Marcos Lopez y una muestra con sabor a desafio

Por, Oscar Smoljan Director del Museo Nacional de Bellas Artes Neuquén

Por Redacción

APUNTES DE LA CULTURA

Con su muestra “Debut y despedida. Obras 1978-2012”, que se presenta en la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta, el fotógrafo Marcos López (Santa Fe, 1958) asume, al tiempo que también nos propone, un desafío. Una toma de riesgos, un salto al vacío, enfrentar lo inesperado que viene con lo nuevo.

En esta singular e inédita retrospectiva, el artista deja de lado la fotografía, disciplina que le ha dado en estos años un seguro sitial entre los mejores de América latina, para abrirle al público el lado oculto de su creatividad, la otra cara de su luna.

Hay en esta muestra instalaciones, esculturas, dibujos, acuarelas, acrílicos y pósters intervenidos fruto de los últimos 34 años de trabajo del autor, inspirados en temas tan diversos como personales en la vida del creador, desde los parques de diversiones y circos de provincia, la feria agrícola de su provincia natal, una kermesse o la babilónica Plaza Constitución de Buenos Aires.

Marcos López se arriesga en esta muestra a lo nuevo, conciente de lo inestable que es la realidad, de lo efímero de los dogmas preestablecidos, de la finitud de la vida y en ese camino no teme a los prejuicios que sobre su obra se ciernan. Categórico, en una reciente entrevista sostuvo que “el complejo de inferioridad de la fotografía frente a la pintura existe” tras lo cual sentenció desafiante: “¿Quién dice qué esta bien y qué está mal en pintura?”.

Por eso este abanico de propuestas multidisciplinario, donde el artista investiga y prueba, con éxito, los lenguajes alternativos a la cámara, ese artefacto inventado por el hombre para congelar la historia para la posteridad.

López no teme en explorar otros mundos como la pintura, a la que desacraliza sin perderle el respeto y sin dejar a un costado esa estética que lo hizo único en la fotografía, esas composiciones casi teatrales, con ese fuerte sabor latinoamericano, entre barroco y psicodélico con trazos del mejor Berni surrealista.

Este riesgo que asume Marcos López no suele verse todos los días en el mundo del arte. En general los artistas consagrados tienden a mantenerse firmes en esa posición que les ha dado relevancia y prestigio en el mundo del arte, son raros los golpes de timón. Cambiar de caballo en medio del río indómito no suele ser lo corriente en el arte o en cualquier disciplina.

Pero López se arriesga y declara su guerra al conformismo y el adocenamiento, yendo en contra, incluso contra lo que lo llevó al lugar que hoy ocupa. Hay aquí osadía pero también mucho coraje.

Un desafío que el artista sortea con eficacia y gallardía y que también nos propone hacer lo propio en nuestras vidas. Siempre se puede volver a empezar si la curiosidad y el talento van de la mano y así lo demuestra Marcos López en su exposición.


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