Malestar en Bariloche por el avance privado sobre costas de ríos y lagos

Por Redacción

SAN CARLOS DE BARILOCHE (AB).- La entidad ambientalista «Comunidad del Limay» denunció el «constante avance del interés privado sobre las costas de ríos y lagos» y la incapacidad del Estado por garantizar el acceso libre a esos espacios recreativos.

La ong recordó días atrás el noveno aniversario del «abrazo al Limay», que quedó en la memoria de Bariloche y toda la región como el día en que 5.000 personas se reunieron en la costa del río para expresar su rechazo a la construcción de la represa Segunda Angostura.

«Ahora tenemos que seguir siendo miles para defender las costas de los lagos» aseguraron los referentes de la Comunidad del Limay luego de exhibir decenas de fotos que documentan la invasión de las playas con construcciones, muelles y alambrados particulares.

También relevaron la existencia de por lo menos 14 bajadas a la costa del lago Nahuel Huapi que figuran en el catastro municipal pero que en la realidad no están señalizadas ni abiertas al tránsito. Algunas de ellas son las ubicadas en el kilómetro 1 de avenida Bustillo, en Puerto Moreno, en Villa Llanquihue, otra a la altura de la residencia militar Quinchahuala, y una más junto al hotel El Casco.

José Gámez aseguró que los obstáculos para el libre tránsito por las costas surgen por la indefinición de la línea de ribera, de lo cual se aprovechan los propietarios de los terrenos linderos para adueñarse también del espacio público.

La Comunidad del Limay está acompañando un trabajo del Concejo para puntualizar la normativa relacionada con el uso de las costas lacustres.

Pero, según Gámez, los ediles «encontraron dificultades para acceder a los datos que deberían brindar los organismos públicos, por ejemplo la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas, que tiene registro de la crecida media ordinaria». Esa referencia, según la ley, es la que debe tomarse para fijar la línea de ribera y el límite de las propiedades.

La privatización de hecho de las playas es notoria tanto en el área céntrica como en las zonas más alejadas, donde existen verdaderas mansiones que aprovechan como propias las costas lacustres, cuyo acceso público es imposible.

Gámez subrayó que la imposibilidad de uso libre de las costas no está dado sólo por la ausencia de bajadas sino también por los obstáculos como alambrados, muros y muelles construidos en forma irregular, sobre los cuales no hay ningún tipo de control.


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