Cómo elegir el perfume ideal para regalar a la persona favorita

Se acerca San Valentín y una fragancia es un muy buen obsequio. Pero, ¿si no le gusta? ¡Mirá estos tips para no equivocarte con tu elección!

Foto IA

¿Le gustará o no le gustará? ¿Preferirá una fragancia fuerte o una suave? Regalar un perfume en San Valentín es una muy buena elección, ¿pero quién dijo que fuera una tarea fácil? Lo principal es confiar en el olfato de uno y tener muy presente cómo es esa persona a la que deseamos comprar la fragancia. Así que seguí estas claves de Nina Lamaison, especialista en fragancias, creadora de perfumes que conectan aromas, emociones y recuerdos, que ayudan a encontrar el perfecto para sorprender (y emocionar).

1) Pensar en quién lo va a usar

El primer paso es dejar de lado el gusto propio y enfocarse en la otra persona. ¿Es romántica o más relajada? ¿Le gustan los aromas suaves o prefiere perfumes intensos? ¿Es clásica, moderna, sensual, fresca? Un perfume ideal no “se impone”: acompaña la identidad.

2) Mirar las familias olfativas (y lo que comunican)

Las familias olfativas son una guía fácil para elegir con intención:
Florales: románticos, delicados, femeninos.
Amaderados: elegantes, sofisticados, con presencia.
Orientales: intensos, sensuales, envolventes.
Cítricos: frescos, livianos, energéticos.
Gourmand: dulces, cálidos, reconfortantes.

3) Elegir según el tipo de vínculo

No es lo mismo una relación que recién empieza que un amor de años. En vínculos nuevos suelen funcionar fragancias más sutiles, “de piel”, fáciles de llevar. En historias largas, se puede apostar por algo con más carácter, porque el perfume se vuelve un detalle íntimo, personal.

4) Tener en cuenta el plan de San Valentín

Si el regalo está pensado para una cena o una noche especial, los aromas más envolventes (orientales, amaderados) suelen ser grandes aliados. Para un plan diurno, en cambio, funcionan mejor las fragancias frescas, limpias y luminosas.

5) Buscar una fragancia que deje recuerdo

Un perfume no es solo un objeto: es una memoria. La fragancia correcta queda asociada a ese momento y vuelve cada vez que se usa. Por eso, cuando el perfume está bien elegido, se transforma en un regalo emocional: un “te pensé” que dura en el tiempo.


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