“Literatura que cuenta”, un libro que explota la crónica periodística

Un libro de Juan Cruz Ruiz que reúne entrevistas a algunos de los mejores representantes de la crónica a través de algunos representantes como Leila Guerreiero y Josefina Licitra entre otros.

Por Redacción

LIBROS

En “Literatura que cuenta”, el español Juan Cruz Ruiz reúne entrevistas a algunos de los mejores representantes de la crónica para explorar cómo el género se ha colocado en la cima de la producción literaria hispanoamericana en el último tiempo a través de algunos nombres -Leila Guerriero, Alberto Salcedo Ramos o Josefina Licitra- que han sabido cultivar con maestría los secretos de ese periodismo narrativo.

“El género es el periodismo -despeja dudas Cruz, periodista, editor y escritor español en entrevista por correo electrónico con Télam-. Periodismo absoluto, bien escrito. Pero si no es periodismo bien escrito no es periodismo, sería otra cosa. Sería ficción, por ejemplo. Para escribir bien el periodismo ha de tener datos. Sin datos eso sería literatura, noble arte donde la haya, pero no es periodismo”.

Por eso quienes labran el género son “periodistas literarios”, como parafrasea Cruz a la etiqueta de Norman Sims: cronistas sin urgencia de la coyuntura pero con la urgencia de la realidad. A través de conversaciones y entrevistas, el libro congrega a algunos de sus mejores exponentes, mucho de ellos procedentes de América Latina, la región que a su entender funciona como la capital de ese ritmo periodístico.

El primero que lo hechizó con ese modo tan particular de narrar los hechos fue Gabriel García Márquez porque lo supo hacer “sin complacencia ni demagogia”: “Su manera de contar es libérrima, pero siempre hay dentro información, percepción personal y directa de lo que vio”. También Jorge Ibargüengoitia, “otro legendario cronista, cuyo libro `Rebelión en el jardín`, sobre lo que vivió en Cuba en 1964, debería enseñarse en las escuelas de periodismo y de política”, apunta.

Pero aquí, en “Literatura que cuenta” (Adriana Hidalgo), son sus más contemporáneas voces las que dan cuenta del entramado narrativo y vital que colocó al género en uno de los más aplaudidos del último tiempo en materia de producción literaria en España y América Latina, con un apogeo de espacios -publicaciones, cursos, libros, encuentros- que glorifican sus formas y el modo en el que desciende a los significados menos aparentes.

Leila Guerriero, Josefina Licitra, Martín Caparrós, Jorge Fernández Díaz, Héctor Abad Faciolince, Juan José Millás, Alberto Salcedo Ramos, Manuel Vicent y Juan Villoro son los nombres que se suman a esta publicación, en la que probablemente “faltan muchos cronistas, pero no sobra ninguno, desde mi modesto punto de vista”, considera el periodista, cofundador del diario español El País, hoy a cargo de la sección cultura.

Algunos más reacios a hablar de sí mismos, otros más sueltos para recorrer los costados que hacen a un buen contador de historias, cada uno de ellos transita con sus respuestas la infancia, las postales de los primeros pasos en la profesión, las lecturas que los acompañan, el modo en el que escriben y observan lo que sucede, los rituales de la escritura, las tentaciones de la ficción y las fronteras -en estos coinciden todos- siempre claras cuando de realidad se trata.

Sucede que Cruz va, sin límites de tiempos, tras la llave que atesoran sus autores y el género que moldean para comprender cómo lo logran y cómo construyen sus investigaciones: silencios, omisiones, gestos, miradas. Ese es el insumo que mejor alimentan. ”En cada caso tenía un leit motif, una curiosidad principal; e indagué sobre sus principios; como son tan buenos escritores, en seguida entraban en materia, y yo seguía preguntando con la ambición de saber”, explica.

Y está también Elena Poniatowska a modo de epílogo aunque en formato entrevista. ”Es una maestra. Por eso está ahí, dictando su lección de amor por el periodismo. Desde muy joven, con su peculiar manera de preguntar, como si fuera una niña tonta que no sabe nada, descubrió mundos insólitos, en los mercados, en las plazas y en las cárceles. Su esfuerzo fue el noble esfuerzo de quien quiere saber para contar”.

Desde México con Poniatowska hasta Argentina con Josefina Licitra y Manuel Vicent en España, el hilo conductor que une a los autores reunidos en el libro, confía Cruz, es “mi admiración por ellos. El amor por el periodismo. La vigencia de su ilusión literaria. El respeto común por maestros en muchos casos comunes. El magisterio que han alcanzado y el vigor que los mantiene ilusionados por contar”.

Si bien cada conversación tiene su tono, todas ellas rastrean, de una u otra forma, fundamentalmente la trayectoria personal de los cronistas y el modo en el que entienden su trabajo -periodismo narrativo, literatura que cuenta, crónica periodística- “una pregunta lleva a la otra. -dice Cruz-. Cuando entrevisto me empeño en olvidarme de mi y de mis propios conocimientos: pregunto para saber de otro y para que otros sepan de los otros”.

Esa curiosidad por saber para contarle a otros el peridiodista la ensaya desde pequeño. “Mi primer ejercicio, elogiado quizá sin motivo por la maestra, fue un viaje de mi casa a la plaza del pueblo. Ella me tachó una sola palabra y me dijo que tenía porvenir. Porvenir ha habido, pues llevo en esto más de medio siglo”, recuerda el autor de “Crónica de la nada hecha pedazos!”, “El sueño de Oslo” y “Ojalá octubre”.

Como explica en su divertido prólogo “Envidia de escritura”, el interés por entender la esencia de esa pata literaria del periodismo viene de mucho tiempo atrás, él mismo también la lleva a sus textos: “Ryszard Kapucinski (periodista y cronista polaco) dice que este es un oficio en el que has de estar toda la vida estudiando, aprendiendo; aprendes en cada cosa que haces y de cada persona que entrevistas”

“Decía agrega más- Eugenio Scalfari, el legendario periodista italiano: `Periodista es gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente`. Eso es un periodista, gente, y los demás le ayudan a ser mejor gente, o mejor periodista. Decía también Kapucinski que los cínicos no sirven para este oficio. Eso es: el periodista tiene que ser buena gente”.

Pero además de esa consigna, a Cruz siempre lo convocó algo que considera muy particular de la profesión: “el ritmo en la escritura periodística”, una cadencia que aprendió “leyendo muy pronto a los escritores latinoamericanos, y sobre todo a García Márquez”. El ritmo del que habla es, ni mas ni menos, que “el texto periodístico”.

En los diarios anglosajones, ejemplifica, “lees hasta el final cualquier cosa (aunque se trate de una aventura de gallinas) porque la escritura es rítmica, sensual, musical, y uno se queda atrapado. Eso me ha sucedido con los nuevos cronistas escritores latinoamericanos. También hay españoles muy suculentos a ese respecto, pero la capital del ritmo periodístico español es hoy América Latina”, condensa.

Télam


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