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Martín Soria, un intérprete de Cristina para pasar a acciones concretas

Cristina Fernández y Martín Soria, cuando la entonces presidenta visitó General Roca.

Un cargo tan sensible en el contexto de la embestida de Cristina Kirchner contra la Justicia federal y, en particular contra la Corte Suprema, requería del tiempo que fuese necesario y mucha precisión sobre el candidato más funcional a esas estrategias.


El propio Alberto Fernández ha intentado despistar cuando buscaba rotular a Martín Soria de antikirchnerista (“Hasta lo que yo recuerdo Soria siempre estuvo enfrentado a los Kirchner”, dijo en C5N cuando parecía hacer un casting por la sucesión de la “renunciada” Marcela Losardo). También el condenado exministro de Planificación Julio De Vido tachó a Soria de anti-K al recordar con furia cuando la hermana de Martín votó un desafuero que marcó el inicio de sus desgracias.


Aun con esas tácticas de desorientación, se sabía que la decisión la debía tomar Cristina Fernández, no el presidente como es mandado a hacer. Y que debía elegir a un espadachín consustanciado con la siembra de teorías del lawfare; alguien que no tuviera pelos en la lengua para fustigar a jueces, políticos o periodistas (un estilo que Soria mamó del “Gringo”, su padre).


Martín Soria ha hecho suficientes méritos para el cargo que inaugura. Ha sido firme impulsor de denuncias contra la “mesa judicial de Mauricio Macri”, apuntando contra el presidente de la Cámara Federal de Casación, Gustavo Hornos. Se metía nada menos que con el máximo tribunal penal del país.


En estos tiempos de contienda electoral Soria se asume muy bien entrenado
. Con Macri como blanco predilecto, claro.


Ya venía haciendo juego con los intentos de Cristina para quitar del medio a los jueces Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi, que investigaron en la causa de los “cuadernos de la corrupción”. Soria, rápido de reflejos, hizo notar que en 2018 Cambiemos “presentó un proyecto para que el expresidente Macri pudiera trasladar jueces sin acuerdo del Senado”. La justificación exacta para señalar que la vara debía ser la misma.


Soria también denunció ante el Consejo de la Magistratura al presidente de la Cámara Federal Martín Irurzun, catalogado por el kirchnerismo como autor de la doctrina que permitió encarcelar funcionarios K durante el macrismo.


El periodismo también ha sido blanco de Martín Soria y, en el terreno que más le interesa a la vicepresidenta, venía inscribiendo al columnista de La Nación Joaquín Morales Solá dentro de un “entramado de complicidad medios-políticos-periodistas” (junto a Macri y Ricardo Lorenzetti).


Frente a tales méritos, parece evidente que no hay otra espada filosa que -ahora desde el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos- pueda hacer honor al “cambio de actitud” exigido por una vicepresidenta cansada de “funcionarios que no funcionan” y apremiada por causas judiciales que la tienen como protagonista junto a sus hijos.


Un exégeta que le permita obtener logros concretos para “transformar” de una vez a una Justicia “podrida, perversa y en los márgenes del sistema republicano”, sin rubores por intromisiones en un poder independiente.


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