Más que un papelón
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Ni su repercusión mundial ni la trascendencia deportiva que le valió la exagerada calificación del “partido del siglo” lograron proteger al River-Boca del estado de corrupción y vandalismo crónico que afecta al fútbol argentino hace años.
Barrabravas, que se identifican como custodios de la identidad del club, aprovechan para sus negocios ilegales vinculados al narcotráfico, reventa de entradas, estacionamientos y similares delitos consentidos por dirigentes de clubes y de la política, a quienes les sirven como fuerza de choque, con la vista gorda de policías y sectores de la Justicia, con un poder tal que les permite paralizar un partido como éste. También la sociedad tiene su cuota de responsabilidad por la tolerancia con la intolerancia y los intolerantes.
Frente a este papelón mayúsculo, Macri a las apuradas anuncia el envío de una ley para sancionar a los barrabravas y sus prácticas delictivas como si el problema fuera sólo de un vacío legal. Bueno es recordar que en 1985, a raíz de la muerte de Adrián Scaterra de 14 años en el partido Independiente-Boca se sancionó la ley 23184, llamada ley De la Rúa por su autor; en 1993 por la 24192 se agravaron sus penas y 2008 se modificó, disponiendo la prohibición de ingreso a los estadios. No faltan leyes, lo que falta es la decisión política para erradicar esta lacra y devolver al fútbol al lugar que debe tener como deporte y juego placentero. La FIFA está integrada por 210 países, y sólo en uno no van a la cancha los hinchas visitantes: Argentina. “Tal vez es hora de entrar al tema en serio, con bisturí y, de ser necesario, con una motosierra”, sostiene Mariana Conde, investigadora de la UBA (“Hinchadas”, Ed. Prometeo, Pág. 34).
Carlos Segovia
DNI 7.304.065
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