Análisis: Los indecisos y sus límites

El pronóstico de la mayoría de los consultores que en las últimas semanas sondearon el clima electoral en Río Negro, concluyó que Juntos conservó holgura en el tramo final de la campaña. (Hubo uno, pedido por el FpV a un funcionario municipal de Roca, que asignó supremacía a Martín Soria).

Tras el fallo de la Corte que dejó fuera de carrera a Alberto Weretilneck, la ventaja que exhibía el oficialismo disminuyó unos cuantos puntos, pero tales votos migraron claramente hacia la indecisión. De todos modos, esos indecisos dejaron en claro: que critican la gestión macrista, y que un porcentaje no desdeñable de ellos no votaría por el exponente del kirchnerismo.

Pese a todo, se mantuvo la cómoda diferencia en favor de Weretilneck, lo cual indica que al gobernador parece haberle dado resultado la estrategia de no modificar la fecha tan cercana de las elecciones (buscando no diluir su impronta personal). También la táctica de representar una victimización por la “proscripción y despojo”, para después enarbolar la bandera de una fuerte pertenencia provincial que reniega de los intereses nacionales.

Pero más allá de sus declamaciones, el gobernador no podrá evitar la lectura y significación nacional que tendrá la elección rionegrina, como también la tuvo la de Neuquén, por más que no lo vieron así Omar Gutiérrez ni sus contrincantes.

En el plano nacional, la conducción de Cambiemos tenderá a interpretar una posible victoria de Juntos como un alivio, considerando que incluye a Weretilneck dentro de la grey de mandatarios más dialoguistas -por no decir afines-, y que no se tiene casi fe con las chances de su propia fórmula.

En igual sentido, una eventual derrota de Soria sería descifrada por dirigentes políticos, analistas y periodistas como el segundo fracaso consecutivo del kirchnerismo en las urnas, después de Neuquén. O el tercero si se incluye el retiro de la fórmula K de la compulsa de un bastión tan importante como Córdoba.

Si se confirmaran estos vaticinios, probablemente afloren en el PJ los primeros enconos internos, inducidos por el debate de si no ha sido un error táctico el apego incondicional de Soria al kirchnerismo. El intendente logró mantener la férula de su partido, y no hay dudas de que su objetivo es capitalizar la angustia económica y la decepción del votante de Macri. Pero treparse con entusiasmo al carro del cristinismo lo pone en riesgo de perder el capital que podría reportarle el electorado con inclinaciones a aplaudir su gestión y la de su padre, pero cuyo límite es el kirchnerismo, circunvalado de sobradas evidencias y testimonios de corrupción.

Soria, más allá de sus gustos políticos, parece no considerar el factor emocional de la decisión del electorado y el hecho de que un votante no kirchnerista busca la opción más apropiada para castigar los estilos que no digiere.

En tanto, las dudas que podrían habérsele presentado a Weretineck alrededor de las chances efectivas de una sucesora desconocida y de magros antecedentes políticos, parecen hoy disiparse a la luz de los sondeos.

Arabela Carreras logró instalarse desde la primera hora como descendiente natural y -pese a su inexperiencia- mostró temperamento. Por ello sorprende que el gobernador en sus últimos twits omitiera el nombre de su elegida, como si aún él mismo considerara que su inclusión lastra su movimiento.


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