Los ecos de una maravillosa canción en un viaje a Madrid

En "A la sombra de un león", Ana Belén y Sabina cantan y relatan cómo el interno 16 se escapa a la Cibeles para invitarla a bailar un vals. Ricardo Kleine Samson estuvo ahí y aquí comparte sus fotos y un emocionante relato.

Redacción

Por Redacción

…Y de repente escuché a alguien decir que aquella era la Cibeles… Y entonces, si lo era, aquel debía ser el banco central contra el que había chocado el taxista que, desprevenido, vio llorar a la Cibeles cuando, previo paso por doña Manolita, fue a besar e invitarla a bailar un vals el interno 16 que, disfrazado de enfermero y zapatos de payaso, se escapó de Ciempozuelos y se robó, de pasada, un anillo en El Corte Inglés, para luego, dormirse acurrucados, a la sombra de un león…

La Cibeles. Foto: Ricardo Kleine Samson

No me impresionó la arquitectura, ni el prolijo cuidado de sus edificios, ni su desproporcionada inmensidad, ni la historia que representan a los ojos del mundo, ni sus anchas avenidas, ni el hermoso cielo que me tocó en suerte, mucho menos los cientos de turistas de todo el mundo que se agolpaban a mirar el cuadro que ahora estaba recreando en mi corazón.

Turistas entre los madrileños en la cercanía de la Cibeles. Foto: Ricardo Kleine Samson

Ni los chorros de agua, ni los leones de la Cibeles, ni su inexpresivo rostro, es más, lo hubiese pasado inadvertido de pasada a la puerta de Alcalá. Todo Madrid es así. 

La Puerta de Alcalá. Foto: Ricardo Kleine Samson

Fue la maravillosa impresión, como nada en España pudo hacerlo, que me causó ver la escena de la Cibeles frente al banco central y la hermosa metáfora que cantan y relatan Ana Belén y Sabina en “A la sombra de un león”… porque, juro y perjuro que lo vi venir corriendo por allá, al amoroso payaso con su espada de madera que venía a besar a la Cibeles al tiempo que un agente lo venía, injustamente, a detener y no pude… no pude pararlo…

¡Qué belleza…!

Y fue cuando le agradecí a la vida, la suerte de haberme hecho un devoto de la Belén, del Nano, de Miguel Ríos, de Sabina, de Víctor Manuel, de Rosario Flores…

Panorámica de la Cibeles. Foto: Ricardo Kleine Samson

De sus poesías, de sus metáforas, de su música que, además de emocionarme tanto y tanto, me mostraron España de una punta a la otra en los miles, digamos millones de veces que los he escuchado. Y aun ahora canto cuando me ducho. Porque cantar es abrir, de par en par, la ventana… ¿Quiere escucharme…?


…Y de repente escuché a alguien decir que aquella era la Cibeles… Y entonces, si lo era, aquel debía ser el banco central contra el que había chocado el taxista que, desprevenido, vio llorar a la Cibeles cuando, previo paso por doña Manolita, fue a besar e invitarla a bailar un vals el interno 16 que, disfrazado de enfermero y zapatos de payaso, se escapó de Ciempozuelos y se robó, de pasada, un anillo en El Corte Inglés, para luego, dormirse acurrucados, a la sombra de un león…

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