Los Juegos Olímpicos de Invierno, olvidados en Argentina
Actualizado a las 11:50
TURIN (dpa) Por Daniel García Marco – Dinero, tradición familiar, azar y mucho sacrificio parecen los únicos elementos posibles para practicar deportes de invierno en Sudamérica, un lujo que sólo unos pocos se pueden permitir, olvidado por las autoridades y poco reconocido. Argentina, Brasil, Chile, Venezuela y Costa Rica estuvieron y están representados en los Juegos de Turín, una recompensa dada por el Comité Olímpico Internacional (COI) para unos deportistas sacrificados cuya meta no son las medallas, sino tratar de abrir un camino que el olvido y la falta de las mejores condiciones naturales hacen arduo y a veces intransitable.
«A mi padre le gustaba el esquí y nos llevaba a mi y a mi hermano a Argentina», dice a dpa la brasileña Mirella Arnhold, obligada a salir de un país donde el hielo y la nieve sólo se ven por televisión. El caso brasileño es una lucha contra los elementos en la que cada vez se dan más pasos. El gobierno brasileño está apoyando a los deportistas para que salgan fuera, según asegura a dpa Edson Menezes, jefe de la delegación «canarinha». El origen europeo de muchos de los atletas o matrimonios con gente de otros países con nieve han ayudado al crecimiento, que, sin embargo, aún resulta extraño en el país de la samba, la playa y el fútbol.
«En Brasil se nos trata como a extraños, no saben ni siquiera que hay equipo olímpico», lamenta Arnhold. En Argentina, hay condiciones como para hacer algo más, pero faltan los apoyos. Los Juegos de verano se llevan casi todas las subvenciones. «Faltan infraestructuras, no hay centros de alto rendimiento y las becas son escasas», apunta a dpa Cristian Atance, jefe de la misión argentina en Turín. «Hace falta un gran golpe», desea y da el ejemplo de lo que se espera en España con la esquiadora María José Rienda. Ese «golpe» rompería el círculo vicioso. «No hay presencia mediática, por lo que no hay inversiones privadas», explica Atance, que cree básico luchar por que las estaciones de nieve en Argentina busquen el desarrollo profesional y no sólo el turismo de ocio.
«Hay pocos entrenadores y pocos medios. Todo gira en Argentina alrededor de Buenos Aires y la montaña está lejos de la capital», apunta el esquiador olímpico Cristian Simari, un «privilegiado» al igual que sus hermanas por haber nacido en una familia vinculada al esquí en San Carlos de Bariloche. «En Europa esquiar es caro, pero en Argentina, tres veces más», die Simari sobre los problemas económicos que hay para esquiar ante «la falta de plata». El deportista también desea que haya ese «golpe», como el que supuso la irrupción de Guillermo Vilas en el tenis, «que pasó de ser un deporte de elite a construirse canchas en todas partes». Simari también critica el origen del actual «boom» del tenis en su país.
«Es espontáneo, como todo lo que pasa bueno en Argentina». «Es un provilegio y un esfuerzo. Los chicos lo practican hasta los 17 años, pero luego se van a la universidad porque no hay salida profesional», apunta otro detalle Macarena Simari. Ellos, entre otros, quieren ser un ejemplo para que se vea «que se puede llegar». La falta de ayudas es un tema recurrente, un factor que agrava los sacrificios derivado de largas temporadas lejos de los amigos «con los billetes contados» en busca del frío. «No sé si estaré en Vancouver 2010», dice el joven de 20 años Facundo Aguirre ante un futuro incierto. Si el esquí es complicado, el bob u otros deportes que requieren infraesturcuturas específicas son una utopía. En Chile, los problemas son los mismos, pese a que los Andes ofrecen mejores condiciones que en otros países.
«Es algo exclusivo, para las élites, menos accesible que en Europa», dice el chileno Maui Gayme. «Falta cultura deportiva», señala de manera genérica su compatriota Ducan Grob. Muchos de ellos estudian fuera, en Estados Undios o Europa, y allí empezaron con los deportes de invierno. Es el caso de los veteranos Werner Hoeger, de Venezuela con 52 años, y del costarricense Arturo Kinch, de 49. Viven en Estados Unidos desde hace años. Pese a su edad tienen ganas de seguir hasta Vancouver 2010, aunque Hoeger, que compite en luge, no lo va a hacer sin ayudas del gobierno. «No puedo permitirme con mi sueldo de profesor pasar otros cuatro años de sacrificios. Si no me ayudan, lo dejo», dice el único representate venezolano en Turín. Sólo Brasil ofrece una perspectiva de futuro esperanzadora en Sudamérica. Los deportistas reclaman, pero de momento predican en un desierto muy alejado de la nieve y el hielo.
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