«Vivir con nuestros muertos» o cómo aprender a celebrar la vida
La rabina y escritora francesa reúne once relatos de acompañamiento al final de la vida y reflexiona, con claridad y sin solemnidad, sobre cómo las palabras permiten atravesar la pérdida. Un libro que ilumina los rituales judíos y la necesidad de narrar para seguir viviendo.
En “Vivir con nuestros muertos”, publicado en español por Libros del Asteroide en 2022 y un fenómeno editorial en la Francia pos covid, la rabina y ensayista francesa Delphine Horvilleur -una de las primeras mujeres en ejercer el rabinato en Francia- ofrece un libro que esa la vez, un tratado de consuelo y una meditación luminosa sobre la fragilidad humana.
A partir de su experiencia acompañando duelos (ha oficiado muchísimos entierros; entre ellos, el de Elsa Cayat, una víctima de la matanza en la revista Charlie Hebdo, y el funeral de Estado de Simone Veil), Horvilleur narra con delicadeza y sabiduría escenas que suelen quedar fuera de foco: los silencios que se cuecen en las familias, las preguntas, el momento en que la muerte irrumpe y desordena todo. Su tarea, dice, consiste en “acompañar a mujeres y a hombres que en un momento crucial de sus vidas necesitan narraciones”, porque el duelo -está convencida- también es un trabajo de palabras.
El libro se teje con tres hilos -la vida interrumpida, la interpretación de los textos sagrados y la propia biografía de la autora- para construir un puente entre vivos y muertos: “El papel del narrador es quedarse junto a la puerta para asegurarse de que permanece abierta. (…) Solo cuando la vida y la muerte se dan la mano puede continuar la historia”, escribe.
Lo que distingue a Horvilleur no es solo lo que cuenta, sino cómo lo cuenta. Su escritura avanza con una mezcla de humor, ternura e inteligencia. Puede pasar de un funeral a un midrash, de una anécdota íntima a una reflexión filosófica, sin perder naturalidad ni cercanía. Hay en su voz una calidez que vuelve legible incluso lo más doloroso, y una ironía que resulta incluso confortable y que permite respirar en medio del duelo. “Los muertos siguen hablándonos, pero necesitamos aprender a oírlos”, escribe.
El libro tiene 192 páginas y superó los 200.000 ejemplares vendidos en Francia. El dato sorprende porque la muerte no suele figurar entre los temas preferidos. Sin embargo, Horvilleur logra algo poco frecuente: ofrecer un texto accesible y profundamente esclarecedor sobre eso que la cultura occidental suele evitar o reducir a fórmulas de autoayuda. Este es un libro sobre personas que han muerto, pero también sobre quienes quedan y buscan sentido en medio del dolor. Habla del legado, del duelo, del consuelo posible y de la función de los rituales para atravesar el camino.
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