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Más Estado, mayor corrupción

El escándalo de las coimas en la obra pública salpica a grandes empresarios y deja a la vista la impunidad política.



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Coimas. La característica distintiva en la obra pública K.

Parece ser que algo está cambiando en nuestro querido país. Por primera vez aparecen escritos los nombres de quienes pagaron y recibieron coimas. Las declaraciones de Carlos Wagner, expresidente de la Cámara Argentina de la Construcción y de Claudio Uberti, exfuncionario K, avalan los mencionados registros.

La corrupción mata. El saqueo a las arcas públicas, equivale a miles de millones que dejaron de asignarse a infraestructura vial, obras para paliar inundaciones o a los ferrocarriles, entre otros. Las consecuencias: muertos en las rutas, en las inundaciones de La Plata o en la tragedia de Once.

Resulta fundamental entender la relación entre economía y corrupción. Enrique Ghersi, economista peruano, plantea que “el intervencionismo genera dificultades para vender facilidades”. Cada ventanilla burocrática que puede pedir un “peaje” es el caldo de cultivo de la corrupción”.

Ejemplo, las DJAI, un esquema que requería de un funcionario público que autorizara el retiro de mercaderías de la aduana. Hay empresarios de la región a los que se les pidió una coima para obtener dicha autorización.

La corrupción no está en nuestro ADN, se ha visto favorecida por la arbitrariedad y el abuso del poder gubernamental. Más Estado, mayor corrupción.

No es casualidad que los mayores niveles de corrupción de la historia argentina se hayan dado en un contexto de fuerte intervención del Estado en la economía. Es por ello que también muchos adhieren en forma interesada al estatismo: es un gran negocio para vivir parasitando a costa del sector privado productivo.

Hay que diferenciar a los empresarios genuinos, que invierten y arriesgan su patrimonio, de los cazadores de privilegios, que ganan dinero por su cercanía con el poder político.

Dos estudios empíricos reflejan esta relación: el “Índice de Libertad Económica” (Wall Street Journal y Heritage Foundation) y el “Índice de Percepción de la Corrupción” (Transparencia Internacional). Los países con mayor grado de libertad económica tienen los niveles de corrupción más bajos (Hong Kong, Singapur, Nueva Zelanda, Suiza, Australia).

La propuesta es más libertad económica para minimizar las posibilidades de corrupción.

Todo esquema económico se desarrolla en un marco institucional. Por ello es fundamental respetar la división de poderes y mejorar la eficacia de la Justicia. El 92% de las causas de corrupción de los últimos 20 años no llegaron a juicio, según una auditoría realizada por el Consejo de la Magistratura sobre todos los expedientes en los tribunales de Comodoro Py. Es indispensable además, transparentar las licitaciones y modernizar la Ley de Obra pública.

La figura del arrepentido y la ley de responsabilidad penal empresaria representan un avance en este sentido. A su vez, nuestra responsabilidad como sociedad civil debiera ser la tolerancia cero con la corrupción.

Como señala mi colega Carlos Mira: “(...) una de las lecciones que debiéramos extraer de esta novela espeluznante, es que solo la libertad, la competencia, la integración mundial y la economía libre, reducen las posibilidades de que un conjunto de hampones a cargo del Estado se roben el Tesoro Público”.

Para terminar. ¿Cómo estamos en nuestras provincias, en cuanto a niveles de transparencia (o corrupción) en la contratación entre gobierno y empresarios proveedores del Estado?

Es indispensable transparentar las licitaciones y modernizar la ley de Obras Públicas. Como sociedad, tolerancia cero con la corrupción.

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Es indispensable transparentar las licitaciones y modernizar la ley de Obras Públicas. Como sociedad, tolerancia cero con la corrupción.

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