Ormuz y la ilusión del superciclo: el shock es corto y el cambio permanente
El conflicto en Medio Oriente impacta de inmediato en los precios, trastocando el corto plazo global. Bajo las sombras de ese escenario incierto emerge un nuevo tablero geopolítico para la energía, en el que Vaca Muerta tiene una oportunidad histórica.
Por Gustavo Pérego (Abeceb)
A lo largo de la historia energética moderna, los grandes errores de interpretación han surgido de una misma confusión: tomar un shock por un cambio de régimen. Desde el embargo árabe de 1973 hasta la invasión de Kuwait en 1990, los picos del petróleo han sido leídos como el inicio de una nueva era. Rara vez lo fueron.
El episodio actual en el estrecho de Ormuz parece destinado a repetir ese patrón. La tensión entre Irán, Estados Unidos e Israel ha devuelto al mercado una prima geopolítica que muchos creían archivada. Sin embargo, no estamos frente a un mercado estructuralmente restringido, sino ante un sistema que reacciona a perturbaciones exógenas con movimientos bruscos pero transitorios.
El precio sube, sí. Pero no porque falte petróleo en términos estructurales, sino porque el riesgo ha reaparecido como variable dominante.
Ormuz, por donde transita cerca de una quinta parte del crudo global, es menos un cuello de botella físico que un dispositivo estratégico. No necesita cerrarse para volverse relevante. Basta con que sea incierto. Inspecciones selectivas, incidentes navales, amenazas calibradas, todo contribuye a un efecto acumulativo que encarece el tránsito y altera los flujos.
La consecuencia inmediata es un shock de precios. La más profunda, en cambio, es otra, es la reconfiguración de la demanda. Aquí conviene detenerse. Esto plantea un argumento incómodo para los entusiastas del petróleo caro : una disrupción del sistema no equivale a un mercado alcista sostenible.
El factor Ormuz introduce una nueva ecuación. No porque el estrecho esté cerrado, sino porque ha dejado de ser confiable. Y en energía, la confiabilidad pesa tanto como el costo.
El mundo actual, altamente endeudado y con crecimiento moderado, no puede absorber precios elevados por mucho tiempo sin destruir demanda. En otras palabras, los picos de precio son autolimitantes. El mercado reacciona con violencia, pero también con rapidez. Ajusta rutas, reconfigura contratos, reasigna proveedores. Y ahí es donde el verdadero cambio comienza a tomar forma.
Europa ya atravesó este proceso tras la ruptura con Rusia. Lo que parecía una crisis coyuntural terminó consolidando una transformación estructural en su matriz de abastecimiento. Asia, más dependiente de Medio Oriente, había permanecido al margen de esa lógica. Hasta ahora.
El factor Ormuz introduce una nueva ecuación. No porque el estrecho esté cerrado, sino porque ha dejado de ser confiable. Y en energía, la confiabilidad pesa tanto como el costo. El resultado es un desplazamiento gradual, pero persistente, de la demanda hacia otras geografías. América del Norte emerge como proveedor estabilizador. Brasil consolida su rol offshore. Y, de manera todavía incipiente pero cada vez más visible, Argentina entra en el radar.
Este proceso no implica un abandono inmediato de Medio Oriente. Sería prematuro sugerirlo. Pero sí introduce una lógica de diversificación que tiende a consolidarse. Lo que inicia como una respuesta táctica a un shock puede convertirse, con el tiempo, en un rediseño parcial del sistema.
Irán parece haber internalizado mejor que nadie esta nueva dinámica. A pesar de la presión militar y económica, el régimen no ha colapsado ni ha reducido su capacidad de influencia. Por el contrario, ha demostrado una notable capacidad de adaptación.
Su fortaleza no radica en la simetría con sus adversarios, sino en su habilidad para operar en la ambigüedad. No necesita una victoria convencional. Le alcanza con sostener una amenaza creíble. El poder de Irán reside en su capacidad para introducir caos controlado en un punto crítico del sistema global.
Ese rasgo lo vuelve, en términos estratégicos, antifrágil siguiendo a Taleb. Cada intento de contención no elimina el problema, sino que lo desplaza y, en ocasiones, lo amplifica. El régimen iraní sobrevive porque no juega el mismo juego.
El contexto global empieza a demandar lo que Argentina puede ofrecer: recursos abundantes en una jurisdicción relativamente predecible. Argentina no compite por ser el proveedor más barato. Compite por ser parte del conjunto de proveedores confiables.
Así, incluso frente a lo que podría interpretarse como victorias tácticas de Estados Unidos e Israel, la amenaza sobre Ormuz persiste. Y con ella, la prima de riesgo que alimenta estos shocks recurrentes. El mercado aprende. Y actúa en consecuencia.
En este contexto, la pregunta relevante ya no es cuánto durará el actual pico de precios, sino qué decisiones de largo plazo se están tomando bajo su sombra. Y es en ese punto donde Argentina encuentra una oportunidad que, esta vez, parece menos esquiva.
Vaca Muerta lleva años siendo una promesa geológica en busca de condiciones económicas. Ese desfasaje comienza a corregirse. No por una transformación interna aislada, sino porque el contexto global empieza a demandar lo que Argentina puede ofrecer: recursos abundantes en una jurisdicción relativamente predecible.
El (RIGI) introduce un elemento que había estado ausente durante décadas: horizonte. No elimina todos los riesgos, pero reduce la incertidumbre lo suficiente como para habilitar decisiones de inversión en el corto plazo. Y el corto plazo es decisivo.
Porque el pivot de la demanda ya está en marcha. No como un reemplazo total de Medio Oriente, sino como una diversificación que llegó para quedarse en parte. Cada shock en Ormuz acelera ese proceso. Cada episodio de incertidumbre refuerza la búsqueda de alternativas. Argentina no compite por ser el proveedor más barato. Compite por ser parte del conjunto de proveedores confiables.
Ormuz, no es solo una crisis. Es un catalizador. El shock de precios pasará. Pero las decisiones que se tomen bajo su influencia pueden perdurar. Y en ese desplazamiento silencioso de flujos, más que en el ruido del mercado, es donde se juega el futuro energético de países como Argentina.
Por Gustavo Pérego (Abeceb)
A lo largo de la historia energética moderna, los grandes errores de interpretación han surgido de una misma confusión: tomar un shock por un cambio de régimen. Desde el embargo árabe de 1973 hasta la invasión de Kuwait en 1990, los picos del petróleo han sido leídos como el inicio de una nueva era. Rara vez lo fueron.
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