Manteca o cañones

Por Redacción

COLUMNISTAS

El épico relato del lanzamiento del satélite Arsat-1 un “100% argentino” alcanzó su clímax cuando Cristina Fernández afirmó: “Hace 10 años lanzábamos piedras, ahora estamos lanzando cohetes y satélites”.

Es necesario desmentir esa temeraria afirmación, rescatando datos omitidos. Los desarrollos aeroespaciales argentinos comenzaron hace 60 años. Durante la denostada década del 90 hubo nueve lanzamientos y están en órbita cuatro satélites.

La actual inversión nacional en infraestructura de telecomunicaciones es del 0,57% del PBI, la mitad de los porcentajes del “menemato” e inferior a lo que invierte Chile. Las quejas de los consumidores por los servicios telefónicos ocupan el primer lugar. En la Línea Sur los enlaces analógicos obsoletos incomunican pueblos por largos períodos, los plazos de instalación de la fibra óptica siempre se postergan.

En el lanzamiento del satélite Arsat-1 la improvisación ha sido la regla. Dos días antes de que venciera la prórroga otorgada por la UIT para no perder las órbitas adjudicadas, el 17 de octubre del 2005, la Argentina puso en órbita un satélite denominado Pueblo Peronista 1 (PP1) que el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, alquiló en Canadá a un costo de u$s 2,5 millones. Apenas 33 días después de su lanzamiento, el aparato dejó de funcionar y emitir señales para siempre. Ese artefacto, rebautizado como PP1, era originalmente el Anik E2, que giraba en la órbita venezolana desde su lanzamiento en 1991 y estaba fuera de uso, sin emitir señal, por haber sido alcanzado por una tormenta solar.

En el 2012, luego de varias postergaciones, pese a no disponer de cables ni antenas propias Arsat retuvo el 25% del espectro para dar servicios de telefonía móvil, una porción similar a la que tienen Personal, Movistar y Claro. Se creó la compañía de telefonía celular Libre.ar, cuyo eslogan era “Y los libres del mundo responden”. Sin poder crecer ni girar utilidades, Nextel y Unifón se retiraron del país. Actualmente el proyecto está desarmado y aquella frecuencia está siendo licitada entre operadoras privadas.

Cotidianamente transitamos la meseta patagónica sin cobertura ni señal para pedir una ambulancia frente a un accidente. En otros países como España, sin satélite “nacional propio”, el 70% de los autos que se patentan viene de fábrica con conexión permanente a internet aprovechando el 100% de cobertura disponible en su territorio.

La instalación de una Red Federal de Fibra Óptica de 55.000 km ya ha excedido todos los plazos y presupuestos sin estar operativa. El promocionado sistema gratuito Televisión Digital Argentina tampoco logra competir con las ofertas privadas. La millonaria “sala cofre”, desarrollada para que los diferentes organismos del Estado alojen sus bases de datos, no ha logrado que le entregue sus archivos ninguna de las grandes empresas estatales. El plan de radarización encomendado al Invap en el 2006 para que lo diera en el 2008, entregó en el 2014 el primero de los siete radares 3D encargados. Al respecto el ingeniero aeronáutico Ricardo Runza, quien trabajó durante años como asesor del Ministerio de Defensa de la Nación durante gestiones que incluyeron la de Nilda Garré, afirmó: “Es un plan irrealista que esconde negociados, poco rigor técnico y un operativo de corrupción fenomenal, esconde un negocio de $ 500 millones y la empresa Invap es la Schoklender de este tema”.

Ni los aplausos de los esforzados técnicos de Arsat de incierto futuro laboral después de triplicar su número, ni la publicación de costosas solicitadas de repudio a las críticas de la baja producción tecnológica útil, invocando la añeja afrenta cavallística de “ir a lavar los platos” impedirán que la prensa internacional nos ridiculice desmintiendo los portales oficiales, como ha hecho el diario de mayor tirada en España “El País” que afirma textualmente: “El Arsat-1 ha costado 190 millones (u$s 270 millones).

