Marchan en Neuquén a un año de la desaparición del joven
La movilización terminará frente a la Casa de Gobierno provincial.
NEUQUEN (AN)- A las 7 de la mañana del 14 de junio de 2003, Sergio Daniel Avalos, nacido en Picún Leufú hace 19 años, estudiante de la facultad de Economía de la UNC, ocupante de una habitación en la residencia universitaria, fue visto por última vez en el interior de un boliche bailable. Desde entonces lo buscaron por toda la capital, desde el aire con aeronaves, bajo tierra con sofisticados equipos técnicos, en el río con embarcaciones, en su pueblo, en ciudades vecinas, en otras provincias, rastrearon miles de llamadas telefónicas, investigaron el movimiento de ambulancias, taxis y patrulleros e interrogaron a centenares de personas, sin haber encontrado jamás el menor indicio. No se sabe dónde está, ni qué le pasó. No hay detenidos, ni siquiera sospechosos. Para reclamar su “aparición con vida” habrá hoy una marcha multisectorial que, con matices, promueve y organiza la Universidad Nacional del Comahue. La movilización partirá a las 18 del playón de la Universidad, bajará por la avenida Argentina hasta el monumento a San Martín donde se unirán otras organizaciones sociales y vecinos de Picún Leufú, continuarán hasta el monumento a la Madre y desde allí caminará hasta la Casa de Gobierno, donde se exigirán explicaciones al Poder Ejecutivo. No participará el padre del estudiante, Asunción Avalos, porque el gobierno le pagó un viaje hasta la Triple Frontera. El hombre está en aquella zona lejana, donde además tiene familiares, buscando a su hijo. Sí estará una de sus hermanas, Mercedes (ver aparte). Estaba previsto que al término de la movilización sesionara el Consejo Superior pero la rectora Ana Pechen ya anticipó que no participará porque no está de acuerdo con el lugar elegido. Su propuesta es que los representantes del Ejecutivo vayan a dar explicaciones a la UNC, y no que la casa de estudios se desplace hasta la sede del gobierno para pedirlas. Este primer aniversario de la desaparición de Sergio atrapa a los principales responsables de esclarecer el caso en un momento crítico: •La justicia tiene su imagen agrietada después de una serie de sentencias polémicas que dejaron impunes casos resonantes (Ruminot, Zarza). •La Policía está jaqueada por denuncias de aprietes a estudiantes y de corrupción en sus propias filas. •El gobierno provincial hace como si el tema no estuviera en su agenda ya que nunca lo menciona públicamente. Sin embargo, se cuida de darle a la familia Avalos todo lo que pida.
Pocas hipótesis
Aunque los investigadores insisten en que no descartan nada (ver aparte la entrevista a la fiscal Sandra González Taboada) en privado todos reconocen que la clave del caso Avalos sigue estando en el interior de El Fuerte-Las Palmas. El enorme complejo es un hoy caserón vacío allí cerca de donde la calle Primeros Pobladores se une con la ruta 22. Por una serie de conflictos con la municipalidad, sus dueños lo cerraron y pusieron en venta. A ese boliche fue Sergio con cuatro amigos la madrugada del 14 de junio del año pasado, y nunca más se supo de él. No hay pruebas de que haya salido, pero tampoco de que le haya sucedido algo en el interior. Un documento reservado que circula entre los investigadores resume todo lo que se hizo para buscar una pista que nunca apareció. Allí se mencionan, por ejemplo, la serie de inspecciones judiciales al boliche (con peritos de la Policía y de Gendarmería) que permitieron hallar manchas de sangre que no se correspondían con Sergio. “Si le hicieron algo adentro, no sangró”, dijo una fuente. Con un sofisticado equipo llamado geo-radar lo buscaron bajo los pisos del local. La ciudad fue sobrevolada en avión y helicóptero, y los ríos rastreados en embarcaciones. Los investigadores también le tomaron declaración varias veces a todos los encargados y empleados del boliche, buscando contradicciones que no se produjeron, y a los clientes que pudieron localizar. Allanaron las viviendas particulares del personal de seguridad (policías y militares), revisaron sus automóviles, sin hallar nada. Igual de desalentador fue el resultado de inspecciones en terrenos baldíos y en el interior del Batallón de Ingenieros de Montaña 6. Rastrearon todos los incidentes ocurridos esa y otras noches en el interior de El Fuerte, y ninguno tuvo vinculación con la desaparición de Sergio. Los movimientos de ambulancias y patrulleros fueron reconstruidos, y tampoco aportaron pistas. También lo buscaron en otras provincias, siguiendo información aportada por diversos testigos, y cada vez que apareció un cuerpo en algún lugar del país se puso en alerta un operativo especial (el último fue hace pocos días). Todos los magistrados de la provincia están sobre aviso: si aparecen restos en su jurisdicción, deben informar de inmediato a la fiscal González Taboada. Ella viajará de inmediato, con un equipo de criminalistas. Hubo además diligencias menos conocidas. Por ejemplo, fueron rastreadas todas las llamadas telefónicas que se hicieron esa madrugada en la ciudad. Y nada. Consultado por este diario, un investigador razonó en voz alta: “Creemos que del boliche no salió por sus propios medios. Supongamos que vio lo que no debía, le hicieron algo, pero tuvo que ser algo que no lo hizo sangrar, lo subieron a un auto y lo sacaron de la provincia. Es una hipótesis posible, pero sigue sin responder las preguntas fundamentales: ¿dónde está, quién lo hizo? Si nadie habla, vamos a seguir encerrados en este callejón”.
Nota asociada: «No se fue voluntariamente» «Ni siquiera tenemos dónde ir a llorar» Opinión: «Pedimos por la seguridad integral»
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