Maestros de la danza y de la vida



Un señor mayor hablaba a una platea colmada de jóvenes que lo escuchaban atentamente y, como el personaje del viejo Vizcacha, compartía con ellos consejos, atajos para vivir conforme a los tiempos, con grandes desafíos culturales que enfrentar, sin perder identidad, sensibilidad y humanidad. Hablaba del fuego sagrado, los sueños; mantenerlos aun cuando la piel se arrugue. Darle contenido a la vida y ser autor de su rumbo. Advierte no dejarse robar la libertad, haciendo uso del tiempo en lo que les motive. La felicidad no se encuentra en soledad, sino en la solidaridad con el otro, decía. “Gasten su existencia en favor de la causa humana, al servicio de su pueblo ¡y no para oprimirlo!” (José Mujica, octubre de 2019).

Ana Itelman.


El discurso de Mujica fue el de un maestro. Recuperando en su mensaje objetivos perdidos y poniéndolos en valor, redireccionándolos a una causa más humana y con conciencia social. ¿Cuántos maestros hemos tenido que, más allá de sus contenidos pedagógicos, nos hablaron de la vida y nos prepararon para ella? Sigo encontrándolos, aun cuando ya no están, a través de libros, relatos. Se desmorona aquella enseñanza tradicional coercitiva, de juegos de poder, moral y conducta. El conocimiento se construye en conjunto. Paulo Freire decía que “bailamos en el mundo de los conceptos y éstos se distancian cada vez más de los objetos concretos, cuya comprensión debería mediar”. Y si la teoría se aprende con la práctica debo mencionar a una maestra de maestras en la danza: Ana Itelman (Chile,1927-1989). Pionera de la Danza Contemporánea en nuestro país, quien se valió de lo concreto para crear imaginarios. Aportó una perspectiva progresista y plural del arte contemporáneo, donde luego de indagar por diferentes lenguajes halló herramientas en busca de construir una expresión personal. “Conocer lo ajeno para dar forma a lo propio”, dijo Itelman en 1956. Asumió su libertad con el lenguaje de la danza y la coreografía, incluso defendiendo su obra de la Censura en el gobierno de Levingston. Se rodeó de jóvenes con quienes compartió su conocimiento y de los cuales aprendió en su ejercicio artístico. “El arte no es cuestión de escuelas sino de artistas y maestros… si está bien hecho, será accesible a todo el mundo” (A. I. 1956). Los maestros nos hablan. ¿Seremos buenos receptores de su mensaje?

Por María Laura Balmaceda


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