“Matarán más, pero lo lograremos”
reportaje
JABAL SHAHSHABU.- Con disparos de Kalashnikov, gritos y risas histéricas, los rebeldes de Jabal Shahshabu, en el centro de Siria, celebraron ayer alborozados la muerte de varios jerarcas del régimen de Bashar al Assad en un atentado en Damasco. “¡Allahu Akbar! (Dios es grande)”, grita desgañitado un combatiente que dice llamarse Abu Hasan, al ver en la cadena de televisión Al Arabiya el anuncio sobre las víctimas, entre ellas el ministro de Defensa, su viceministro y el jefe de la lucha contra la rebelión. El muchacho, de unos treinta años, está exultante pese a que no puede caminar, ya que su pierna fue acribillada de balas hace unos meses. En esta zona escarpada, donde se pueden apreciar los pueblos sunnitas esparcidos por la falda de la montaña, resuenan los gritos y los disparos al cielo en señal de alegría. Los tiros cesan rápidamente, porque la munición escasea. Y las explosiones regulares, más o menos cercanas, recuerdan que las fuerzas del gobierno no dejan de bombardear la zona desde hace dos semanas, con una mayor frecuencia en los últimos días. Abu Sliman, un cabo que desertó a finales de 2011 porque “no soportaba seguir disparando contra los civiles” en las manifestaciones antirrégimen, luce una sonrisa radiante y dice: “¡Es maravilloso! Esperábamos ayudas del extranjero, armas para liberar el país, y al final lo vamos a conseguir”. Desde el domingo, los rebeldes y el ejército regular libran intensos combates en Damasco. Y las tribus sunnitas de la región, históricamente refractarias al poder central y ahora rodeadas por los tanques y la artillería de las fuerzas gubernamentales, ven ya a Bashar al Assad en la tumba. Hacia las tres de la tarde vuelven a escucharse gritos de alegría. En la radio de los rebeldes, el comandante de un grupo de combatientes anuncia que han desertado los soldados de un retén militar cerca de Jan Sheijun, una ciudad de 50.000 habitantes situada a 20 km de donde se producen combates desde hace meses. “Hay por lo menos cinco tanques, cincuenta soldados, ametralladoras pesadas, cohetes antitanque, fusiles, fusiles con mira telescópica, Kalashnikov, municiones”, enumera extasiado Abu Hashem, de 28 años, con su radio de la que no paran de emanar gritos de júbilo. “Si Dios quiere, el régimen reventará. Nos bombardeará con todo lo que tenga, eso seguro, matará más que antes, pero lo conseguiremos”, añade este joven rebelde de barba negra y larga. (AFP)
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