Las plumas y la miel



Bariloche

Los acontecimientos en Bolivia no pueden dejar de hacernos ver que en todo esto hay una intromisión de aquellos que no se bancan las plumas, y es así desde hace 500 años.

Uno espera que se aprenda a convivir con los pueblos indígenas, y que en ese aprendizaje se pueda reconocer la sabiduría ancestral de los mismos, porque los “blanquitos” no creo que hubiéramos durado mucho en los ambientes que millones de años atrás supieron vivir estas culturas.

Pero el poder y la supremacía es blanca, por eso los negros fueron esclavos de estos y no fue al revés. Cada vez que un originario se levanta -el caso del Mahatma Gandhi y sus seguidores es un hecho universal que lo demuestra-, los blanquitos se ponen nerviosos, y disparan a mansalva para protegerse de ellos mismos. ”Que no se avive el indio”, dicen.

Y en Bolivia el indio se avivó, y hace unos años llegó al poder, y los demás indios vieron que se podría vivir un poco mejor. Así transcurrieron 13 años donde Evo, un dirigente de origen aymara, gobernó un país donde los blanquitos tienen el poder económico, en especial en el manejo del gas y la minería. Tuvo que soportar la misma discriminación, xenofobia y racismo que todo el pueblo boliviano, pero siendo presidente de la Nación.

Evo aprendió a ser presidente, transformó a Bolivia en una economía donde el blanquito del FMI tuvo que reconocer “el milagro boliviano”. En el transcurso ganó elecciones con el 60% de los votos, y cometió errores propios de un aprendizaje.

Evo cometió un pecado que seguramente durará en la memoria de quienes se beneficiaron del mismo: le enseñó al pueblo más relegado y nativo el sabor de la miel… Ellos, que vivieron 500 años de amarguras, supieron que la miel existe, que la pueden comer como el blanquito. Y cuando un pueblo acostumbrado a la amargura prueba la miel, por más golpe de Estado que se arme, tarde o temprano reclamará una porción.

Jorge Luis Fernández Avello

DNI 12.862.056


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