Maduro, ¿qué será de ti?

Redacción

Por Redacción

Ríos de tinta. O un océano corre en procura de intuir cómo será el poschavismo. Bibliotecas a favor o en contra de ésta o aquella “verdad”. De esos torrentes se extrae, sí, una realidad. La sintetizó a horas de la muerte de Hugo Chávez un psicoanalista con gravitación intelectual en la tumultuosa Venezuela de estos tiempos. “El liderazgo carismático es difícilmente transferible”, dijo Alex Capriles. Y redondeó: • A falta de un liderazgo que pueda contener las fuerzas disgregadoras de la sociedad venezolana, dada la debilidad institucional del país, la inestabilidad obligará a la construcción de una nueva fuente de legitimidad. • Si algo caracteriza la espiritualidad latinoamericana es su sincretismo. No creo que haya límites claros entre religión y doctrina política. No importa que la pobreza continúe después del despilfarro de una riqueza petrolera nunca vista. El mito no tiene que ver con la realidad y Chávez será un mito con uso fundamentalmente político. ¿Qué es el delfín de Chávez –Nicolás Maduro– de cara a la vigencia de ese mito y la crisis socioeconómica del país que ya no despunta sino que es? Como mínimo, un hombre que contiene el aliento. Luego, es: • Un convencimiento de que no es precario su poder hacia el interior del bloque de poder chavista. Pero tampoco es un poder afincado en términos excluyentes en ese espacio. • Hoy le vale el dedo con que lo marcó el comandante antes de partir. El futuro de su poder es posible que no lo defina él, sino la dialéctica que con telón de crisis tendrán los tiempos por venir. Y cómo lo sienta, lo palpe el chavismo en ese trajinar. • No ignora tampoco Nicolás Maduro que el poder militar lo mira. Es fundamentalmente desde el Ejército, que partió hace 15 años la intensa construcción de poder que lideró Chávez. Garantía última y sigilosa de ese poder, el Ejército se cuadra de cara a Maduro. Pero para intuir la eventual conducta militar vale aquí también computar la dialéctica que tendrá la crisis socioeconómica. • El chavismo es una inmensa geografía cuyo activo protagonismo tuvo en Chávez su fogonero excluyente. No es un espacio permeable a la racionalidad, al matiz. Sí al dictado emocional fuerte, a la disparada furiosa de lo propio como lo absoluto. Chávez lo manejó con dosis industriales de histrionismo. Personalismo siempre en aras de extremos. De primeras personas paternalistas. Intimistas. Verbo rápido. Colorido. Demagogo en todos sus planos. Caldera de política en línea a confrontación y más confrontación. Nicolás Maduro se amasa políticamente en ese estilo. Pero Nicolás Maduro no es Hugo Chávez. Intenta, sí, mantener el discurso del comandante. Entonces, surge un interrogante: ¿Se atreverá de cara a los crudos días por venir que ya le están llegando a mudar aquel discurso y marcar diferencias en la forma de relacionarse con el chavismo y el país todo? Difícil, muy difícil. Está muy obligado por aquella matriz. Una cultura que entonces seguirá arruinando a Venezuela.

CARLOS TORRENGO carlostorrengo@hotmail.com


Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora