Marta Minujín, una artista única

Su retrospectiva podrá verse en noviembre.

Redacción

Por Redacción

“Sólo creo en la buena suerte, no creo en la mala”, define, contundente, Marta Minujín.

PAULA GINGINS

pgingins@rionegro.com.ar

Detrás de sus clásicos lentes espejados, esta artista verborrágica que rompió convenciones, habla como una catarata, a una velocidad que parece no tener freno (quizás como su producción).

Mientras el MNBA comenzaba a colmarse de público dispuesto a escuchar su conferencia (tanto que los organizadores debieron agregar una pantalla gigante para quienes quedaron fuera del auditorio), la artista recibió a “Río Negro”.

–¿Qué te trae a Neuquén?

–Presentaré una retrospectiva, similar a la del Malba, pero no con todas las obras porque hay que traer todo y es complicado pedirlas. Son 30 años, del 60 al 90. Pero la obra de las cenizas (del volcán Puyehue) es actual. Vamos a mechar. Habrá otras actuales, como “Rayuelarte”, que estará en video.

–¿Cómo es presentar tres décadas de trabajo?

–Hoy como ayer y como mañana. Es el presente, siempre. Mi arte es atemporal. Puedo hacer un colchón, una escultura, un happening, una instalación, una performance… porque el arte contemporáneo es así. En mis obras voy y vengo, voy y vengo. Vivo en presente continuo. En cambio, si agarrás a un artista del siglo XVIII hay una evolución. Empiezan con la naturaleza muerta y rompen y rompen hasta que llegan a sí mismos. En cambio ahora, llegás a una conclusión y no hay marcha atrás ni marcha adelante. Tu carácter va haciendo tu obra, tu yo. Es mucho más importante ser quien esencialmente sos y no ser un “buen artista” –y marca la comillas en el aire–. Prefiero ser la primera y no ser la mejor, porque eso implicaría compararme. Nadie puede decir si “El Obelisco de pan dulce” es una buena obra de arte, porque no hay otros en el mundo. El gran arte tiene que ser único.

–En esto de ser única, ¿qué artista sos? ¿Te define eso de “la artista pop local”?

–Y, una artista que rompe todo, que rompe los conceptos, que desestructura. Tuve la suerte de trabajar con Alberto Greco, mi gran amigo, que decía “sólo es cierto aquello que inventamos”. Y todo es relativo, el éxito y el fracaso son relativos. Los “transfracasados”, como me considero, sabemos que más allá del fracaso hay mucho que hice y mucho que no hice. Siempre tenemos un desafío pendiente.

–Hablabas de lo relativo y lo subjetivo. ¿Cómo incorporás que alguna gente adore lo que hacés y otra no tanto?

– Sólo tomo lo de “me encanta, lo adoro” (risas). Lo otro no lo veo. Sólo creo en la buena suerte, no creo en la mala. Creo en la buena onda y se produce sola. Si hay mala onda, desaparezco. Voy a Corea, no sé hablar en coreano, me comunico no se cómo e hago una escultura gigante ahí. Lo encontré [a su arte] a los 16 y seguí. Nunca voy a dudar si mi obra es buena o mala. Jamás.

¿Con qué se va a encontrar el público cuando expongas en noviembre?

–Va a ser más bien didáctico, porque van a empezar con las primeras obras, va a estar armado en salas temáticas, también por épocas; habrá pinturas, esculturas, dibujos, fotografías, videos… todo muy variable.

–¿Durante cuánto tiempo permanecerá en el MNBA?

–Dos meses, desde principios de noviembre hasta la primera quincena de enero. Quiero traer el Faulkner y meterlo acá adentro, pero no se va a poder (risas). Una obra, “El fenómeno de la resonancia”, desde hoy va a quedar acá. Quiero dejar una obra en cada provincia del país.

Marta Minujin en el MNBA Neuquen


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