Lo que nos enseña la Novena Sinfonía de Beethoven

El misterioso comienzo de la Novena Sinfonía no tiene parangón: su punto de partida es la compenetración con el silencio. Como un viaje desde lo inaudible a lo audible, se despliega un recorrido personal en el cual debemos atravesar todo el peso de la historia para llegar finalmente a la consagración, a un futuro que solo es posible unidos.



Por Fabrizio Danei

Director de la Orquesta Sinfónica de la provincia de Río Negro

Este año se cumplen 250 años del nacimiento del compositor mas paradigmático del universo musical. Un universo que no se limita solo a los aspectos musicales relevantes (que por cierto están presentes en sus obras) sino que incluye a su figura humana en su totalidad, su personalidad y los altos valores morales que lo acompañaron a lo largo de toda su vida. Los aspectos sociales tan determinantes como la revolución francesa marcaron definitivamente el rumbo de la historia y él, cambió la historia del artista para siempre.

Nadie pudo quedar exento del influjo enorme que tuvo su música, en su época y en las generaciones siguientes. Ludwig Van Beethoven nació en Bonn (Alemania) 1770 y murió en 1827 en Viena donde permaneció desde joven. Creo una obra monumental cargada de intelectualidad, fantasía y con profundidad de pensamientos. Beethoven piensa y nos obliga a todos a pensar. Compuso siguiendo su inspiración mas allá del gusto de las masas, y paradójicamente, se transformo en el músico mas popular, comprendan su música o no.


En una angustiosa carta fechada en 1802, hoy considerada como el testamento de Heiligenstadt ( ciudad donde los médicos le aconsejaron retirarse para aliviar su dolencia) Beethoven confiesa por primera vez a sus hermanos su sordera y la razón de su aislamiento social. Un cruel destino para un músico, sin embargo, nada pudo silenciar el arte que emanaba de su espíritu.


La novena sinfonía es una obra que sintetiza el pasado y el futuro de la música. Durante toda su vida demostró interés en la Oda a la Alegría de Schiller y siempre quiso musicalizarla, pero jamas la utilizó hasta la Novena sinfonía estrenada en 1824. Para comprender el complejo pensamiento de Beethoven en la elaboración de ideas basta con leer una de las conversaciones con Louis Schlosser:


“Yo llevo mis ideas durante mucho, mucho tiempo antes de llevarlas al papel. En esto mi memoria me es tan fiel que estoy seguro de no olvidar un tema que haya concebido, incluso pasando años.
Cambio cosas, rechazo, intento de nuevo una y otra vez, hasta que estoy contento con el. Entonces empieza en mi cabeza la elaboración en altura y profundidad y puesto que soy consciente de lo que quiero, la idea básica no me abandona jamas; sube, crece, yo oigo y veo la imagen ante mi mente en toda su extensión , y entonces solo me queda el trabajo de escribir, que avanza rápidamente según el tiempo que pueda dedicarle”

El misterioso comienzo de la Novena Sinfonía no tiene parangón con las otras sinfonías del compositor. Su punto de partida es la compenetración con el silencio. Como un viaje desde lo inaudible a lo audible, se despliega un recorrido personal en el cual debemos atravesar todo el peso de la historia para llegar finalmente a la consagración, a un futuro que solo es posible unidos. El contenido simbólico de la Oda en su búsqueda de hermandad humana y profunda compenetración con el otro nos debe hacer reflexionar en estos momentos difíciles que atraviesa el mundo.


Quedarnos en nuestros hogares es cuidarnos como sociedad y esa responsabilidad nos hará mejores.


Desde la solidaridad, hoy mas que nunca, escuchemos la 9º Sinfonía de L.V. Beethoven deseosos de ese rayo de luz que la humanidad necesita.

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