibas de la EPEA son otras. Pueden hablar, pueden ver, pueden exigir, están paradas desde otro lugar”, manifiesta Natalia.

En el acto de colación de séptimo, a fin de año, los compañeros de Valentina pusieron una silla para representar su ausencia injusta y hacerla presente. El que quería dejaba una flor o un papelito para recordarla.

Por el lugar del hecho pasan cotidianamente las camionetas de Corfone rumbo al aserradero. Los trabajadores de la planta hicieron, luego del doble femicidio, un taller de masculinidad que dictó el ministerio de Ciudadanía. Todo un signo de época.

El sitio de memoria es una pequeña casita de madera con las fotos de ambas que está abrazada por los árboles. Allí se celebran misas y se hacen marchas. Hoy el único ruido es el del viento que hace silbar los pinos.

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Dos números clave

10
días vivieron en el hospital de las Ovejas Carina y valentina, luego de denunciar el 24 de octubre a Lorenzo Muñoz por abuso sexual de la niña. Casi cuatro meses después fueron asesinadas por el hombre en la vía pública.
23
días buscó la policía a Muñoz. Desplegó un operativo con motos, perros y un helicóptero. Su cuerpo apareció el 17 de marzo cerca del lugar del hecho. La autopsia indicó que se suicidó.

Violencia machista

58
femicidios hubo en Neuquén entre los años 2000 y 2018, según el informe publicado por la subsecretaría de las Mujeres de la provincia
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“Él trabajó acá, fue compañero nuestro"

-¿Qué se acuerda de esos 23 días?

-¿Qué me acuerdo? Ehh (suspira) Uff. ¿Puntualmente? Puntualmente no sé de que me acuerdo, me acuerdo de todo. Desde el momento en que me enteré la noticia, lo que me pasó, lo que sentí, lo que sintió mi familia. El día que nos enteramos justo estábamos con mi hijita y un primito que eran compañeros de Valentina y eso fue un momento que… al principio ellos se quedaron mudos, pero se nota que por dentro lo estaban procesando, hasta que empezaron a hablar, y a expresar como se sentían y eso fue durísimo.

El que responde es Fabián Parada, vicedirector de la EPEA N°1. Muñoz trabajó allí como portero. Lo nombra en presente. “Fui compañero de Lorenzo en la primaria, lo conozco de toda la vida porque el pueblo es chiquito”, comenta.

-¿Cómo convive con el recuerdo de la persona que conoció?

-De él trato de no acordarme mucho, si trato de tener presente lo que pasó en sí, y a las chicas.

Fabián dice que “cada institución, cada persona, cada familia lo expresó como le salía: yendo a las marchas, haciendo silencio, guardándose en su casa. En el caso nuestro con talleres con los chicos, charlas, actividades.”

Insiste : “ nos toca a nosotros como comunidad educativa acompañar el crecimiento y tratar de que nuestros chicos el día de mañana no sean personas violentas, personas abusadoras, acosadoras o femicidas .”

En el pasillo de la escuela agropecuaria hay un póster de ESI. El vicedirector afirma que abordan los contenidos. “Ahora se vienen otras discusiones que no se han dado todavía: tema de aborto, tema transgénero, que no van a ser fáciles pero son lindos desafíos”, agrega.
Durante un tiempo evitó el lugar del hecho: “No me gusta pasar por ahí. Igual lo hago, lo hago porque lo tenemos que hacer, lo tenemos que afrontar como duelo también, como sociedad.Eran personas, eran mujeres que fueron brutalmente asesinadas, algo que no nos pasó nunca, que nunca pensamos que nos podía llegar a pasar.”

“En una ciudad por ahí es común tener este tipo de situaciones. Acá, no”

afirma Fabián Parada, vicedirector de la EPEA

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