Desde el Ministerio de Planificación Federal se alaba el lanzamiento del primer satélite de comunicaciones “100% nacional” y se lo pone como ejemplo de un “nuevo modelo de desarrollo” basado en la tecnología y la investigación. “Diez años atrás pensar que los satélites podíamos hacerlos nosotros y no comprarlos al extranjero por medio de licitación era imposible. Hoy hasta hay proyectos para exportarlos”, dijo hace unos días Héctor Otheguy, gerente general de Invap…

Pero ni todo el Arsat-1 es argentino ni sólo Argentina ha participado en su desarrollo. Como sucede en la mayor parte de los casos en los que un país sin un fuerte arraigo en el sector espacial da sus primeros pasos, gran parte del satélite argentino proviene de otros países con tecnología más avanzada. Por ejemplo, la carga útil del satélite, es decir, todos los instrumentos tecnológicos que le permiten realizar su función, han sido fabricados por Thales Alenia Space, una empresa europea que fue licitada por Invap para esta tarea.

Lo mismo pasó con los sistemas de propulsión y el ordenador de a bordo, que han sido encargados a Astrium, una filial de la multinacional europea EADS. De hecho, la gran mayoría de los componentes físicos del Arsat-1 han sido fabricados fuera de la Argentina”.

No es políticamente correcto interrumpir la encendida euforia nacionalista diciendo que “la bandera tapa la mercancía” y que nos roban en el nombre de las más nobles causas como también ocurre con los planes sociales, la educación, los derechos humanos, etc. Pero es una obligación profesional y política manifestar que las prioridades tecnológicas están mal establecidas y peor ejecutadas.

“Los cañones son más importantes que la manteca, ¿qué prefieren?”, arengó Hermann Göring, lugarteniente de Hitler a la multitud hambrienta, que en respuesta aulló “cañones, cañones”. Entonces como ahora el discurso nacional- socialista estigmatizaba a los disidentes que critican la apelación emocional a la Nación que rinden secretamente a Chevron o Pescanova.

La empresa nacional Arsat y la provincial Invap afrontan acusaciones de la Auditoría General de la Nación sobre maniobras de triangulación con el fideicomiso venezolano, contrataciones directas, tercerización indebida y diversas irregularidades sobre montos cuantiosos. Río Negro, en tanto fija al Invap un presupuesto de $ 2.000 millones/año, mientras que la Nación sólo en el Arsat -1 le aportará $ 6.400 millones, también aportan millones la Anses, el Bice, el BNA, etc.

Mientras intentan vendernos espejitos de colores, aumenta la mortalidad materna e infantil, la desnutrición, la deserción escolar, cae el salario, suben la inflación y los despidos, faltan jeringas y bolsas de sangre en los hospitales. Asistimos a un festival de megasueldos, gastos reservados, contrataciones directas, reajustes retroactivos de costos, “legítimos abonos” sin entregas, empleados fantasmas, etc. dilapidando los recursos de un modo obsceno e inmoral.

Demandamos una política tecnológica vinculada con lo inmediato, concreto y necesario, condiciones para recuperar la inversión y el trabajo.

El Estado argentino debe garantizar la comida para los chicos desnutridos, atención de los bebés prematuros, ambulancias, jeringas y tubos de oxígenos en los hospitales. Mientras falte lo esencial, me niego a aplaudir otra aventura espacial como la del satélite meteorológico SAC-D Acuarius que lanzaron al espacio hace tres años y que no ha servido para predecir ni mitigar ninguna de las catástrofes ambientales y temporales que hemos padecido en la Argentina.

Es hora de dejar atrás los espejismos de la Argentina potencia, abandonar la ficción de “soberanía satelital ensambladora”, de la autoritaria pre-potencia mesiánica, para empezar a construir entre todos una Argentina modesta, esforzada, solidaria, justa, libre y soberana. Volvamos a preferir, como Serrat, la razón a la fuerza, la revolución a las pesadillas y al sabio por conocer que a los locos conocidos.

Javier García Guerrero

Ingeniero. Cd. MS en Política y Gestión de la Ciencia y la Tecnología. Ganador de la Beca por Concurso de Oposición del Rectorado UBA

Javier García Guerrero