Los historiadores abrieron su juego en Neuquén

Los más prestigiosos historiadores pasaron por Neuquén en el encuentro académico que este año organizó la Universidad Nacional del Comahue. Jornadas intensas, a las que el público respondió. Más de mil personas siguieran las exposiciones y debates. En el cierre, los panelistas Bonaudo (Universidad de Rosario), Luis Romero (UBA), Hilda Sábato (UBA), Julio Aróstegui (Complutense de Madrid) y Jorge Saab (La Pampa). Conclusiones.

Por Redacción

NEUQUEN.- «Dejamos de tener un diálogo con nuestra propia sociedad y privilegiamos el diálogo entre pares». La autora de la reflexión, la historiadora rosarina Marta Bonaudo, inició el panel de cierre de las VII Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia que se desarrollaron desde el miércoles en la Universidad Nacional del Comahue con éxito de público.

En un balance de la profesión durante los últimos años, el tono crítico hacia los profesionales de la Historia estuvo presente también en la ponencia de Luis Alberto Romero, que se preguntó «qué pasa con el conjunto de argentinos que nos paga y que en cierta medida necesita tener una versión de la historia».

El balance incluyó, no obstante, aspectos positivos del quehacer histórico en esta década como, por ejemplo, la gran producción de investigaciones y publicaciones que, favorecidas por el mercado editorial, alcanzaron divulgación masiva y ganaron un amplio público lector.

Las jornadas clausuradas ayer en Neuquén se realizan cada dos años en localizaciones alternativas, son organizadas por las universidades públicas nacionales y representan un espacio de intercambio, actualización y evaluación que valora buena parte de los profesionales de la disciplina.

Los panelistas invitados al cierre -Bonaudo (Universidad de Rosario), Romero (UBA), Hilda Sábato (UBA) y Julio Aróstegui (Complutense de Madrid), coordinados por Jorge Saab (La Pampa)- fueron convocados a reflexionar sobre «La historia y los historiadores ante el fin de milenio». Los locales optaron por considerar aspectos positivos y negativos observados desde el '83, cuando se realizó la primera jornada, hasta esta séptima.

También los organizadores hicieron su propio balance de esta edición, de la que advirtieron algunos desajustes que proponen revisar para el próximo encuentro (Ver aparte).

Con público hasta en los pasillos y las ventanas, la capacidad colmada del Aula Magna fue indicativa de la masividad que tuvieron estas jornadas cumplidas durante tres días en Neuquén.

Los panelistas argentinos coincidieron en destacar la importancia de estos encuentros como foro de debate y de actualización historiográfica, pero no eludieron dirigir una mirada autocrítica hacia el quehacer en relación con la sociedad.

La intervención de Bonaudo, calificada con humor por Romero de «pesimista y depresiva», empezó recordando la trama que enlazó lo institucional con la sociedad en los primeros años de la democracia y reconoció como resultado de esa relación que la disciplina alcanzó «tal vez como nunca un nivel de producción significativo». En una enumeración de «peros», dijo tener la sensación de que en los quince años posteriores no hubo capacidad de «arrastrar diferentes experiencias generacionales» y de que «la euforia de la recuperación democrática» partió de un diagnóstico falso que invitó a reconocer a sus pares.

Romero, coloquial y divertido, dijo coincidir con Bonaudo – «iba a decir lo mismo pero en otro tono», afirmó-, y subrayó la importancia profesional de los encuentros: «No tengo la menor idea si en el 2001 el mundo va a ser muy distinto que en 1999, pero sé que va a haber Interescuelas», sostuvo.

Su balance incluyó la abundancia de becarios del Conicet, la delimitación clara del objeto de estudio, la difusión «razonable» de la producción científica y la divulgación de la historia en libros de texto escritos por historiadores.

Tras Hilda Sábato, que habló del pasado como de «algo muy presente en una sociedad que ha perdido su fe en el futuro», la directora del departamento de Historia Gladys Varela clausuró las Jornadas.

Positivo balance de los organizadores

Un positivo balance de las Jornadas Interescuelas realizaron los organizadores locales Enrique Mases y Carlos Calderón, aunque señalaron la necesidad de analizar algunas correcciones para futuros encuentros.

La respuesta masiva de profesionales, investigadores, profesores y alumnos de Historia fue, a la vez que un elemento exitoso, un aspecto que complicó algunas actividades. Mases señaló, por ejemplo, los «desajustes» producidos en la abundante oferta de mesas generales y simposios, cuyas características particulares provocaron desproporción en la participación del público: las primeras son abiertas y generales, los segundos, más restringidos.

Para las próximas jornadas que se realizarán en Salta en el 2001, Mases propuso revisar este aspecto, debido a que el número de participantes aumenta progresivamente año a año.

Tuvo una evaluación optimista en cuanto a los avances historiográficos desplegados en las mesas de discusión y en los simposios, y resaltó que «no menos de 1.400 personas» circularon en estas reuniones los tres días del encuentro.

El número de ponencias, más de 600, fue otro aspecto que Mases identificó como un dato favorable, así como algunas mesas redondas de las que participó el destacado historiador Tulio Halperín Donghi. El decano de Humanidades Carlos Calderón habló también de la necesidad de revisar aspectos de las jornadas, y apuntó como ejemplo el destinatario: «Hay que ver si son para los jóvenes o para los popes», se preguntó.

Calderón destacó los aportes económicos que tuvieron estas jornadas y mencionó a la secretaría de Investigación de la UNCo, el banco Credicoop y el apoyo de los legisladores Oscar Massei (Frepaso) y «Pipe» Sapag (MPN).


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