El biólogo que convirtió el Golfo San Matías en un escenario de cuentos con muertos

Criado en San Antonio Oeste, Hugo “Cobi” Zucchini recupera escenas de infancia, mitos locales y episodios oscuros de los años 70 en su primer libro de relatos. Un universo donde la memoria y lo fantástico conviven con los muertos del Golfo.

Antes de convertirse en escritor, Hugo Gustavo Zucchini -Cobi, no solo para quienes lo conocen de cerca sino también su modo de firmar y presentarse- aprendió a mirar el mundo en el Golfo San Matías, más precisamente en San Antonio Oeste, donde vivió entre los nueve y los diecisiete años. Ese tramo de vida – la infancia, la adolescencia- se convirtió ahora en el escenario de “Cuentos con muertos en el Golfo San Matías”, su primer libro, publicado a fines de 2025.


Son cinco cientos cuentos, todos protagonizados por niños o adolescentes, que atraviesan una situación oscura -a veces siniestra- que genera un paso brusco a la adultez. Es el mundo de la infancia mirado con un filtro que no embellece, no idealiza, ni amortigua nada.


Nacido en Morón y formado como biólogo en Buenos Aires, igual se siente rionegrino: vuelve tres o cuatro veces al año a visitar a su familia, que vive entre Roca y Cipolletti.


Infancia, adolescencia y muerte: el origen de los cuentos



El origen del libro no fue un proyecto deliberado sino un descubrimiento. Zucchini cuenta que, al revisar lo que venía escribiendo en los talleres de escruitura a los que asiste desde hace años, encontró un conjunto de relatos que compartían tres coordenadas: el Golfo, la adolescencia y la presencia de la muerte. “Me encontré con una serie de cuentos que estaban vinculados con San Antonio Oeste… y también vi que el hilo conductor de todo eso es que había muertos en el medio”. No se trataba de una búsqueda temática sino de una sedimentación: escenas, recuerdos, silencios y pequeñas violencias que se mezclaban con la memoria y la ficción que les dio forma.


La memoria como territorio narrativo



La memoria, de hecho, es uno de los núcleos del libro. Zucchini vuelve una y otra vez a esa pregunta: ¿de qué está hecha? ¿Qué recordamos realmente y qué inventamos para sobrevivirnos?. “Siempre me pregunto de qué está constituida la memoria: ahí está lo que uno recuerda, o lo que no se recuerda, pero que son partes constitutivas de uno. A la memoria se la tergiversa, a favor o en contra de uno”, dice. En sus cuentos, esa memoria no es un archivo confiable sino un territorio movedizo donde conviven lo vivido, lo imaginado y lo que el pueblo que el describe quiso creer.


Los relatos transcurren, salvo uno, entre 1973 y 1978, años marcados por la violencia política, pero también por un paisaje -San Antonio, Las Grutas- que no era lo que es hoy.


Infancias oscuras: decisiones ambiguas y zonas grises



Zucchini no idealiza la infancia ni la adolescencia: sus protagonistas tienen zonas oscuras, toman decisiones ambiguas, muestran impulsos que no encajan con el ideal de la inocencia. En un cuento, un adolescente mata a un viejo; en otro, un amigo muere ahogado; en otro, un abuso sexual se vuelve secreto compartido y silenciado por todos. “Supongo que hoy en día no sería así. Creo, o quisiera creer que se reaccionaría de otra manera, nointentando ocultarlo, evitarlo, callarlo. Pero mi recuerdo de esos tiempos son esos: mucho de pueblo chico, infierno grande”.


Hay también dos registros fantásticos: “El gigante en la playa” y “Un hermoso día de verano”. El primero es un homenaje doble: a Amarcord, de Fellini, y a “El gigante ahogado”, de J. G. Ballard. El Golfo funciona ahí como escenario y como mito: un cuerpo descomunal que aparece en la costa y que el pueblo observa, interpreta y distorsiona. La mirada del narrador adolescente, atravesada por el desconcierto y la fascinación, sostiene el relato en un borde entre lo posible y lo fabuloso.


El segundo es una especie de rebelión de los tehuelches: un ejército de esqueletos que vuelve a la aparentemente apacible Las Grutas para ajustar cuentas tras años de negación. “Hay una especie de venganza de los pueblos indígenas contra lo avasallador”, dice.


Otro cuento que se aparta del realismo para internarse en una fantasía histórica es el del supuesto submarino nazi hundido en Bahía Creek. La leyenda circula desde hace décadas en San Antonio, y Zucchini decide llevarla al extremo. “La idea de que haya un submarino es una idea súper atractiva. Todos queremos creer que hubo un submarino. Esto también tiene que ver con la memoria, con lo que nosotros queremos que haya ocurrido y no ocurrió”. En el cuento, un padre de apellido alemán recrea ante su hijo un viaje que hizo con su propio padre una noche de 1945, cuando emergió un submarino y unos hombres -claramente nazis- le entregaron lingotes de oro. Hay robos, traiciones, muertes (por supuesto) y secretos.


Zucchini es biólogo. Y aunque la biología no aparece de manera explícita en estos cuentos, su formación asoma en la observación minuciosa del paisaje, en la atención a los cuerpos, en la manera en que el Golfo se vuelve un ecosistema narrativo. De todos modos, él reconoce que le cuesta integrar la biología a la ficción, y que cuando lo intentó de manera directa no le gustó el resultado.


“Cuentos con muertos en el Golfo San Matías”, que se consigue en las librerías de la región, editado por él mismo, funciona como un cierre y como un comienzo. Zucchini siente que este ciclo de infancia en el Golfo está terminado. Ahora está escribiendo otra cosa: relatos de ciencia ficción situados en una Buenos Aires distópica, futura, que ha dejado atrás el territorio dela infancia.


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