Mempo Giardinelli vuelve a la ficción

El escritor Mempo Giardinelli editó “La última felicidad de Bruno Fólner”, su primera novela en once años. En ella el autor chaqueño habla de los sinuosos entresijos de la identidad.

Redacción

Por Redacción

Literatura

La fuga, el amor, la culpa, la literatura, el paso del tiempo, son temas que se deslizan en la novela “La última felicidad de Bruno Fólner”, de Mempo Giardinelli, quien luego de una pausa de once años vuelve a la ficción con una trama en la que el protagonista deja atrás su identidad en el intento de descubrir si puede ser otro.

“-¿Nombre?/- Bruno Fólner -dijo y sintió en el acto una oscura satisfacción. Acababa de inventarse”, se presenta el personaje que intenta una transformación radical a lo largo de todo el relato aunque hay una mochila que lo une al pasado y también un presente que se superpone, y lo hace diferente a quien era cuando llegó a ese pequeño y colorido pueblito brasileño.

Giardinelli es escritor y periodista. Nació y vive en Resistencia, Chaco, Argentina. Exiliado en México entre 1976 y 1984, a su regreso fundó y dirigió la revista “Puro Cuento”; su obra literaria está traducida a 20 idiomas y entre otros galardones recibió el Premio Rómulo Gallegos 1993. Entre sus novelas figuran “Luna caliente”, “La revolución en bicicleta”, “Santo Oficio de la Memoria” e “Imposible equilibrio”.En una entrevista con Télam, en la sede de la editorial Edhasa, Mempo cuenta: “La novela nació de la idea de la fuga que me fascina y está en varios de mis cuentos y ahí aparece siempre Brasil, esa frontera protectora pero salvaje”.

– ¿Qué otros elementos se conjugaron?

– Creo que tuvo que ver también con cierta moda del género negro, que no me termina de convencer y hay acá una pequeña intención contestataria, pero no porque yo vaya a contestar nada. Hay en la novela otra perspectiva de la muerte, donde el crimen es dudoso que sea crimen. Quizás desde el punto de vista del Código Penal sí, es condenable, pero entran a jugar otros factores que son morales, afectivos, familiares, que tienen que ver -esta novela la empecé hace cuatro años- con el tema de la muerte digna, muy actual, muy instalada. Y se mezclaría ahí la última oportunidad vital del protagonista y la culpa.

– La literatura como tema también irrumpe muy fuerte ¿Tuviste esa percepción?

– Yo intenté que en la novela lo literario siga siendo central. Autoralmente yo entro en el narrador en primera o tercera persona, y me gustó porque eso es producto del trabajo de la literatura. Por un lado está el contar la historia, hice un borrador precario, lo tuve bastante tiempo, no terminaba de redondearse, me dio mucho trabajo.

Y después soy muy obsesivo, trabajo con una colección de diccionarios y todo lo voy rechequeando. Tiene que ver con una costumbre, soy un lector, creo que bastante competente, aprendí con Juan Filloy -uno de mis maestros- que decía: todo adjetivo o todo verbo debe ser gravitacional, y eso da mucho laburo, es la orfebrería literaria.

– Estuviste mucho tiempo sin publicar ¿tiene que ver con el ritmo de tu escritura?

– Estuve once años sin publicar una novela, desde “Visitas después de hora”; fue muy duro, tuve que aguantar mi ansiedad, mi frustración. De hecho escribí cuatro y ésta es la única que se salvó hasta ahora. Una la anulé y tengo otras dos que saldrán en algunos años, no tengo idea, yo voy despacio.

– Algo que irrumpe en esta historia es el paso del tiempo, una especie de tamiz donde queda lo esencial…

– Y se requiere de tiempo para ese trabajo. Yo soy muy lento, cada vez más … habré perdido esa hermosa irresponsabilidad juvenil, yo escribí “Luna caliente” en un mes.

– ¿Tenías toda la historia cuando empezaste a escribir?

– No para nada, lo único que estuvo en todo momento fue matar por amor y huir: ése era el núcleo, yo quería contar eso. A partir de ahí no sabía qué iba a pasar.

– Esa misteriosa mujer, vestida siempre de blanco. Puede ser producto de la fantasía o la presencia de la muerte…

– Absolutamente, es fantasmal. Existe o no existe esa mujer, es la muerte que viene, es una mujer que esta ahí con su historia, es el último amor, la última felicidad. Se encuentran en una playa y uno podría decir: esto es real. No, todo es difuso. Yo querría que la novela se leyera como si hubiera un pasillo largo donde pasan las cosas pero no lo ves con grandes luces ni grandes oscuridades, el lector lo ve a través de unos velos adelante, detrás de la cortina de esta historia.

– Hay una impronta tan tuya en el personaje …las libretitas Moleskine….

– Sí, la Moleskine roja, la Parker para escribir con tinta -no me des una birome- soy antiguo, hay una recuperación de la literatura a través de ciertos rituales, la idea de la creación como un acto solitario.

– ¿El lugar donde se desarrollan los hechos lo inventaste?

– Una vez estuve ahí hace muchos años y la descripción de ese pueblo es real, para mí fue muy fuerte.

La última felicidad tiene que ver con ese mar, con esa playa, con ese pueblo. Y también es muy literario, no quise hacer un Brasil folklórico. Y los dueños de la posada donde se queda Bruno son personajes muy brasileños, una escritura ácida por momentos pero muy placentera.

Mora Cordeu


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