“Lo mejor que hizo Benedicto XVI es irse”

Diplomático, junto con Felipe Solá, Ana Cafiero, Alicia Pierini, entre otros, desde Cristianos para el Tercer Milenio se han convertido en una voz crítica de conductas de la jerarquía de la Iglesia Católica.

Por Redacción

entrevista: Hernán Patiño Mayer, Exembajador en Uruguay y en la OEA

CARLOS TORRENGO

carlostorrengo@hotmail.com

–Se fue Benedicto XVI…

–Fue lo mejor que hizo: irse, renunciar.

–¿No deja nada?

–En relación con avanzar sobre los inmensos problemas que tiene hoy la Iglesia Católica, no deja nada. Cuando hablo de problemas, me refiero, entre otros, al orden de las conductas de El Vaticano y planos muy amplios de la máxima jerarquía católica. Conductas que hacen a tapar, a poner bajo la alfombra, a disimular incluso delitos de naturaleza sexual, económico-financieros –como le hemos señalado nosotros en una reciente declaración–, cuyos autores son ministros de la Iglesia Católica. Papado y jerarquías que incluso si se han visto en situación de no poder evitar referirse a esos delitos, bueno reflexionan desde mucha ambigüedad… ¡Nada se avanzó con Benedicto XVI en lo concerniente a asumir estos temas desde un sinceramiento claro, preciso, moral! Persistió el involucionismo…

–¿Usted está hablando de hipocresía?

–Por supuesto.

–Apelando a una configuración propia de la Revolución Francesa el “alto clero”, o sea las máximas jerarquías, con esta conducta ¿se aleja del “bajo clero”, o sea del bolsón más amplio de la Iglesia?

–Ese “bolsón” es más amplio. Hace a lo que los cristianos llamamos el “pueblo de Dios”. De él se aleja. Por eso, de frente a la elección de un Papa, en nuestro documento advertimos que la jerarquía involucionó hacia un clericalismo deformante de la verdadera identidad de ese pueblo, que no es un pueblo excluyente de lo distinto, de quienes no participan de nuestras creencias. Unos y otros, creyentes o no, podemos trabajar a favor de la vida, en dignificarla. Sin embargo, con Benedicto XVI, por más que se hayan elaborado ciertos adornos para explicar lo que Benedicto quiso decir en este o aquel caso, durante su papado se siguió discriminando lo diferente. A las fuentes me remito…

–¿Ustedes están en línea a que las mujeres puedan acceder al sacerdocio?

–Desde lo personal, sí. No le temo al tema.

–¿Qué es no temerle?

–Debatirlo. Hablarlo.

–¿Hace a una discriminación que no puedan acceder al sacerdocio como sucede en la Iglesia Anglicana?

–Es discriminación dentro de toda una política de discriminación de la mujer que avala El Vaticano. Cristianos para el Tercer Milenio denunció incluso la postergación de la mujer en el definir la tarea religiosa: sólo se la tiene como colaboradora, no más.

–Pero eso viene del mundo de sospechas veladas y no tan veladas, de mucho del poder de la Iglesia desde tiempos que ya son neblina…

–Eso no nos puede condicionar a mudar. Y hay que hacerlo antes de que se profundice la crisis que sobrelleva la Iglesia Católica.

–¿Está perdiendo gravitación?

–La gente no se aleja de Dios, se aleja de la jerarquía de la Iglesia debido a las conductas de ésta. Por supuesto que también se buscan otras alternativas, lo dice el crecimiento de otros credos, pero desde la Iglesia Católica el problema es la hipocresía con la que se asumen los desafíos de cara a un mundo que cambia.

–Las iglesias están cada vez más vacías. ¿Está afectado el poder ritual de la iglesia? Hans Kung, quizá el teólogo que más ha advertido en el último cuarto de siglo sobre esta crisis, dice que el problema de El Vaticano desde hace siglos es asumirse como control social. Desde su catolicismo, en esto coincide, por caso, con Gramsci.

–Y la Iglesia no tiene que ser eso. Sí, lo ritual está bajo cuestión. Absolutamente. Y las iglesias se van vaciando también de jóvenes. Los chicos que creen van a una peregrinación se reúnen para trabajar a favor de los más necesitados, que es una forma de asumir a Cristo, pero resisten un ritual que divide en los hechos a la sociedad entre buenos y malos. El Vaticano de Ratzinger y el grueso de la jerarquía hacen de Dios un autoritario, sancionador, siempre esperándonos para castigarnos. Nada de entendernos en nuestra complejidad. No para justificar, sí para acercarse.

–Pero ese Dios sancionador es un dictado que llega de siglos.

–Y de eso se trata: de hacer de él lo que algunos se empecinan que él no sea. Hay que despojar incluso a la Iglesia Católica de todo el boato, de toda esa mediación que vía la pompa pone distancia entre el creyente, por un lado, y El Vaticano y la jerarquía. Fue lamentable el besamanos con que Benedicto XVI dejó Roma.

Hay que colocar a la Iglesia Católica ahí, donde está su razón, en dedicarse desde El Vaticano, junto al otro sufriente, a ayudar, a denunciar con verbo directo, claro, las injusticias, el poder… colocarla en línea con Cristo…